Crecen los nuevos consumos de nicotina entre adolescentes

Aunque el consumo de cigarrillos tradicionales muestra una tendencia descendente, el vapeo y las bolsas de nicotina plantean nuevos desafíos para la prevención. En Argentina, el 30% de los adolescentes de entre 14 y 17 años probó alguna vez un vapeador.

El descenso del consumo de cigarrillos tradicionales no implica necesariamente una reducción de la dependencia a la nicotina. La aparición de vapeadores, cigarrillos electrónicos y bolsas de nicotina modificó el escenario del tabaquismo, especialmente entre adolescentes, y plantea nuevos desafíos para las políticas de prevención.

Según un informe del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la prevalencia del consumo de cigarrillos pasó de alrededor del 35% al 22,6% en la última década. Sin embargo, la disminución del tabaquismo convencional no se traduce de manera automática en una menor exposición a la nicotina, ya que otros productos ganaron terreno entre las generaciones más jóvenes.

“Si bien disminuyó el consumo de cigarrillos combustibles, aumentó el uso de otros productos con nicotina”, advirtió el médico Raúl Mejía, consultor de la División de Medicina Interna General del Hospital de Clínicas. Según el especialista, esta transformación puede mantener o incluso aumentar la proporción de personas que desarrollan dependencia a la sustancia.

El avance del vapeo

En Argentina, el 30% de los adolescentes de entre 14 y 17 años asegura haber probado alguna vez un vapeador y el 20% declara haberlo utilizado durante el último año, de acuerdo con datos del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) citados en el informe.

Aunque estos dispositivos no funcionan mediante la combustión del tabaco, eso no significa que sean inocuos. El consumo puede producir daños en el sistema respiratorio y favorecer la adicción a la nicotina, advirtió Mejía.

La magnitud del fenómeno también aparece en el séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria, elaborado por el Observatorio Argentino de Drogas en 2025. Según los resultados citados por el Ministerio de Salud de la Nación, los vapeadores y cigarrillos electrónicos registraron una tasa de consumo del 35,5% entre estudiantes secundarios. El crecimiento de estos productos también se vincula con su presentación, sus sabores y la percepción de que representan una alternativa menos dañina que el cigarrillo convencional. Sin embargo, la presencia de nicotina mantiene el riesgo de dependencia.

Bolsas de nicotina y la idea de un consumo más seguro

Otro producto que comenzó a ganar visibilidad son las bolsas de nicotina, pequeñas unidades que se colocan en la boca y liberan la sustancia sin necesidad de fumar ni inhalar un aerosol. Pueden contener nicotina sintética o derivada del tabaco, además de saborizantes y otros componentes.

El jefe de Toxicología del Hospital de Clínicas, Gabriel Arcidiacono, señaló que la ausencia de combustión no elimina los riesgos: la nicotina continúa siendo adictiva y puede provocar efectos sobre el corazón y la boca. En casos de consumo excesivo, además, existe riesgo de intoxicación. El especialista también advirtió sobre la posible presencia de metales pesados y sustancias cancerígenas en algunos productos.

La percepción de que determinados consumos son más naturales o menos perjudiciales tampoco se limita a los dispositivos electrónicos. Un estudio citado por el informe encontró que algunos adolescentes consideran que los cigarrillos armados son menos nocivos que los industriales, en parte por las descripciones que aparecen en sus envases, como “natural” o “libre de aditivos”.

Pero ambos tipos de cigarrillos queman tabaco y generan sustancias tóxicas. Arcidiacono explicó que la combustión, a temperaturas superiores a los 800 grados, libera miles de compuestos químicos, muchos de ellos cancerígenos, que afectan los pulmones, el corazón y otros órganos. Algunos estudios incluso registran mayores cantidades de nicotina y alquitrán por cigarrillo en los armados, así como riesgos para la boca, la garganta y la laringe.

Por qué la nicotina genera dependencia

La nicotina es el principal componente adictivo de los productos del tabaco. De acuerdo con Sandra Braun, médica a cargo del Consultorio de Cesación Tabáquica del Hospital de Clínicas, cuando una persona fuma la sustancia llega al cerebro en cuestión de segundos y activa receptores que favorecen la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y la recompensa.

Con el consumo repetido, el cerebro se adapta a la presencia de nicotina. De esta manera, la persona puede comenzar a consumir no solo para experimentar sus efectos, sino también para evitar el malestar que aparece cuando intenta dejarla. Ese mecanismo contribuye al desarrollo y al mantenimiento de la dependencia.

En adolescentes, la preocupación es mayor porque el cerebro continúa desarrollándose durante esa etapa y hasta la adultez temprana. Arcidiacono advirtió que la nicotina actúa sobre circuitos vinculados con la recompensa y sobre regiones como la corteza prefrontal, involucrada en la atención, el aprendizaje y el control de los impulsos. Por eso, la exposición durante esta etapa puede tener consecuencias sobre el desarrollo y favorecer una dependencia duradera.

Una nueva regulación para los productos de nicotina

El escenario también cambió en materia normativa. En mayo de 2026, el Ministerio de Salud de la Nación aprobó, mediante la Resolución 549/2026, un nuevo marco regulatorio para los productos de tabaco y nicotina de nueva generación. La medida reemplazó el esquema de prohibición vigente por un sistema de registro, control y fiscalización.

La normativa contempla cigarrillos electrónicos, vapeadores, dispositivos de tabaco calentado, líquidos para vaporización y bolsas de nicotina, con requisitos sanitarios y de comercialización. Entre otras disposiciones, incorpora advertencias en los envases, restricciones a los diseños y mensajes que puedan resultar atractivos para niños y adolescentes y limitaciones a los sabores autorizados. También prohíbe los cigarrillos electrónicos descartables con soluciones precargadas.

Según el Ministerio, el objetivo es establecer estándares de calidad, fortalecer la vigilancia sanitaria y combatir el comercio ilegal. El cambio regulatorio no significa que estos productos sean seguros ni que hayan desaparecido los riesgos para la salud: apunta a controlar un consumo que ya existe y que la prohibición anterior no había logrado impedir.

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