Caminar otra vez la ciudad de Saer

Para celebrar el cumpleaños de Juan José Saer, el próximo sábado tendrá lugar una nueva edición de la caminata por los lugares emblemáticos de su obra. La convocatoria es a las 9:30 en el Café Tokio Norte (Rivadavia 2973). El recorrido dura una hora y media y está guiado.

Desde hace algunos años se realizan en la ciudad de Santa Fe unas caminatas saereanas tituladas La ciudad narrada, en las que se hace foco no solo en la literatura que puede encontrarse en las calles, sino también en ciertos detalles arquitectónicos. Por lo general, el punto de reunión es la casa de la calle Mendoza donde vivió Juan José Saer; desde allí se camina hasta la peatonal para recorrer varios lugares mencionados en Glosa, desviarse hacia el edificio del Correo Central —donde funcionaba la estación de colectivos en los años en que Saer vivió en la ciudad y donde comienza Lo imborrable— y terminar en el tradicional Café Tokio Norte, donde se desarrolla la primera escena de Cicatrices, con el narrador inclinado sobre la mesa de billar.

Las caminatas son una experiencia singular. A medio camino entre una visita turística y una clase al aire libre, tienen algo de ambas. Durante una hora y media, la ciudad cotidiana empieza a superponerse con esa otra ciudad que Saer no nombra en su ficción, pero que sus lectores podemos reconocer en la mesita de un bar, en la fachada de un hotel o en la luz que cae sobre una vereda.

En una de las ocasiones me tocó guiar la caminata y de esa experiencia rescato que lo más rico no es tanto lo que los guías tengamos para decir, sino los aportes que pueden hacer los otros lectores. Eso se vuelve todavía más evidente cuando participan personas que no residen en la ciudad. Para quienes vivimos en Santa Fe, esas intervenciones siempre tienen algo revelador: en sus caras de sorpresa, al reconocer finalmente lugares que hasta entonces solo habían conocido en las palabras, aparecen detalles que nosotros, por costumbre o cercanía, habíamos dejado de ver.

Lo mismo ocurrió en las ocasiones en que se sumaron como guías expertos saereanos como Martín Prieto. Por más que hubieran leído muchas veces las novelas y los cuentos, hay algo que solo termina de entenderse cuando se caminan esas calles. Una referencia que parecía abstracta se vuelve concreta; una distancia entre dos puntos modifica el sentido de una escena. Un bar, una casa o una esquina dejan de ser apenas nombres y pasan a formar parte de una experiencia física de lectura.

Ni hablar si toca un día de calor y la caminata les permite a los desprevenidos visitantes sudar bajo el sol santafesino. La Saer Full Experience.

Continuando con ese espíritu, el próximo sábado 27 de junio tendrá lugar una nueva edición de la caminata, coincidente con el cumpleaños de Saer, nacido el 28 de junio de 1937. Esta vez, el recorrido invertirá su sentido por una buena razón: comenzará a las 9:30 en el Café Tokio Norte para luego recorrer la peatonal de Glosa y otros puntos del centro santafesino, como el antiguo diario La Región, el hotel Castelar, el Bar Gran Doria y el viejo Mercado Central —actual Plaza del Soldado—, hasta finalizar en la Casa Tomatis, en Mendoza 2811.

La novedad de esta edición es que los caminantes podrán ingresar a la casa en la que vive Carlos Tomatis en la ficción, el alter ego más conocido de Saer, y que en la realidad lo alojó durante muchos años. La propiedad fue construida por el padre de Saer en la década del 50’, cuando la familia, oriunda de Serodino, se mudó a la ciudad. Desde hace unos meses, José Tuma, sobrino de Saer, la está poniendo en valor con la dirección técnica del arquitecto Javier Mendiondo. Hasta hace poco vivió allí Mabel, la hermana del escritor, quien en una de las últimas caminatas salió al balcón a saludar a los lectores de su hermano.

Quienes visiten la casa podrán encontrarse con una edificación recuperada, pero que mantiene el espíritu de la época en que fue no solo escenario de cuentos y novelas, sino también el lugar material de la escritura. Podrán subir por la famosa escalerita que lleva a esa pieza de escritor, con su biblioteca armada con ladrillos y tablas de madera, y el cuadro que reproduce Campo de trigo con cuervos, de Van Gogh. Por primera vez en el marco de las caminatas se podrá acceder a ese punto en el que la biografía y la literatura se tocan.

La caminata estará guiada por el arquitecto y docente universitario Javier Mendiondo y por Paulo Ricci, secretario de Desarrollos Culturales de la provincia de Santa Fe. Invitan el Ministerio de Cultura de la Provincia, Ediciones UNL y Espacio Colectivo. La cita es el sábado 27 de junio a las 9:30 de la mañana en el Café Tokio Norte, Rivadavia 2973.

Llevar abrigo. Recordemos que, sobre ese lugar puntual de la ciudad, en junio, Saer escribió en 1969:

“Por la vidriera entra esa luz de porquería que no calienta nada. Hace más frío que no sé qué. Hace falta un sol como la gente, no una luz aguachenta como ésta, que para lo único que sirve es para mostrar cómo el cigarro que él acaba de tirar sobre las baldosas está todavía encendido, porque sube una columnita de humo que va disgregándose —azul— y después desaparece. Parecen siempre la misma columnita y siempre la misma zona de disgregación —tan lento es todo—, y no un humo que fluye continuo y después se disgrega, en medio del bloque imaginario de luz. Bloque, qué va a ser un bloque, esa luz de porquería: no sé de qué sol podrido puede estar llegando. No tiene nada que hacer aquí; no sirve para nada. Que se vaya y se dedique a entrar por la vidriera de algún bar en algún otro planeta, un planeta de hijos de malas madres. Que no venga aquí. Aquí hace falta otra luz: una luz ciega, caliente, árida, al rojo blanco. Porque hace mucho frío. Hace un frío de la madona. Un frío del carajo hace. El casquete polar debe ser un poroto comparado con esto. En la Antártida, en comparación, uno podría andar en pelotas lo más tranquilo. Es la locura. Aquí uno echa un gallo y cae un cachito de hielo sobre la vereda. Todo el mundo anda escupiendo escarcha. Antes de ayer sin ir más lejos un tipo que andaba por calle San Martín abrió la boca para saludar a un amigo que pasaba por la vereda de enfrente y no la pudo volver a cerrar porque se le llenó de escarcha. Tuvieron que aplicarle un soldador para que pudiese volver a cerrarla, porque el frío que le estaba entrando por la boca abierta había empezado a congelarle la sangre. Si esto sigue así, en la primera de cambio me meto en la cama con noventa frazadas y no asomo la nariz hasta el mes de enero”.

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