El sector advierte por el avance de los productos importados, la subfacturación y una caída de la producción del 24,4%. Mientras las compras externas de prendas terminadas alcanzan niveles récord, las fábricas trabajan con apenas el 39% de su capacidad instalada.
La industria textil argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos. Las importaciones ya explican cerca del 70% del abastecimiento del mercado interno, cuando históricamente la relación era prácticamente de mitad producción nacional y mitad productos provenientes del exterior.
El dato fue señalado por la Fundación Pro Tejer, que cuestionó el escenario generado por la apertura comercial, la desregulación de las importaciones y la apreciación del tipo de cambio real. La entidad advirtió que estas modificaciones no estuvieron acompañadas por mejoras equivalentes en las condiciones que enfrenta la producción nacional.
El resultado se observa también dentro de las fábricas. Durante el primer semestre del año, la producción textil cayó 24,4% respecto del mismo período de 2025 y 34% en comparación con 2023. Al mismo tiempo, el uso de la capacidad instalada se ubicó en apenas 39%. En términos concretos, seis de cada diez máquinas permanecen paradas.
Menos producción, más productos terminados
El comportamiento de las importaciones muestra una diferencia significativa según el lugar que ocupan los productos dentro de la cadena.
Durante los primeros seis meses del año ingresaron al país 177.356 toneladas de productos textiles e indumentaria por US$911 millones. En términos generales, eso representó una caída interanual del 20% en cantidades y del 5% en dólares. Pero el descenso no fue uniforme.
Las mayores caídas se registraron justamente en los primeros eslabones de la cadena productiva: las importaciones de materias primas bajaron 33%, las de hilados 43%, las de tejidos planos 52% y las de tejidos de punto 34%. Para Pro Tejer, este comportamiento refleja la menor actividad industrial y el exceso de oferta existente en el mercado local.
En cambio, los productos terminados importados continúan creciendo y alcanzan niveles récord. La importación de indumentaria aumentó 62% en toneladas y 36% en dólares, mientras que las confecciones para el hogar —como sábanas y toallas— crecieron 26% en volumen y 7% en dólares.
La paradoja es difícil de ignorar: mientras se retraen las compras externas de insumos que alimentan la producción local, aumenta el ingreso de prendas y productos terminados que compiten directamente con las empresas argentinas.
El reclamo por la “competencia fraudulenta”
Frente a este escenario, la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) denunció una situación de “competencia fraudulenta” y reclamó que se restablezcan condiciones comerciales equitativas.
La entidad sostuvo que las rebajas impositivas y los procesos de desburocratización aplicados durante los últimos años beneficiaron principalmente a los productos importados, mientras que la industria textil nacional continúa enfrentando una elevada carga tributaria, costos logísticos, falta de financiamiento y dificultades para sostener la inversión y el empleo.
A eso se suma la competencia de plataformas de comercio electrónico como Shein y Temu, señaladas por FITA por comercializar productos que ingresan bajo condiciones diferentes a las que debe afrontar la industria nacional.
Pero desde la propia federación buscan dejar algo en claro: el problema, aseguran, no es la apertura comercial en sí misma. El sector textil argentino sostiene que históricamente compitió con productos extranjeros y que incluso acompaña iniciativas de integración comercial con otros países.
El principal cuestionamiento apunta a las condiciones en las que determinadas mercaderías ingresan al país.
La denuncia por subfacturación
Uno de los puntos centrales del reclamo es la subfacturación de las importaciones. Según FITA, más del 70% de los productos ingresaría con valores declarados significativamente inferiores a los antecedentes del sector y, en algunos casos, por debajo incluso del costo de la materia prima principal.
Para las empresas textiles, esa distorsión genera una competencia difícil de sostener para quienes producen dentro del país y deben afrontar impuestos, salarios, logística, financiamiento y el resto de los costos asociados a la actividad formal.
Por eso, el sector reclama el cumplimiento de las normas vigentes de comercio exterior y mecanismos que permitan garantizar condiciones de competencia consideradas justas.
Una industria textil que pierde capacidad de producir
Los números de actividad completan el cuadro. La producción textil acumuló una caída del 24,4% durante el primer semestre respecto de 2025, y del 34% si se compara con 2023. La capacidad instalada, mientras tanto, quedó reducida al 39%.
Desde el sector también advierten sobre el impacto en el empleo: según el relevamiento citado por El Destape, unas 28.000 personas perdieron sus puestos de trabajo desde el inicio de la gestión de Javier Milei y cierran alrededor de 30 empresas textiles por mes.
El problema, entonces, excede el mostrador de una tienda o el precio de una prenda. Lo que está en discusión es qué lugar ocupa la producción nacional en un mercado donde siete de cada diez productos ya provienen del exterior, mientras las fábricas argentinas funcionan a menos de la mitad de su capacidad.
Para la industria textil, el reclamo es por reglas de juego que permitan competir. Los números muestran, mientras tanto, qué ocurre cuando cada vez hay más oferta importada y cada vez menos producción local.









