En el cierre de la jornada “Argentina Produce, un diálogo que construye” convocada en Rosario, un mano a mano con Jorge Sola, el invitado que todos querían oír, una rareza que marca un cambio en los encuentros de las gremiales industriales y comerciales.
Jorge Sola es santafesino y uno de los tres secretarios generales al frente de la CGT. Es diferente a todos los precedentes: profesor de ciencias biológicas, diplomado en sociología y ciencias políticas y militante peronista de toda la vida. Está construyendo otras alianzas, quiere una CGT que discuta un proyecto de país y dice que el debate político hoy está reducido a “la ira y el algoritmo”. Nos acurrucamos en un escenario semivacío para un diálogo en donde rememora a Alfonsín y dice que hay que armar algo nuevo, incluso si hay que perder.
–Ante todo, y expuestas las diferencias con la gestión libertaria, ¿cómo ves el futuro inmediato de las relaciones entre la CGT y el gobierno nacional?
–Las diferencias que tenemos con el gobierno son las mismas desde el minuto cero de esta gestión, recordemos que en diciembre de 2023 hicimos la primera movilización y en enero habíamos hecho el primer paro. Prácticamente nunca tuvimos diálogo con el gobierno, aún en la instancia de generar una mesa de discusión donde pudiéramos exponer los problemas que nosotros identificábamos, que son los que hoy están en evidencia. Siempre digo que este gobierno, como cualquier otro, debe representar a los que lo votaron y a la totalidad del pueblo argentino, incluso a los trabajadores que nosotros representamos, muchos de los cuales los han votado. Los problemas están a la vista: pérdidas de empleos, del poder adquisitivo, informalidad, endeudamiento familiar y todo lo que queremos llevar a una mesa de discusión que no va a existir. No nos escucharon y no nos van a escuchar; vamos a seguir haciendo lo que hicimos históricamente desde la CGT que es reclamar en cada lugar y acompañar a los que luchan, los endeudados, los jubilados, los trabajadores despedidos de las 73 empresas que cierran por día, pero somos conscientes de que no hay solución gremial si no hay solución política.
–En este sentido, ¿cómo ves a la CGT construyendo esa solución política, más allá del plan de lucha? ¿Cuál sería el aporte del movimiento obrero a la construcción de una nueva herramienta cuya conformación no parece estar muy fácil por la fragmentación del peronismo?
–Lo primero es sentarse en una mesa con un proyecto que incluya nuestra mirada sobre los nuevos empleos, las nuevas modalidades trabajo, sobre la salud y le educación, sobre la economía cotidiana, sobre la discusión de un proyecto industrial más o menos proteccionista, es decir, sobre el proyecto y la mirada que hoy tiene la CGT. Sabemos que la mesa en donde se definan esas cosas tendrá al peronismo como actor y nosotros queremos decirles que tienen que hacer centro en el trabajador y la distribución de la riqueza. No se trata de sentarnos a discutir si queremos bancas o no, cargos o no, nosotros queremos ser parte de la construcción de un proyecto que no sea el armado de cinco dirigentes resolviendo candidaturas, yo quiero sentarme en una mesa en donde pueda aportar nuestras ideas, porque yo tengo la responsabilidad y la obligación de sentarme en ese lugar. Además, esa mirada tiene que ser amplia, porque el peronismo es imprescindible pero con el peronismo solo no alcanza. Hay que ser generosos para convocar y también hay que ser generosos después, para gobernar.
–¿Cómo ves entonces las internas del peronismo nacional, sobre todo entre Máximo Kirchner, Axel Kicillof y también Sergio Massa?
–Eso que me nombras es el Justicialismo como herramienta electoral, son dirigentes con muchos votos, pero otra cosa es la mirada de los laburantes que también tenemos que tener un lugar de discusión. Yo digo que las apetencias están bien pero primero hay que dirimir una gran interna y acercarse a la gente, darle soluciones más allá de las tres grandes banderas del peronismo, con las necesidades del día a día, las deudas, la falta de trabajo, la seguridad y la educación y la salud que merecen y hoy no tienen. Esto no se soluciona recitando las 20 verdades justicialistas sino construyendo espacios de diálogo como este que convocamos con la Federación Industrial Argentina, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa y la Asociación de Industriales Metalúrgicos, por ejemplo, con los que no pensamos exactamente igual pero tenemos una búsqueda en común que es crear mayor riqueza para la Argentina.
–Acabas de participar de un panel que es un antes y un después para el círculo rojo santafesino, con un dato no menor, es la primera vez que el movimiento obrero está invitado…
–Es que no estamos invitados, somos coorganizadores junto a FISFE. Eso surgió en una reunión previa que tuvimos aquí en Rosario y además no tiene sólo un impacto regional, va a rebotar a nivel nacional, porque ese es el alcance de mi cargo y porque muchos de los empresarios que aquí se convocaron tiene cargos en la UIA, lo mismo digo de CAME y ADIMRA, con lo cual lo que hemos hecho aquí en Santa Fe muestra otro camino, un concepto de comunidad que para nosotros es clave, una comunidad de intereses y objetivos, de acciones en común.
–Tenemos que hacer la bajada local sobre el estado de fragmentación del peronismo, aquí transformarlo en una herramienta electoral potente es más complicado, y hay menos votos en los candidatos disponibles. ¿Cómo crees que debe ser el camino de acá al 2027?
–Primero veo que hay una gran cantidad de dirigentes jóvenes, intendentes, presidentes comunales que están conformando un frente novedoso, hay que ser creativos y dejar que este nuevo armado fluya, no es obligatorio resolverlo con los mismos candidatos de siempre, hay que darle lugar a las nuevas voces que tienen la mayor cercanía con la gente. Siempre digo que los secretarios generales de los gremios somos muy parecidos a esos compañeros, tenemos que solucionar problemas y representar todos los días.
–Los sindicatos son maquinarias políticas que funcionan 24 por 7 y todo el año, a diferencia de las maquinarias electorales…
–Exactamente, nosotros somos full time y full life. Hay que darle oportunidades a nuevos liderazgos aún a riesgo de perder, no importa si eso sucede. Si el parto no es doloroso bienvenido pero si hay que enfrentar el dolor para alumbrar algo nuevo, que sea con dolor.
–¿Cómo organizar la informalidad, ese 45% de trabajadores y trabajadoras que no tienen los derechos laborales y de la seguridad social que sí tienen los registrados?
–Que esa enorme cantidad de trabajadores desarrollen una conciencia de clase es complicado, es lo que yo llamo cuentapropismo emocional. Creen que se salvan solamente por sí mismos y que no hay nadie que pueda darles una mano. Están de espaldas a la política y a veces a las instituciones de la democracia. A mí me parece que lo que hay que hacer es establecer un piso derechos para la informalidad, como ya lo hizo la OIT con los trabajadores de plataforma, contrariando la reforma laboral que dice que no tiene relación de dependencia y tampoco derechos. Yo creo que las necesidades individuales se van a replicar en otras y vamos a llegar a un reclamo conjunto que se va a traducir en un sindicato, una asociación gremial de trabajadores precarizados.
–Javier Martín de FISFE dijo algo muy fuerte hablándole a sus industriales, que votan con la emoción y luego se quejan con la razón, ¿tenés expectativas de que los y las trabajadoras afiliadas a los sindicatos voten la razón para no repetir errores?
–¡Me copió la frase! Pero es un producto de la esquizofrenia electoral argentina, la emoción, la bronca, el odio son malos consejeros a la hora de votar, porque a vos también te tocan las consecuencias. Luego nos vienen a reclamar a los gremios, a la iglesia, adonde sea. Pero ese clima social del 2023 ha cambiado, no sé cómo se va a comportar esa sociedad en 2027, puede haber un alto ausentismo electoral y eso sería un problema estructural grave, pero el tiempo dirá, tendremos que hacer lo que hay que hacer para que los argentinos sientan que votar tiene sentido y cambiar el rumbo también.









