Revisionismo de esos que llaman fracasados

De la mano de Messi y Scaloni, la Selección Argentina cierra un 2021 soñado.

El tiempo sin ganar es una condena que parece duplicarse por cada año sin un logro. En un fútbol que no se diferencia de los mandatos sociales de las últimas décadas, no ser exitoso te impide gozar de virtudes que se opacan por no levantar una Copa.

La cultura Bilardo (“el segundo es el mejor de los perdedores”) o Chilavert (“tú no has ganado nada”) establecieron una especie de absolutismo en torno al fútbol. Desde el concepto dominante de ganar o muerte, vale recordar la frase del referente de Estudiantes de La Plata sobre Argentina en el Mundial 1990: “Si quedamos eliminados en primera ronda, que se caiga el avión antes de llegar a la Argentina”.

Esas premisas tan fuertes que ingresaron en el fútbol y en la comunidad de la mano de comunicadores y otros personajes de diversos ámbitos, todavía no se pueden dimensionar en la escala de daño social. Entre tantos perjuicios aparece la Selección, que desde siempre fue la máxima identificación para la mayoría de argentinos y argentinas.

El seleccionado nacional sufrió el castigo de las peores críticas por no estar con la medalla de oro colgada al cuello, porque las otras no sirven, ya lo dijo Bilardo, “son perdedores”. Todos los jugadores que vistieron la celeste y blanca desde 1993 hasta julio de este año llevaron el peso de la palabra perdedor en sus espaldas, incluido Lionel Messi. El mejor jugador del mundo fue severa y despiadadamente atacado por gran parte de la sociedad y sus más fieles representantes de esta cultura salvaje, carente de reflexión analítica y con ausencia de sensibilidad: la prensa.

Messi y el espíritu adolescente

El periodismo se encargó de resaltar el paso de los años sin ganar un título en la Copa América y en el Mundial. Lejos de analizar virtudes, errores y resaltar las excelentes generaciones de futbolistas que pudimos disfrutar, contaminaron los medios con mensajes burlones a jugadores de la magnitud de Higuaín, Di María, Agüero, Verón, Otamendi y una larga lista que empieza y termina con Messi.

Después del 93

El daño provocado no da lugar al análisis y al disfrute del juego, los tentáculos culturales de la política del “éxito o fracaso” no le permitió observar al pueblo futbolero el alto nivel de juego del seleccionado argentino en casi tres décadas. Si tomamos como referencia el título obtenido en la Copa América de 1993, de ahí a la actualidad, Argentina recorrió más etapas buenas que malas. El vuelo futbolístico del equipo del “Coco” Basile terminó con un “me cortaron las piernas”. Diego y sus compañeros en 1994 empezaban a transitar un Mundial soñado, pero llegó la efedrina.

Luego comenzó la era Passarella y la difícil etapa “post Maradona”, pero el nivel de la Albiceleste no se resintió. La clasificación al Mundial de Francia 1998 fue excelente, el equipo en varios partidos fue muy superior a sus rivales, mostró la jerarquía de jugadores como Verón, Ayala, Gallardo, Ortega, Almeyda y Simeone, y además terminó en el primer puesto. En el Mundial de Francia Argentina hizo un buen papel y se despidió en cuartos de final, con un amargo recuerdo del 2 a 1 para Holanda sobre la hora.

Después llegaría la historia de Marcelo Bielsa, un cuento hermoso con un final muy triste. Lo bello fue lo que no trascendió, porque la cultura del éxito recordará por siempre que Argentina se fue en primera ronda de Corea – Japón 2002. El mensaje sabio del rosarino, el fútbol que siempre miró el arco de enfrente, la clasificación al trote en las Eliminatorias y hasta una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2004 no bastaron para con esa descomposición periodística que abonó Fernando Niembro y sus discípulos.

En 2005, el cambio de Pekerman por Bielsa no sería tan traumático. El gran maestro de las juveniles tenía su oportunidad en el seleccionado mayor. Era el tiempo de algunos jugadores de experiencia y otros jóvenes que llegaban para darle más fútbol al equipo, como un tal Lionel Messi. Otra vez Argentina estuvo en un gran nivel y junto a Brasil compartieron el primer puesto de las duras Eliminatorias de Sudamérica.

El Mundial de Alemania 2006 fue otra muy buena Copa del Mundo para la Albiceleste, mostró una enorme personalidad y juego en varios encuentros. Ayala, Cambiasso, Sorín, Mascherano, Tévez, Maxi Rodríguez, Riquelme, Crespo y Saviola fueron algunos de los jugadores que nuevamente nos hicieron disfrutar de grandes momentos. Lamentablemente Argentina se fue con la amargura de tener a la poderosa selección alemana contra las cuerdas, pero en la definición de penales los locales no fallaron.

Argentina campeón de América

Luego llegó la segunda parte de Basile, y una vez más el brillo de la Selección apareció en la Copa América de 2007. Ayala, Zanetti, Verón, Mascherano, Cambiasso, Messi, Tévez, Riquelme y Crespo eran algunos de los enormes jugadores que jerarquizaban nuestro fútbol. Pero en la final no se pudo con Brasil y, otra vez, a desmantelar todo lo bueno que se había hecho.

“Basile parte II” se truncó, ese funcionamiento que tuvo en la Copa América empezó a diluirse y la prensa resultadista dinamitó aquel plantel argentino que armó el popular “Coco”. Y si hablamos de popular, Grondona salió gambeteando el problema y le dio la pelota al “10”. En 2008 Diego Maradona se convertía en el DT de la Selección Argentina.

¡La gran generación!

De la mano de Diego pasaron más de cien jugadores y con algo de sufrimiento se llegó a Sudáfrica 2010.

La generación de Mascherano, Di María, Tévez, Higuaín, Agüero y Messi empezaba a transitar hermosos pasajes de la historia del fútbol albiceleste. Otra vez Argentina demostró en Sudáfrica que era “cosa seria” en el Mundial, pero Diego chocó de frente con Alemania. En la propuesta ofensiva maradoniana los europeos golpearon de contragolpe y el 4 a 0 fue indiscutido.

A Diego lo fueron, el Julio del “todo pasa” también hizo pasar al más grande de todos los tiempos. La base del plantel estaba intacta, casi todos los futbolistas brillaban en los mejores clubes de Europa, mientras en Argentina los desplumaban por quedarse en cuartos de final. Una vez más: lo que importaba era el puesto y no el fútbol que fueron capaces de desarrollar.

Sergio Batista tuvo un breve y tumultuoso paso por la Selección, la pobre actuación en la Copa América de 2011 terminó con su cargo. Pero el volantazo de Grondona derivó en un gran entrenador: Alejandro Sabella. De la mano de “Pachorra” se consolidó una idea de fútbol, un juego sólido en todas sus líneas y por momentos vistoso, algo que muy pocas selecciones pueden lograr.

El pico máximo de rendimiento y logros llegó en el Mundial Brasil 2014. Una vez más, jugadores como Demichelis, Mascherano, Di María, Higuaín, Lavezzi y Messi hicieron brillar al seleccionado, que disputó la final. Otra vez el karma de Alemania, en un gran partido de Argentina, en tiempo suplementario los teutones pegaron justo y se quedaron con el título. Nuevamente el exitismo se agitó en la mayoría de los medios argentinos.

«Ser DT de la Selección es desgastante, necesitaba un descanso, no estaba para dar lo que exijo. No iba a ser útil para la Selección, porque no iba a poder dar el 100% que les pido a los demás. Si no podés dar el cien por cien no honrás las convicciones que tenés», así Sabella explicaba el final de un ciclo espectacular.

Despiadados

El tiempo del Tata Martino fue el pico máximo de la cultura del éxito. Las Copas América de 2015 y 2016, donde el equipo volvió a tener grandes rendimientos, fueron machetazos para una Selección que otra vez jugó finales. Fueron tres años consecutivos de altísimo vuelo futbolístico, de llegar al último partido del campeonato más importante del mundo y del continente, donde ningún equipo le ganó a la Argentina en los noventa minutos reglamentarios. Todas fueron derrotas en tiempo suplementario y por penales.

Campeones de América: era en equipo, como siempre

Sobre una de las mejores generaciones de la historia del fútbol argentino la prensa nacional fue exitosamente ignorante para no valorar el nivel de juego y los subcampeonatos. Esa prensa abonó su exitismo en una sociedad fértil de odios y desprecios. Y así fue como un día de 2016 -por la presión y el hostigamiento- Messi dijo “basta, para mí la selección se terminó”. Pero al poco tiempo reflexionó: «Después de decir eso lo pensé frío y no es así. Sería dar un mensaje erróneo a toda la juventud y toda la gente que pelea por sus sueños. Hay que seguir intentando y seguir peleando por lo que uno quiere. Entiendo que la sociedad en Argentina es complicada y, si perdemos, ellos mismos van a pedir que no estemos más».

Llegó Bauza y el equipo anduvo, se fue el “Patón” y lo pusieron a Sampaoli. El técnico que arribaba al seleccionado en el pico de su carrera nunca les llegó a los jugadores, Argentina clasificó al Mundial 2018 jugando mal y en Rusia su papel fue un poco mejor de lo esperado, pero mucho menos de lo que esa talla de jugadores podía dar.

Un poco de justicia

Después de dos años tormentosos volvió a salir el sol. Lionel Scaloni tomó las riendas bajo una lluvia de críticas. “¿A quién dirigió y qué ganó?”, se preguntaban los analistas de resultados. Despotricaron duro contra el joven DT santafesino y le hicieron creer al pueblo futbolero que era un improvisado que tomaba la Selección hasta que AFA designe a un “entrenador a la altura de Argentina”.

Con perfil bajo, con mucho trabajo en grupo y con una clara idea de juego, Scaloni convocó a jugadores que no estaban en el radar de nadie, y sin tirar a la basura a la vieja generación provocó una mixtura ideal para consolidar un estilo de juego y llegar a ese famoso “éxito”. Aunque hubiese sido hermoso ver a muchos de los que pasaron levantar la Copa el 10 de julio de 2021, algunos de esos jugadores tan vapuleados tuvieron la recompensa en el Maracaná, y ante el rival de toda la vida. Y como si fuese poco, para cerrar un gran año, llegó la clasificación temprana al Mundial 2022.

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