La historia olvidada de las travestis que brillaban en la calle Corrientes

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Ana Lupez, en la tapa de ¡Que me quiten lo bailado!, de Bárbara Di Rocco.

Bárbara Di Rocco estuvo en Santa Fe presentando su libro “¡Que me quiten lo bailado!”, una biografía de la legendaria Ana Lupez pero que es también un rescate arqueológico de las travestis fundacionales del teatro de revista. “Con ella fuimos hermanas, amigas, maridas”, dice en el prólogo Moria Casán. Lupez falleció esta semana a los 82 años.

Bárbara Di Rocco llega un rato antes de su presentación a Demos y la verdad es que podría subirse así nomás (que no es para nada “así nomás”) al escenario a hacer algún cuadro de revista. Pero cuando se sienta en el living preparado para la ocasión, lo que despliega es una clase de historia, de arqueología, de archivística; de sensibilidad, humor y furia trava.

“Soy polirrubro yo”, dice entre risas cuando le preguntamos cómo se define hoy en relación a su trabajo. “Yo creo que soy una indefinida. Dentro de todas las definiciones que entran, una indefinida total. Desde el activismo, la escritura, la ESI, la actuación, de guionista, investigadora. Y mañana no lo sé, mañana vendrá otra cosa más”.

Efectivamente, Di Rocco tiene una larga trayectoria en todos esos ámbitos: la militancia trans-trava, la escritura de libros para infancias que fueron material de trabajo en clases de Educación Sexual Integral, actuación (en Tesis sobre una domesticación, con Camila Sosa Villada), de guionista (recientemente en la serie de Cris Miró) y como investigadora, que es lo que la trajo a Santa Fe.

“Hoy estoy acá presentando una charla, que estoy llevando por varios lugares del país, que se llama ‘Pioneras trans del espectáculo’, haciendo una revisión de las compañeras olvidadas que nadie menciona. Porque todos creen que el mundo trans en el espectáculo apareció luego de Cris Miró, pero no. Y en eso estoy yo, investigando, en la búsqueda de esas pioneras”.

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Les Girls 71 fue una célebre compañía brasileña de artistas y performers travestis que revolucionó la noche de Buenos Aires en julio de 1971. Fuente: Archivo personal de Suzy Parker.

Con una pantalla y control en mano, Barbi comienza a desplegar un archivo único de registros de diarios, revistas y fotografías: imagenes de mujeres trans/travestis desde 1902, las Maricas Unidas Argentinas (MUA) de la década del 40; la vedette francesa Coccinelle, operada, rebautizada y casada por iglesia en los 50; y un sinfín de registros de trans y travas en la revista porteña rodeadas de los grandes nombres de nuestra cultura popular: Moria Casán, Mirtha Legrand, las hermanas Pons, las Nélidas (Roca y Lobato), Miguel Romano, Ante Garmaz y tantos otros.

Sí, todos esos grandes nombres, en ese momento (finales de los 60 y los 70), compartiendo marquesinas, escenarios, cabarets y la vida social, no con una travesti, con compañías completas de travestis. Este hallazgo que realiza Di Rocco nos hace rever la historia del teatro de revista, del espectáculo y de esa cultura popular desde otro lugar.

La Lupez

El libro recupera, específicamente, la historia de Ana Lupez, quien estaba pasando un delicado estado de salud cuando ocurrió esta presentación y entrevista, y que finalmente falleció este miércoles 14 de octubre a los 82 años.

Consultada sobre por qué decidió recuperar la historia de Lupez, Di Rocco dice: “Porque le debemos eso, le debemos su reconocimiento. Ana Lupez es una de las grandes pioneras de este país. Hoy tiene 82 años, es la más longeva. Ella se fue en dictadura exiliada, amenazada, luego de pasar más de 11 detenciones. Fue una gran vedette argentina, que hasta Mirtha Legrand llegó a verla en el teatro cuando estaba en su época de directora de espectáculo y coreógrafa, porque era otra polirrubro, hacía de todo”.

El libro cuenta una historia de vida atravesada por una de las épocas más oscuras de nuestro país y en décadas donde hoy resulta casi imposible visualizar un despliegue de identidades tan visibles y ruidosas. Una época donde, a pesar de esas oscuridad, un importante grupo de travas y maricas, se las arregló para brillar bajo las luces más estridentes del teatro nacional.

Bárbara Di Rocco en Santa Fe. Foto: gentileza Demos.

Y tan brillantes eran, tan respetadas y admiradas, que, cuenta la historia, hasta el mismísimo presidente de facto Lanusse disfrutaba de esos shows y por eso les había dado un permiso para andar “vestidas de mujer” fuera del teatro. Un papelito con nombre y apellido que les autorizaba la “libre circulación” y que las hacía inmunes a la persecución policial de esos días. “Era como tener un documento en oro. Un pasaporte a la libertad. Un permiso a la identidad. Una llave mágica”, cuenta la Lupez en el libro.

Pero desde el 24 de marzo de 1976 este pasaporte a la libertad ya no tuvo validez y la existencia de todas estas artistas fue apagada y su historia borrada. O al menos eso intentaron. travestis

Ana Lupez es una de esas amigas de Moria que aparece en la serie que recientemente fascinó al país. Una de las maricas que la diva va a sacar de la comisaría. Algo que la misma Moria cuenta en el prólogo del libro. “En ese final es donde ella se refugia en la casa de Moria. Es una amistad de muchos años, Moria vivió su transición hasta que se fue y por eso es quien escribe el prólogo”, cuenta Barbi.

Ana Lupez.

Lupez vivió los años del exilio en España y tuvo una carrera muy exitosa. “Llegó a ser empresaria, a darle trabajo a un montón de artistas. Lo mismo que hizo acá en Argentina, de armar un grupo muy grande de artistas, lo pudo hacer allá también”, cuenta Barbi.

La Lupez vivió estos últimos años en Mendoza y murió a los 82 años, una edad lamentablemente inédita para las travas de estas latitudes. “Ella rompe con esa expectativa de la que estamos hartas. Yo quiero que mi expectativa de vida sea la de Ana Lupez, no la que estamos acostumbradas”, decía Barbi.travestis

El documental que contendrá esta historia y la de otras pioneras que Di Rocco fue encontrando y contactando, tanto en Argentina como afuera (las que nunca volvieron del exilio y siguen vivas), ya lleva dos años de trabajo y está en la etapa final de posproducción. travestis

Además de la idea de rescatar estas historias de vida, la realizadora dice que lo que quiere mostrar es algo con lo que se asocia poco a las historias de vida de las trans: el disfrute. “Es todo lo contrario a lo que estamos acostumbradas a ver sobre nosotras. Yo quiero saber cuál era su disfrute, cuáles eran los momentos dentro de la dictadura en los que podían ser felices, que podían salir a bailar, que podían comerse un pancho en la Costanera. Esos testimonios para mí son los más valiosos, porque también ponen un poco de esperanza, y más hoy en día con todo lo que está pasando”.

Y sobre esto último, Di Rocco agrega: “Nuestra identidad está siempre en debate, siempre nuestros derechos están en peligro. Y ahí es donde yo las pongo de ejemplo diciendo: si ellas pudieron sobrevivir a una dictadura que las amenazaba directamente con matarlas ¿quiénes somos nosotras para bajar los brazos? Para ellas en esa época hubiera sido más fácil cortarse el pelo, ponerse saco y corbata, y listo, pero ellas se bancaron hasta la última paliza bajo el nombre que les correspondía, el nombre que ellas sentían”.

Bárbara Di Rocco en Santa Fe. Foto: gentileza Demos.

— ¿Qué fue lo que más te impactó de la historia de Ana o de otras pioneras?

— Me gustó saber que conoció el amor, que conoció el dinero, que conoció el éxito. Esas historias que no estamos acostumbradas a escuchar. Yo quiero ir por todo lo contrario a lo que se contó de nosotras: que existe la felicidad, que existe el dinero, que existen los tipos que te quieren, que se puede viajar, que se puede tener una vida feliz. Y no hablo de una nube de pedos, sino ser conscientes de la realidad y saber que muchas veces venimos del barro, pero que ahí en ese barro mismo también nacen flores. Y siento que en la vida de estas mujeres maravillosas y que lucharon, hubieron muchas recompensas. La amistad es una de ellas, que hasta el día de hoy se llamen, se pregunten cómo están. Cuando una no atiende el teléfono por una semana ya se preocupan. Saber que, en aquella época, se pudieron comprar un tapado de piel, que pudieron irse de vacaciones, comprarse departamentos.

— ¿Y cómo ves el clima social hoy en el país, con tanto discurso de odio dando vueltas?

— Con el escudo levantado, siempre tratando de defendernos de los flechazos que te vienen de cualquier lado, pero por suerte estamos un poco más organizadas. Yo supe armar mi comunidad, sé que si hay que ir a prender fuego algo están mis amigas. Es importante no perder esta furia trava, que ellas no pudieron tenerla en los 70 porque eso significaba que las suban a un avión y que las tiren al río.

Autora: Titi Nicola | CC-BY-SA-4.0.

La red travestis

En la charla previa con Pausa, y luego en la presentación ante un público nutrido de pibas y pibes trans, maricas, tortas y demás, Di Rocco hizo hincapié en algo que considera fundamental de su trabajo: no son los libros o el documental en sí, sino lo que la búsqueda de estas historias fomentan y, entiende ella, deben fortalecer: los lazos, el contacto, la red con estas “abuelas” travas.

“Cuando por ahí se me acercan en estas presentaciones y me cuentan de alguna, yo lo primero que hago es preguntarles: ‘¿y vos la vas a visitar?’, como que dejo esa tarea constante”, explica. “Porque es lo primero que yo le pregunto a las chicas: ‘¿estás bien? ¿Tenés algo caliente? ¿Necesitás algo? ¿Fuiste a hacer los mandados? ¿Pudiste pagar la luz? ¿Cobrás la jubilación? ¿Necesitás ir al banco?’. Eso antes que la foto, antes que el posteo, antes que el libro, antes que la charla. Es un acompañamiento constante, eso es la comunidad”.

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