Compañeros

Santa Fe, 24 de marzo de 2016. Foto: Matías Pintos

“Me sublevo, por lo tanto me ramifico. Así deberían hablar los  hombres en la hoguera que levanta su rebelión”. René Char.

A propósito del 24 de marzo, quería pensar sobre algunos términos que, con toda buena fe, a veces se usan de manera, diría, ligera, y que, en todo caso, disminuyen un poco la figura de aquellos que sufrieron la represión en distintas formas en los años de la dictadura.

El primero que salta a la vista es la palabra “idealistas”. En ninguno de los significados que conlleva, se podría comprender el accionar de los militantes de aquella época con esa palabra. Ni entender el  mundo con modelos previos de armonía que no tienen su correlato en la realidad, ni corrientes filosóficas que tienen en común la negación de la existencia de las cosas de manera independiente de la conciencia. Al contrario, un militante político necesita el conocimiento de la realidad para que su acción, no digo alcance algún éxito, sino simplemente tenga sentido. Y este conocimiento no se obtiene solamente leyendo libros, sino también en la práctica, en la atención al flujo de acontecimientos que van puntuando los sujetos de lo político en la inserción del devenir de la política.

[quote_box_left]Los militantes aman la vida como cualquier otra persona y delinean un proyecto de práctica con otros que se sustrae del individualismo liberal. [/quote_box_left]

Rápidamente podemos decir que la política es la organización que coordina a los hombres en una sociedad y lo político, el proyecto o los proyectos que, dentro de la política, se van delineando en el seno de la sociedad. Se dice que la política es lo instituido y lo político es lo instituyente. En todo caso, los militantes realizan acciones en el ámbito de lo político que no están directamente orientadas al beneficio personal, y que están animadas por una ideología determinada, guiados por una sublevación íntima ante un orden social marcado por la injusticia y la explotación en vistas a una transformación que implique liberación y justicia.  Y para ello se reúnen con otros hombres y mujeres que se interesan por lo mismo.

No es una idea lo que guía a un militante, sino algo muy concreto y material, que es la historia. Y no hay “pureza”, ni “vocación de servicio”, ni “imaginación sacrificial”. Los militantes aman la vida como cualquier otra persona. De manera que, atentos al devenir de la historia, los militantes delinean un proyecto de práctica con otros que se sustrae del individualismo liberal. Los militantes no obtienen directamente un beneficio personal. Se involucran en un trabajo donde cada uno se piensa a sí mismo como formando parte de un conjunto, a la manera en que lo dice Hemingway: no preguntes por quién doblan las campanas; ellas doblan por ti. O como lo decía un escritor latino anterior a Cristo: Soy un hombre y nada humano me es ajeno. Pura generosidad. En síntesis, pensar la imposibilidad de ser feliz mientras en el mundo persista de manera masiva el sufrimiento.

Hoy, en el trabajo, en la creatividad, en la militancia, cada uno procura continuar ese camino.

Publicada en Pausa #169, jueves 31 de marzo de 2016

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