A pocas horas de la victoria que conseguía Argentina ante Suiza finalizaba el artículo con esta frase: La felicidad es hoy, el futuro será el recuerdo más glorioso de un seleccionado que alcanzó la cima de la historia del fútbol argentino.

El “hoy” de la derrota ante los españoles es tristeza, por supuesto. Así lo siente nuestro corazón futbolero roto, porque somos competitivos, orgullosos de “la nuestra” y nos identificamos eternamente con esta Selección que demostró que se puede volver del más allá de las derrotas y transformar una cuasi despedida (Egipto, Suiza e Inglaterra) en una alegría descontrolada.

El Mundial 2026 será recordado por la épica, por ese mensaje de no darse jamás por vencido, por entender que la unidad de lo colectivo es la mejor receta de los proyectos de la vida, por dejarse llevar por liderazgos que se aferran a una idea de trabajo y a una manifestación contante de las emociones.

Aquí estamos, hoy masticando la derrota de una final que nos vuelve mortales, y al mismo tiempo inolvidables. ¿Cómo vamos a olvidar al mejor proceso de la Selección Argentina de todos los tiempos? ¿Olvidar a Messi (no tengo más adjetivos para este tipo)? ¿Cómo haremos para olvidar a un tipo que nos mostró que pensar, trabajar, liderar y liberar emociones entra todo en un apellido: Scaloni?

Estoy obsesionado con el tiempo, quiero quedarme en este Mundial, deseo abrazar y no largar más al presente. Cuando los años te dan leves recuerdos del primer título (1978), fuego eterno en el corazón maradoniano de 1986 y disfrute de compartir con las nuevas generaciones el logro messiánico en 2022, después de eso aparece el “Ya está”, como le decía Lionel a Antonella en Qatar. Y no estaba un carajo, había más, mucho más Messi (¿el mejor?), más Scaloneta, había otro histórico 2 a 1 contra los ingleses y remontadas que no se atrevieron a guionar en ninguna productora de cine.

No quiero dejar ir a este presente, no puedo parar de pensar en todos los mensajes positivos que le deja al país esta Selección Argentina, aunque a los pocos minutos todo se transforme en la mierda momentánea que nos gobierna.

Escribo esto y lo escucho a Scaloni en la tele, puso en duda su continuidad al frente del seleccionado y se largó a llorar en la conferencia de prensa. “Siento la necesidad de pensar porque no sé si voy a poder hacer algo tan grande como esto”. A vos y a mí también se nos estrujó un poco más el corazón. Y lo sigo escuchando, y dice: “Mi lugar es el lugar soñado para todos. Hemos intentado hasta el último momento dar el máximo como cuerpo técnico, los jugadores también, y creo que es justo pensarlo. Este lugar es maravilloso. En mi vida pensé estar en este lugar. Para seguir se necesitan un montón de cosas. Sobre todo volver a resetearse, a formar un grupo como este, que difícilmente se vuelva a formar. Me duele en el alma. Lo siento”.

El llanto de Messi de cara a hinchas argentinos y el de Scaloni en conferencia de prensa representa el dolor de despedir a un presente histórico que no tiene vuelta atrás. Nos fuimos a dormir con la tristeza de la derrota y el miedo a ese futuro sin la conducción de los Lioneles.

La pibada está de vuelta la escuela sin Mundial y no habrá manija en el laburo que nos haga olvidar por unas horas de los hermanos Milei. Repasaremos la Copa del Mundo como fotos viejas y apenas seremos ese tango de la eterna melancolía argenta.

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