Pentecostales, celulares, cipayismo, fallida renovación dirigencial, voto útil y una ultraderecha sin vacilaciones ni escrúpulos. Las encuestas fallaron feo por enésima vez y pese a los muy buenos resultados económicos de su gestión, Lula da Silva enfrenta una probable derrota total, porque a las Cámaras y las gobernaciones ya las perdió.
No está todo dicho, pero la diferencia que obtuvo Flávio Bolsonaro sobre Lula da Silva en la primera vuelta electoral en Brasil parece sellar la suerte del balotaje que tendrá lugar dentro de tres semanas. Hay poco más de dos millones de votos de diferencia, más de nueve millones de votos que fueron para otros candidatos y más de 33 millones de personas que no fueron a votar. Aun triunfando, Lula vería muy restringida su capacidad de maniobra. El bolsonarismo avanzó fuerte en las cámaras legislativas y en las gobernaciones, mientras que el oficialismo retrocedió.
Cualitativamente, Lula perdió más votos en las localidades chicas y rurales, con caídas que rondan los siete puntos porcentuales. Sin embargo, en volumen, la mayor pérdida de votos está en el sudeste y las localidades con más de 100 mil habitantes.
Más allá de las cifras, la cantidad de factores que inciden en las preferencias electorales desorienta el análisis y reafirma la dimensión astrológica de la encuestología, que una vez más le erró feo, entrando ya en casi 15 años de no pegar una en las contiendas importantes.
Hay algunos puntos que parecen claros. Las iglesias pentecostales operan como partido político para las derechas y tienen una penetración popular que supera a la de cualquier otra organización social, sea sindical o territorial. Compiten palmo a palmo con las organizaciones criminales y, por ello, son representantes de lo bueno, del orden y la civilidad. Observación válida para Argentina, a no quejarse de lo que se deja de lado.
Desde que la vida real y la vida virtual quedaron todas pegoteadas a través de los celulares y las redes sociales, el espacio de la opinión pública se volvió una porqueriza completamente manipulada por cuatro empresas yanquis. Complejizar más ese asunto es perder de vista esos determinantes fundamentales. Quienes se defienden realmente de Estados Unidos no permiten que ni una de sus empresas de dominación digital toquen ni siquiera una neurona de su población.
Sea por el lado de la religión o de la conectividad, cada día parece más claro que hay una porción gigante del electorado sudamericano al que le importa muy poco o nada las cuestiones concretas relativas a la soberanía. En sus hechos y declaraciones, Donald Trump y sus candidatos reiteran explícitamente las relaciones de sumisión y coloniaje extractivo, que ese electorado las festeja.
Finalmente, cabe observar cómo es que construye su política esta derecha. Flávio Bolsonaro ni siquiera es el mejor de los hijos de Bolsonaro, que de por sí es impresentable. Las derechas sudamericanas ofrecen tetonas, tipos como el Dippy, payasos violentos como De la Espriella, nuestro loco de la motosierra. No vacilan, defienden lo propio en cualquier contexto, no tienen miedo en denigrar a su adversario –hasta el punto de que sienta vergüenza– y no tienen pruritos en mentir duro y usar fake news e IA para ganar. Lo dijimos en 2019, cuando parecían que habían quedado atrás: vinieron para quedarse y no-les-cabe-ninguna. ¿Acaso los principios éticos de las izquierdas populares sudamericanas se están volviendo tabiques tácticos para las victorias políticas? Vale plantear la pregunta por una sola razón: cada vez será más recurrente.
¿Tiene chances Lula?
Lula admitió su decepción con el resultado: “Estaba convencido de que iba a ganar”, afirmó y luego agregó “a partir de mañana comienza la nueva campaña”. Flávio celebró el resultado y apuró: “Es el fin de la era del PT”.
Parece que queda mucho por disputar, pero tampoco es tanto. Las cifras de ausentismo fueron altas, pero se mantienen dentro del rango histórico. Votó el 78,92% del electorado y en la segunda vuelta de 2022, cuando Lula ganó por un pelín, un 79,41% fue a votar. Es decir, se va a rascar votantes indiferentes, pero no se puede esperar grandes saltos.
Arriba de esto, las fuerzas que quedaron fuera de carrera lejos están de hallarse a la izquierda del PT. Los tres más votados y de mayor peso fueron Augusto Cury. Renan Santos, y Ronaldo Caiado, que suman casi la totalidad de los votos en disputa. El primero es un psiquiatra paracaidista en la política, el segundo es un jovencito libertario que corre por derecha a los Bolsonaro y el tercero es un político tradicional de derecha, ex gobernador de Goiás. Lo mejor que puede pasar es que sus electores no vayan a las urnas. Los tres se declararon prescindentes y dieron libertad de acción.
Un punto de lectura es que Bolsonaro captó voto útil. Es decir, que está muy cerca de su techo, que ya aspiró todo lo que podía aspirar de los otros contendientes afines. El escenario electoral previo parece darle lugar a esta hipótesis: analistas, medios y encuestas daban por sobrada la victoria de Lula; es un aliciente para la concentración electoral de su adversario.
Hay cierta esperanza en el desacople entre la segunda vuelta y las elecciones a gobernador, que ya están saldadas. Uno de los puntos centrales al respecto se da en San Pablo, donde Tarcísio de Freitas fue reelecto en primera vuelta con 62%, venciendo al ministro de Economía, y perno electoral, Fernando Haddad, que cosechó 36%. Tarcísio pretendía ser el candidato nacional del bolsonarismo; en su carrera personal le conviene enfrentar en un futuro a un oficialismo de izquierda. Con su gobernación asegurada, habrá que ver cuánta fuerza de movilización pone en un estado que tiene 34 millones de electores, donde Bolsonaro le sacó tres millones de votos de diferencia a Lula.










