Mapa del acoso: sí es para tanto

En el Día Contra el Acoso Callejero, un mapeo de la ciudad muestra las violencias a las que están expuestas -sobre todo- las mujeres en el espacio público. 

-«Era un sábado por la mañana y no había nadie en la calle, estábamos esperando un colectivo con una amiga y un hombre empezó a masturbarse al lado nuestro».

-«Íbamos en un colectivo de la linea 14 con una amiga, sentadas en los asientos del fondo del colectivo, al lado nuestro iba un tipo mirando un revista porno abierta de par en par y nos miraba constantemente a nosotras dos como insinuándose, con cara de perverso y desafiante. Cuando nos dimos cuenta con mi amiga de la situación, nos asustamos hasta que reaccionamos, nos fuimos para adelante pero estábamos tan en shock que no le dijimos nada al chofer y esperamos hasta tener que bajarnos».

-«Iba en bicicleta y paso un motociclista y me pegó con su mano en la cola. Perdí estabilidad en la bicicleta por lo que me tiró al cordón. Se rió, siguió con su moto. Llegue a mi casa y tenía la palmada marcada en la piel, que tardó una semana en irse».

-«Fue en verano, recuerdo haber ido a pedalear a la costanera y de regreso (en dirección hacia Avenida Freyre) por Bv Pellegrini me di cuenta que un hombre me venía siguiendo desde la costanera. Primero pensé que fue algo casual, pero cuando frené en un semáforo este sujeto comenzó a decirme cosas entre dientes: lo que me iba hacer, que era linda, que me deseaba».

Estos relatos se multiplican por toda la ciudad, a toda hora del día y la noche, y las víctimas, en su abrumadora mayoría son mujeres. El registro se encuentra en el Mapa Interactivo del Acoso y el Abuso (MIAA), realizado por el colectivo Santa Fe en Bici.

“La violencia en espacios públicos, (…) reduce la libertad de movimientos de algunas personas. Reduce su posibilidad de acudir a la escuela o al trabajo y a participar en la vida pública. Limita su acceso a servicios esenciales y a disfrutar de actividades culturales y de ocio. También impacta negativamente en su salud y en su bienestar” (ONU Mujeres).

Con esa declaración se presenta en la página web este mapa en el cual se recolectan casos de acoso y/o abuso en el espacio urbano de la ciudad. Es abierto y colaborativo, donde cada persona que haya sufrido alguna de estas acciones puede cargar sus datos.

Aunque es anónimo y no contempla distinción de género ni edad (aunque si hay rangos de edades), los testimonios que pueden leerse dan cuenta de que la mayoría de las víctimas son mujeres.

«Desde Santa Fe en Bici trabajamos en conjunto con Mapas de lo Efímero, para poder replicar la experiencia de la ciudad de La Plata, con el mapeo como herramienta, registrando los recurrentes relatos sobre el miedo/inseguridad que genera para muchas personas moverse por la ciudad -en bicicleta y otros medios- y ser víctima de alguna forma de violencia (delictiva, vial y/o de género). Es en este sentido que las violencias hacia mujeres, niñas e identidades disidentes impactan negativamente en su accesibilidad a derechos fundamentales (empleo, recreación, salud, educación etc)», se indica desde la página web del colectivo de ciclistas.

En el mapa hay íconos y categorías para registrar: contacto físico indebido o no consentido, exhibicionismo, masturbación en público, acorralamiento, amenazas, acoso verbal, fotografías y grabaciones no consentidas, miradas lascivas, persecución, gestos obscenos, violencia obstétrica, intento de secuestro y violaciones, entre otras formas de violencia.

En el mapeo aparecen cinco casos de violación, cuatro de ellos perpetrados por las parejas de las víctimas y uno dentro de la Escuela Industrial Superior.

Hay sólo dos registros realizados por varones: uno en Santo Tomé, donde la víctima denuncia una agresión física por parte de una docente, y otro en la ciudad de Santa Fe (en Bulevar y 1 de Mayo) donde un varón registra que un grupo de mujeres le gritó obscenidades. Una situación que las mujeres viven a diario, pero que se vivencia de formas totalmente opuestas: mientras las mujeres reportar, ante estas situaciones, sensaciones de asco, miedo, impotencia, rabia, este varón dice que le produjo «asombro y risa».

El terror a ser violadas es una sensación que sólo las mujeres sentimos y que la mayoría de los varones jamás podrá entender. Ese temor es cada día palpable en las calles, en los espacios públicos, cuando mujeres de todas las edades se enfrentan a este tipo de situaciones. No es un chiste ni es halagador que un extraño nos grite o susurre un «hermosa, te voy a romper el orto». Es una amenaza.

El acoso y abuso callejero condiciona la forma en que vivimos, en que nos movemos por la ciudad; la ropa que decidimos usar o no, pensando que de esa forma no nos van gritar barbaridades; los auriculares al tope para no escuchar lo que nos harían, esos «piropos» que vomitan a nuestro paso.

El Mapa Interactivo del Acoso y el Abuso (MIAA) hace evidente que estas situaciones de violencias en los espacios públicos son una práctica constante y sistemática. No somos exageradas. Sí, es para tanto.

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