Organizado por Pausa, revista Crisis, el Instituto 12 y la APSF, se puso en marcha el ciclo "Disidentes" en una sala colmada hasta el pasillo. Frente a la inundación de fake news y el uso oficial de la desinformación como estrategia bélica, Mario Santucho, Jazmín Tesone y Cora Gamarnik desarmaron los engranajes de la comunicación contemporánea.
Afuera, la tarde noche santafesina lloviznaba paciente y persistente, desagotándose sobre el asfalto de calle 9 de Julio. Adentro, en el piso cuarto del Instituto N° 12 "Gastón Gori", la temperatura marcaba otro clima, agradable, cálido, atravesado por ese calor fervoroso de una comunidad a la que la temática de la jornada no solo le interesa, sino que le calienta en el sentido más llano de la palabra; le preocupa, le quema la cabeza y la convoca a reaccionar.
Con la sala colmada de orilla a orilla —a tal punto que varios debieron seguir las alternativas sentados en el piso o amontonados en la puerta—, dio inicio el ciclo "Disidentes", una propuesta pedagógica y de trinchera ideada en conjunto por el periódico Pausa, la revista Crisis, la Asociación de Prensa de Santa Fe y la carrera de Comunicación Social del Instituto 12. Entre las sillas, la fauna se componía de una marcada mayoría veinteañera, estudiantes con el cuaderno abierto, mezclados con gente curtida del palo, docentes, fotoperiodistas, militantes territoriales y comunicadores de la región. Por momentos, las rondas de mates quedaban literalmente en pausa en el aire, con las bombillas suspendidas ante la contundencia de las definiciones que se amplificaban desde el panel.La imagen y la palabra en la era digital
La premisa que vertebró este primer encuentro, titulado "La imagen y la palabra en la era digital: cómo construir verdad en el presente", no buscaba el regodeo académico ni la queja impotente. En un contexto nacional donde el oficialismo adopta la desinformación masiva, el troleo institucionalizado y las fake news como un arma de guerra cognitiva para degradar el debate público, la pregunta por la construcción de sentido se volvió un imperativo de supervivencia.

La cocina de la política y el anacronismo como trinchera
El encargado de abrir el fuego fue Mario Santucho, sociólogo, editor e integrante del Equipo de Investigación Política (EDiPo) de Crisis. Lejos de recetas iluminadas, Santucho propuso desarmar los procedimientos con los que opera un colectivo editorial, sintetizando tres instrucciones para pensar el periodismo político contemporáneo.
"Una revista no es política porque hable de política o porque se ocupe de la política, sino por los procedimientos que utiliza, por la forma misma de hacer", disparó en el inicio de su intervención. En un ecosistema hiperacelerado donde la búsqueda de clics impone las reglas del juego, Santucho reivindicó el valor del formato papel y el ritmo bimensual de la publicación: "Salir cada dos meses es un anacronismo, pero pensamos que ese anacronismo es un gesto de resistencia en sí mismo. Nos obliga a crear otra manera de decir y contar las cosas que no es la que nos propone todo el tiempo el modo de circulación de mensajes".La imagen y la palabra en la era digital
A su vez, el editor de Crisis remarcó la necesidad imperiosa de correrse del lugar defensivo para volver a disputar la capacidad social de producir certezas fácticas. "Es posible construir verdad histórica; hay que organizarse, hay que pensar y tener ingenio para combatir contra las mentiras del poder, porque la dificultad para construir verdad es que hay un poder que construye mentiras todo el tiempo", sentenció, citando como ejemplo las plataformas de control ciudadano que impulsan, tales como el Mapa de la Policía o el registro de agresiones de la ultraderecha.
Descorrer la cortina: la imagen como territorio autónomo
A su turno, la editora fotográfica Jazmín Tesone centró su exposición en la autonomía del lenguaje visual dentro del diseño periodístico. En un diálogo constante con la trastienda de la revista, Tesone desarmó la idea de que la fotografía funciona como un mero adorno del texto impreso.

"Muchas veces se piensa a la fotografía o a la ilustración como algo subsidiario del texto, como si viniera a acompañarlo. Nosotros intentamos dar cuenta de que las imágenes tienen y son información: abren y construyen sentido por sí mismas", sostuvo, mientras proyectaba en pantalla algunas de las tapas más emblemáticas de la publicación.
Tesone explicó las operaciones de montaje, descontextualización y humor gráfico a las que recurren para perforar la saturación mediática: "Mezclamos y descontextualizamos imágenes y frases, las ponemos en común y en ese montaje aparece una tercera cosa que produce otro sentido. Apelar al humor y a la ficción en tiempos crueles es algo que nos sirve para ver otra cosa". En esa línea, remarcó la responsabilidad ética que implica hoy la circulación digital: "Es mucho más lo que pensamos en qué va a circular y de qué manera en relación a lo que vamos a producir. Hoy día tenemos que cuidar mucho más esas imágenes".La imagen y la palabra en la era digital
De la era de la evidencia a la era de la sospecha
El cierre de las exposiciones estuvo a cargo de la investigadora y docente Cora Gamarnik, referente indispensable en el estudio de la cultura visual y el fotoperiodismo en Argentina. Con una precisión teórica despojada de solemnidades, Gamarnik abordó el cambio de época que estamos atravesando tras la irrupción de las inteligencias artificiales y las campañas de manipulación masiva.
"Estamos pasando de haber pensado a la fotografía como evidencia de las cosas a una crisis de la confianza visual", diagnosticó la especialista. "Pasamos del 'esto ha sido' de Barthes a la era de la sospecha". Apoyada en un recorrido pedagógico que incluyó desde falsificaciones históricas de agencias internacionales hasta operaciones locales de propaganda, Gamarnik enfatizó la dimensión política de la mirada: "No solo lo visual se construye socialmente, sino que lo social se construye visualmente. Las imágenes que se lanzan a la arena de lo social influyen, conforman, modifican e intervienen sobre lo real".
El tramo en el que Gamarnik repasó las intervenciones fotográficas, la tipología de las noticias falsas y la grotesca manipulación estética de las imágenes oficiales fue, sin dudas, el principal alivio cómico de la hora y cuarenta minutos que duró la charla. Las risas colectivas ante los retratos del presidente Javier Milei con mandíbulas angulosas imposibles o la eliminación digital de su papada permitieron aflojar la tensión, mostrando cómo la ironía y la contranarrativa popular responden inmediatamente frente a la puesta en escena del poder.

Sin embargo, la investigadora volvió a ajustar la clavija al referirse al ataque deliberado que sufren las instituciones que históricamente construyeron veracidad en el país: "No es casual que haya una campaña sistemática de difamación a las universidades, al Conicet y a los fotoperiodistas. Se busca degradar y correr los límites de la confianza social en las instituciones que generan conocimiento legitimado y en las que la gente todavía cree".La imagen y la palabra en la era digital
Sembrar anticuerpos en la palabra compartida
Hacia el final, con el micrófono abierto para las preguntas de los estudiantes y asistentes, la conversación derivó en una certeza compartida: frente a la inundación de desinformación calculada, la respuesta no es el repliegue individual ni el cinismo de usar las mismas armas truchas.
La trinchera posible pasa por fortalecer la construcción comunitaria, exigir regulaciones, formar las miradas desde la infancia y tejer alianzas entre el periodismo territorial, la universidad pública y los lectores. Cuando la charla se dio por concluida y la foto grupal congeló el momento, la masa de gente fue saliendo lentamente hacia la noche lluviosa de Santa Fe, masticando los conceptos compartidos y sabiendo que, contra la degradación de la palabra, el encuentro cara a cara sigue siendo el anticuerpo más poderoso que nos queda.










