Las primeras parteras diplomadas

Formación profesional para las mujeres, mejor salud para las madres y los niños. En las calles de la ciudad de Santa Fe hay una baldosa feminista para recordar la primera escuela de obstétricas.

Mujeres y niñas cautivas del siglo XIX y prostitutas del siglo XX, mujeres afrodescendientes que socializaban bajo un ombú en el sur, alrededor de una vendedora de chipá. Maestras huelguistas y científicas investigadoras pioneras. Las primeras feministas. Y las primeras parteras diplomadas.

A partir de una iniciativa presentada por un equipo integrado por las profesoras Teresa Suárez, Rosa García, Alicia Talsky y Nidia Kreig, en Santa Fe se están generando marcas que relatan la presencia y la historia de las mujeres en la ciudad. Son las baldosas que señalizan las “Memorias Urbanas Feministas”, tal el nombre de la ordenanza que se aprobó en 2021 en el Concejo Municipal, con un listado de siete lugares que buscan recuperar experiencias históricas silenciadas mediante marcas identitarias en la trama urbana, inscribiendo en la memoria local los derechos vulnerados y las resistencias y contribuyendo al patrimonio material e inmaterial de la ciudad.

En la esquina sudoeste de 3 de febrero y San Martín se emplazó la baldosa que recuerda a la primera escuela de parteras de la ciudad, que funcionó entre 1910 y 1922.

Por qué las parteras

La fundación de una escuela de parteras tuvo una singular importancia, por cuanto significó el uso de un conocimiento y tecnología sanitaria para el acto de parir, hasta entonces librado a la pura naturaleza. Las usuarias del “servicio de partos” tenían por primera vez en Santa Fe una atención especializada, con una práctica higiénica, experta, diagnosticada, instrumentada.

Se trataba de un conocimiento sistemático capaz de garantizar en mayor grado tanto la salud de la progenitora –sobre todo amenazada por las usuales infecciones puerperales– como a la de su criatura, a la que se atendía en período posterior al parto. El conocimiento reemplazaba a la intuición y la buena voluntad.

La Escuela de Parteras de Santa Fe fue creada por ley en diciembre de 1910 como formadora profesional para mujeres. Funcionó hasta 1922 en la Facultad de Farmacia y Obstetricia de la Universidad Provincial de Santa Fe, localizada en la esquina sudeste de la intersección de las calles 3 de febrero y San Martín. Las prácticas se realizaban en la maternidad del “Hospital de Caridad”, hoy José María Cullen. En los años de funcionamiento se graduaron 65 profesionales mujeres y 92 fueron autorizadas.

La carrera de parteras, como las demás profesiones del “arte de curar”, fue una propuesta en el marco del Consejo de Higiene, que desde el año 1887 estaba modernizando el rubro salud, e indudablemente en lo concerniente a la femenina, tenía el antecedente de la labor de Cecilia Grierson –primera médica argentina– en Buenos Aires. Si bien en el censo nacional de 1895 ya figuraba la ocupación de partera, se trataba de extranjeras que tenían autorización para ejercer la práctica.

Con la profesionalización, las mujeres que hasta entonces oficiaban con los apelativos “recibidoras”, “comadronas”, “empíricas”, “madamas”, “meicas”, “herbolairas”, pasaron a tener el título de “Parteras” y la tarea se trasladó del domicilio al hospital. Para ingresar a la carrera se requería tener aprobada la escuela primaria y ser mayor de edad. Si la aspirante fuera menor y no casada, requería además la autorización de padres o tutor.

Al crearse, en 1920, la Facultad de Ciencias Médicas, Farmacia y Ramos Menores en Rosario, se organizó el traslado de las escuelas de Obstetricia y Farmacia de la capital de la provincia, que dependían de la Universidad Provincial. El gobernador de Santa Fe, Manuel Menchaca, fue quien solicitó al intendente de la ciudad de Rosario, Cipriano Benítez, un espacio en la Sala de Maternidad del Hospital Rosario para la apertura de la Escuela de Obstetricia, que se inauguró (legitimada por decreto provincial) meses después. Programa y condiciones de ingreso fueron semejantes, excepto que se agregó el requisito de certificado de honorabilidad.

Sobre las baldosas

Las baldosas en la ciudad marcan estos puntos:

= Cautivas segunda mitad siglo XIX: mujeres y niñas de pueblos originarios capturadas en campañas militares y luego repartidas entre familias de la elite santafesina Lugar: Calle San Jerónimo entre Moreno y Buenos Aires.

= “Ombú de la chipacera” fines siglo XIX: espacio de sociabilidad donde Claudia Chapaco, afrodescendiente, elaboraba y vendía sus chipás. Lugar: calle 1º de mayo y Juan José Paso.

= Parteras Diplomadas: Primera Escuela de Parteras de la ciudad de Santa Fe (1910-1922). Lugar esquina sureste de la intersección de las calles 3 de Febrero y San Martín.

= Trata y explotación sexual de mujeres, finales siglo XIX hasta 1936. “La Maison París” uno de los sitios que funcionó en nuestra ciudad. Lugar: Monseñor Zaspe al 3700.

= Amelia Larguía, pionera de la investigación arqueológica. Sociedad Científica de Santa Fe fundada en 1927. Escuela Industrial Superior, Calle Junín esquina 9 de Julio.

= Maestras activistas en la huelga de 1921. Antecedente de la creación de la Asociación del Magisterio de Santa Fe (1928). Bulevar Gálvez entre Laprida y Vélez Sarsfield.

= Primer Centro Feminista 1906. Fundado en la sede de la antigua Biblioteca Cosmopolita. Macedonia Amavet primera presidenta. Salta entre 9 de Julio y 1º de Mayo.

Según las impulsoras del proyecto, “A pesar de los avances conquistados en materia de derechos de las mujeres, los espacios públicos de las ciudades, aún permanecen configurados androcéntricamente. Mientras la percepción del sentido común los considera neutros y universales, la experiencia ciudadana de varones y mujeres en el espacio público difiere. El diseño urbano prioriza y fomenta una manera de ver la ciudad, donde la representación, los usos y necesidades de sujetos no privilegiados han quedado invisibilizados. De esta manera, el espacio público es el escenario donde se generan y reproducen las desigualdades sociales”.

“En general, la toponimia heredada refiere a la conmemoración de acontecimientos vinculados a los varones de la elite que ejercieron la actividad política, militar, constitucional o jurídica y olvida al conjunto de las mujeres”, agregan.

“Memorias urbanas feministas es un proyecto que aspira a crear un itinerario urbano específico, a través de baldosas de la memoria a modo de huella/ marca, que visibilicen la presencia y la agencia femenina en la ciudad y su historia. Las baldosas como huellas, vuelven a darle entidad a las realizaciones de las mujeres, en ellas se materializa la memoria, la reconstrucción de sus vidas, proyectos y acciones. En tanto marcas, generan un puente entre tiempos y generaciones, recuperando del olvido esas necesarias memorias feministas”, dicen.

Objetivos

Los objetivos de las baldosas de las Memorias Urbanas Feministas son:

= Promover y visibilizar la presencia/agencia activa de las mujeres en la narrativa urbana desde una perspectiva de género, contribuyendo a valorar, preservar y difundir ese patrimonio político, cultural, material e inmaterial para las nuevas generaciones.

= Enriquecer la historia común compartida y aportar a la experiencia de las mujeres del presente genealogías feministas con historia.

= Visualizar en la trama urbana los derechos vulnerados, las violencias sociales e institucionales contra las mujeres y las resistencias del universo femenino frente al poder.

= Generar un itinerario urbano y un conjunto de materiales educativos que contribuyan a promover la participación ciudadana en acciones concretas que visibilicen la historia de las mujeres en favor de una ciudad más equitativa e inclusiva.

Texto: Teresa Suárez, Nidia Kreig, Rosa García y Alicia Talsky.

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