Trabajadores: todos los datos duros desmienten a Macri

Adentro, esa algarabía de los trabajadores de Cresta Roja. Afuera, los bombos de los que perdieron sus puestos en la empresa.

“En los últimos cinco años no se creó empleo de calidad”. El presidente Mauricio Macri repite esa frase en casi todos sus discursos y conferencias de prensa. Nunca ningún periodista le ha cuestionado de frente ni a él ni a ninguno de sus funcionarios la patraña, que fundamenta las ruinosas medidas que está tomando en función de detener la inflación a través del licuado del poder adquisitivo y el aumento del desempleo.

Sin embargo, existen datos duros, mucho más contundentes que la Encuesta Permanente a Hogares del Indec, el método a través del cual se mide el empleo en nuestro país. Estos datos provienen del Sistema Integrado Previsional Argentino (Sipa), dependiente de la Anses. El Sipa es la base de datos de todos los aportes que hacen los trabajadores al sistema previsional, los dependientes privados y públicos, los autónomos y los monotributistas también. Por lo tanto, es exactamente la nómina del “empleo de calidad”. Dos precisiones más: el Sipa registra el neto entre empleado creado y empleo perdido, dado que lo que expresa es la cantidad de aportantes; el Sipa no registra a los trabajadores que no aportan, por lo tanto sus números tienen que ser aumentados un 50% (a ojímetro, así se llega al total de trabajadores, contemplando que un 30% de la masa total está en negro) para saber cuántos argentinos están trabajando.

Como sucedió con el resto de las estadísticas y registros, el Sipa no emite informes desde diciembre de 2015.

Radiografía del país que ya fue

En noviembre de 2015, había en Argentina 8.083.814 trabajadores registrados aportando al sistema previsional. En noviembre de 2011, había 7.642.985 trabajadores registrados en Argentina. A trazo grueso, en los últimos cuatro año se crearon 440 mil puestos de trabajo nuevos, netos, posta y en blanco. Si se suma a ojímetro la cifra de los puestos de trabajo en negro, la cantidad de trabajo creado sube a 660 mil puestos nuevos.

Pero estamos con datos duros, así que resguardemos los 440 mil puestos. Representan 40 mil puestos por encima de los 100 mil que, por año, tiene que generar la economía para emplear a todos los seres humanos que crecen y que cuando ingresan a la población económicamente activa no quieren sumar a la columna de los desocupados.

Fue así que se llegó a una de las mejores situaciones de empleo de las últimas décadas, sólo comparable a períodos anteriores al menemismo. Este escenario fue reconocido –no sin trampita– por el propio presidente Macri en su discurso de apertura de las sesiones legislativas de este año, al dar la cifra absoluta de desempleados (1.200.000) y no mencionar que esa cifra es la más baja de los últimos 12 años y que representa poco más del 6%.

Pero eran todos parásitos del Estado

El empleo privado, en términos absolutos, creció por arriba del millón entre 2007 y 2015. Durante el período 2011 a 2015, el aumento se desaceleró notablemente: el crecimiento en ese segmento fue de poco más de 286 mil puestos. Usando otra vez el ojímetro del empleo en negro, se superan sólo con el sector privado los 100 mil puestos de trabajo anuales que se requieren para que el desempleo no aumente. Pero ya no sería empleo de calidad, como quiere el presidente Macri.

En consecuencia, es cierto que, de no ser por el empleo público, durante los últimos 4 años el desempleo hubiera aumentado, siempre haciendo referencia al trabajo registrado.

Pero el empleo público creció, de la mano del crecimiento de las capacidades estatales. Un 18,6% de los trabajadores registrados en noviembre de 2015 eran empleados públicos, el resto es de empleados privados. Entre 2011 y 2015 el empleo público en Argentina creció 1%, en términos relativos. Entre 2007 y 2015, en total, pasó del 15,6% al 18,6%. Claro que en el medio se estatizaron las AFJP e YPF, se abrieron unas cuantas universidades y demás cositas.

Según los datos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), el promedio de empleo público es de 21,3% del total del empleo registrado en los países que releva el ente (prácticamente, el mundo). Países bananeros como Francia, Canadá o Bélgica superan el 18,6% de Argentina. En dictaduras como las de Suecia, Noruega o Dinamarca la grasa militante llega al 28,1%, 34,6% y 34,9%, respectivamente. En Gran Bretaña, una guarida del estatismo marxista, el porcentaje llega al 23,5%.

El argumento adicional para justificar el cierre del grueso de las políticas públicas para los sectores más vulnerables –y el despido de los agentes encargados de llevarlas adelante– es el supuesto engorde del empleo público durante la última gestión del kirchnerismo.

Lo cierto es que el trabajo en el Estado aumentó apenas un 1% en los últimos cuatro años. Entre 2007 y 2011, de hecho, el aumento fue mayor: 2%. No fue en los últimos tres años, como supuso el decreto de persecución y despido a los empleados públicos del ministro de Modernización Andrés Ibarra.

Quienes tienen más para perder

El 6% de los trabajadores registrados en el sector privado tienen sus puestos en empresas que, como máximo, llegan a dos empleados. Una carnicería cuyo dueño blanqueó al muchacho que baja las reses, por ejemplo.

Son 412 mil personas. A trazo grueso, ese sector está en grandes problemas como resultado de la recesión, de la pérdida del poder adquisitivo, de la caída de la demanda y de los tarifazos.

En el otro extremo, están las empresas con 100 empleados o más. Trabajo registrado, sindicalización, cámaras patronales: se trata de unidades productivas mucho más potentes y formalizadas. Negocios que generan guita a lo grande. Casi que se cuentan con los dedos de la mano las empresas de nuestra región que tienen semejante cantidad de empleados.

Sin embargo, el 48,8% de los puestos trabajo registrados están en ese tipo de unidades productivas. Esos 3.209.015 argentinos hoy se enteraron de una cosa: en la intemperie de la devaluación, los tarifazos y la recesión, el gobierno los dejó solos, de cara ante los patrones y su ola de despidos.

 

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