En 2008 la Selección Nacional no daba pie con bola de la mano de Basile, y eso que ya estaba Messi. Aquella época dorada del Coco en los 90 quedaría en la historia, el nuevo siglo le depararía malas experiencias y una salida anticipada en su cargo. Gran parte de la segunda rueda de la clasificación a Sudáfrica estuvo a cargo Diego Maradona.

Julio Grondona le debía esa responsabilidad al 10 y con una clasificación histórica en las últimas dos fechas, ante Perú y Uruguay, Diego soltó su furia contenida y popularizó en Montevideo el insulto “LTA”.  

Llegó Sudáfrica, Maradona y su centenar de jugadores probados antes del Mundial, era la hora de la verdad y pocos creían en la capacidad de Pelusa para conducir. Les tapó la boca a varios, ganó la fase de grupos al trote y a México 3 a 1 en octavos de final. A los alemanes les jugó de igual a igual y los europeos no perdonaron en los cuartos de final (0-4).

Una camada de grandes futbolistas tuvo la desgracia de sufrir los cambios de entrenadores que antes no eran tan frecuentes en AFA. Batista sucedió a Maradona, llegó el mal trago de la Copa América 2011 en nuestro país, después desembarcó Sabella y un Mundial inesperado: finalista en Brasil (20w314) y otra vez Alemania, el verdugo.

Llegó Martino y los penales de la Copa América en 2015 y 2016. La historia de las finales lacrimógenas ante Chile y una AFA descontrolada le quitaron las fuerzas al “Tata”. Hoy, en Rusia 2018, es el tiempo de Sampaoli. El 2018 es la última oportunidad de Messi y una generación cruzada por la mala fortuna.

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