El secretario de Cultura Pablo Avelluto fue abucheado en la apertura, los cineastas sacaron un duro documento desmintiendo su discurso y a los premiados y jurados se les negó el micrófono en el cierre del Festival Internacional de Cine.

El Festival de Cine de Mar del Plata ofrece todo el glamour que nuestro sistema cinematográfico puede pagar. Para el caso, las estrellas internacionales de este año fueron Léos Carax, Pierre Richard y Jean-Pierre Léaud –tres titanes del cine francés– y se logró que Alfonso Cuarón estrene su último film, Roma, en el marco de las proyecciones programadas. Fuera de los premios, las galas, las funciones gratuitas en la ciudad balnearia y las alfombras rojas, la trigésimo tercera edición del mayor evento internacional argentino del séptimo arte será recordada por la indignada agitación de los artistas.

El bardo comenzó el 11 de noviembre, con la apertura del Festival. El secretario de Cultura Pablo Avelluto intentó falsear datos sobre la crisis de la industria cinematográfica argentina. Como en la apertura de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires de este año, lo putearon de arriba a abajo. Avelluto, como hiciera en la anterior ocasión, jugó el rol de víctima y ponderó que la democracia es hacer silencio ante los oradores y no sostener políticas públicas con participación e inclusión de quienes son el objeto de esas acciones.

Tres días después de que Avelluto fuese abucheado por decir bolazos, directores de cine nucleados en la Asociación de directores y productores de Cine documental argentino, Colectivo de cineastas, Directores independientes de cine, Documentalistas Argentinos, Proyecto Cine Independiente, Realizadores Integrales de cine documental, Red Argentina de Documentalistas, entre otras organizaciones, le respondieron con un comunicado extenso, que aclara:

Denunciamos con mucha preocupación la sub-ejecución presupuestaria que ya es de público conocimiento, al mismo tiempo que se ha reducido la capacidad de financiación de las películas, sin acceso a créditos, con menos recursos para llevarlas a cabo, con rodajes resumidos en detrimento de los procesos creativos y menos puestos de trabajo para les técnicques, con plazos generados por leyes improvisadas que atentan contra los procesos productivos y creativos, con inexplicables y crecientes trabas burocráticas para productores y directores y con la ausencia de un plan de fomento inclusivo y federal que responda a las necesidades de la diversidad de producciones que constituyen la cinematografía nacional. A todo esto se agregan ataques de hecho y de palabra a la vía digital documental, única ventanilla continua que no exige antecedentes…

• Hablan de récord de público en el Mes del Cine Argentino pero olvidan decir que han destinado 150 millones de pesos a subsidiar a las grandes empresas exhibidoras para llevarlo a cabo mientras que esas mismas empresas son las que no cumplen con una cuota de pantalla para exhibir las películas argentinas. Mientras tanto se agolpan en el cine Gaumont 67 estrenos nacionales para el último trimestre de 2018, que aunque fueran exitosos no tendrán ni oportunidades ni reglas para permanecer en cartel y llegar al público…

• Todo ello se acompaña por un desprecio total a la preservación de nuestro patrimonio audiovisual, vaciando la CINAIN (Cinemateca y archivo de la imagen nacional)…

• El INCAA cerrará el año con 694 Millones, del fondo de fomento a la cinematografía creado por ley con recursos generados por la propia industria audiovisual, en el banco mientras desfinancian a la producción y la distribución de nuestro cine nacional…

Como sea, seis días después, el 17 de noviembre, las pullas al funcionario devinieron en la prohibición de que premiados y jurados puedan decir palabras en el micrófono, durante el acto de cierre. Algo nunca visto en un festival de la mayor categoría internacional. Es como negar el discurso que viene después de recibir el Oscar. Será que se preferirá la censura antes que las críticas. El escándalo, no obstante, no pudo ser evitado. En inglés y castellano el jurado del Festival emitió un comunicado repudiando la medida, que el crítico, docente e investigador Fernando Martín Peña rescató:

El grito de los cineastas viene de la mano con el ajuste en el Instituto Nacional del Teatro y el retiro del Estado en la compra de libros, que deja en la lona a gran cantidad de editoriales. Ni siquiera es necesario entrar en cuestiones más específicas, como el cierre de orquestas o grupos de danza. Ajuste duro, censura y escándalo parece ser el único legado que dejará Pablo Avelluto, uno de los funcionarios más gangosos, recoletos y tilingos del mejor equipo de los últimos 50 años.

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