La crisis ya golpea en las grandes empresas

Primero fueron los cierres de las pequeñas, después de las medianas. Ahora las grandes también están en la cuerda floja, o aprovechando el apoyo del gobierno para ir contra de los trabajadores. La malaria devasta la industria nacional. Cuáles son las 20 firmas más complicadas.

La crisis en la industria llevó a que en la actualidad haya menos trabajadores registrados en el sector que los que había en 2009. Ese salto atrás de 10 años todavía no computa los desocupados que van quedando de la ola de cierre de empresas, suspensiones y procedimientos preventivos de crisis que rompió con toda su fuerza en el verano y todavía no se detiene: las cifras sobre trabajo registrado corresponden a diciembre de 2018.

El listado es muy largo y está plagado de marcas de primera línea, incluso a escala internacional. Algunas aprovechan el contexto para ajustar, como Coca Cola, que en 2018 puso un montón de dinero para una planta en Uruguay y ahora llora miseria, pero la mayoría de las empresas está en verdaderos aprietos, como la láctea santafesina Verónica, la Editorial Atlántida –con Para Tí, Gente o Billiken–, la mítica Metalpar, donde de producían casi todas las carrocerías de los bondis, o la fábrica de calefactores Eskabe, que paga en cuotas a sus proveedores y busca echar al 22% de sus trabajadores, con el invierno a la vuelta del calendario.

Mauricio, el destructor

Durante la era Cambiemos se destruyó el 10% del trabajo registrado industrial que había en noviembre de 2015. La crisis desatada a comienzos del año pasado aceleró el proceso porque las fábricas afectadas ya no son solamente las más pequeñas. La malaria está tocando a los peso pesado del sector, a varias marcas insignia que nos rodean en la vida cotidiana. Son las grandes empresas las que se derrumban.

Según el Indec, en enero el 43,8% de la maquinaria industrial en Argentina estaba apagada. Pero en las automotrices, apenas el 15,7% de las máquinas estaban en funcionamiento. Eso se traduce en los 900 operarios suspendidos en Iveco, que producirá sólo durante 10 días en marzo, o en los parates de producción en General Motors, Peugeot, Honda, Renault y Fiat, o el plan preventivo de crisis para Fate, donde se esperan más de 400 despidos. Metalpar, que directamente bajó la persiana, dejó a 600 familias en la calle. La agrícola Deutz cierra su fábrica de motores y tiene en vilo la de tractores. Deutz tiene 134 años en el país. Otra: Zanella y sus motos, sólo realiza ventas y tiene parada la producción (y sus trabajadores) desde hace meses.

Verónica tiene tres plantas y emplea a 700 trabajadores. Una está en Suardi y emplea a 105 personas. La láctea pidió procedimiento preventivo de crisis, para poder suspender y despedir con mayor facilidad. Sancor e Ilolay no están lejos. Otras grandes marcas alimenticias también están complicadas. La Campagnola tiene parada una de sus seis plantas, donde 130 empleados penden de un hilo desde la navidad pasada. Las 9 de oro peligran: el banco Macro pidió la quiebra de la alimenticia Molino Cañuelas. Cañuelas tiene 90 años de historia, posee 21 plantas (en Argentina, Brasil y Uruguay) y domina el 80% del mercado de las harinas. Sin embargo, acumula deudas con 30 bancos diferentes y suma un rojo de 1350 millones de dólares. Además de los deliciosos bizcochos, Cañuelas produce las harinas Pureza y tiene una línea de aceites.

La planta más grande de Siderar, una siderúrgica de Techint, corre riesgo de cierre. Otro gigante, la textil Alpargatas, superó los 500 despidos en el año pasado.

A fines de 2018, el presidente produjo unos de sus habituales videos motivacionales en una planta en Nueva Pompeya llamada Noroghi donde supuestamente se producían electrodomésticos que se exportaban al mundo. A los pocos días se supo que la firma no producía ni exportaba nada, sino todo lo contrario: era una importadora de productos chinos. Macri se filmó en un depósito de productos importados. Para el caso, ni sus mentiras sobreviven al ajuste: el 8 de marzo los trabajadores de Noroghi denunciaron que la firma había cerrado y los había dejado en la calle, tras varios meses sin pagarles los sueldos.

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