En la cuenta regresiva: Lula reorganiza su campaña y la militancia sale a las calles

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Por Joel Sidler (*) Lula

El resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas cayó como un balde de agua fría en los comandos de campaña de Lula da Silva y en toda la izquierda latinoamericana. Una vez más, las encuestas sub-representaron a los votantes de derecha y anticiparon un escenario diferente al de las urnas. El candidato del PT quedó por detrás de Flávio Bolsonaro, quien supo acaparar los votos de todo el arco opositor y eliminar de la competencia a los terceros candidatos. La diferencia fue relativamente estrecha, pero el impacto político expuso problemas de organización, comunicación y movilización territorial, obligando al Partido de los Trabajadores a revisar su estrategia para buscar la hazaña de dar vuelta los resultados.

La respuesta tomó forma en los días siguientes. Durante estas semanas hubo cambios en la coordinación de la campaña, ajustes en el discurso de Lula, una intensificación de la actividad en las redes sociales y una mayor presencia en las calles. Así, el camino hacia la segunda vuelta empezó a combinar dos dinámicas que no necesariamente avanzan al mismo ritmo. Por un lado, una conducción que busca corregir sus errores y recuperar capacidad de iniciativa. Por otro, una sociedad movilizada que, frente a la posibilidad de una victoria de la derecha bolsonarista, asumió la tarea de sostener y ampliar la campaña. Estudiantes, grupos de militantes, creadores de contenido y organizaciones vinculadas a la cultura popular promovieron acciones en las calles y en las redes. En varios casos, estas actividades surgieron sin una orientación centralizada y antes de que la estructura oficial consiguiera articular una respuesta nacional.

El comando de campaña de Lula reorganiza “desde arriba”

La nueva estrategia buscó incorporar a figuras jóvenes, con llegada a públicos más amplios y una fuerte presencia en las redes sociales, para renovar los lenguajes y las formas de intervención de la campaña. Entre ellas se destacan Ana Elisa, de 21 años, diputada federal electa por Minas Gerais y la legisladora más joven de la historia de la Cámara de Diputados; Erika Hilton, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), que alcanzó el récord histórico de votos entre las mujeres electas para la Cámara de Diputados; y Jones Manoel (PSOL), también diputado federal electo y con una importante presencia digital. Sus incorporaciones apuntan a fortalecer la comunicación de Lula en un terreno en el que la derecha brasileña se mueve con facilidad. La llegada de estas figuras a Brasilia apuesta por construir una estrategia de campaña más allá de los canales tradicionales del PT, aprovechando la producción de contenidos, las audiencias y seguidores de estos referentes digitales.

La reorganización buscó darle un nuevo impulso a la campaña y multiplicar la presencia de Lula tanto en las calles como en las redes. Lula intensificó su participación en actos de movilización y recurrió a videos breves (en formato selfie) y mensajes adaptados a las redes sociales. Al mismo tiempo, la estrategia procuró vincular la disputa electoral con cuestiones concretas de la vida cotidiana. Entre los ejes de la campaña aparecieron la defensa de los programas sociales, las propuestas relacionadas con el mundo del trabajo (en particular, la reducción de la jornada laboral bajo el régimen 6x1, aprobada la semana pasada) y los mensajes dirigidos a sectores que no necesariamente forman parte del núcleo tradicional del lulismo.

También se produjo un endurecimiento del discurso sobre seguridad pública, con el apoyo expreso de Lula a bajar la edad de imputabilidad de 18 a 16 años para delitos como el homicidio, la extorsión, violación y portación de armas ilegales. El giro responde a una dificultad histórica de la izquierda brasileña (y en general del amplio campo progresista) para disputar un tema que ocupa un lugar central en las preocupaciones de amplios sectores del electorado y en el que la derecha ha logrado instalar buena parte de los términos del debate.

En este escenario, las decisiones del comando buscan orientar y amplificar el mensaje electoral, reorganizando sus recursos y definiendo prioridades. Al mismo tiempo, la movilización social, las iniciativas de ciudadanos y colectivos producen contenidos, convocan encuentros y generan formas de participación que pueden extenderse más allá de los canales oficiales.

Las calles y las redes mueven “desde abajo”

Frente a la preocupación por el resultado de la primera vuelta, diversos actores se movilizaron para convocar a manifestaciones, producir y compartir materiales, disputar sentidos en las redes sociales y generar espacios de encuentro y conversación con otros electores. La campaña dejó de ser una actividad conducida exclusivamente desde las estructuras políticas para convertirse en una tarea asumida por ciudadanos y colectivos que se reconocían como parte de la disputa electoral. En este marco se gestó el apoyo de los fandoms con Lula, donde seguidores de artistas como Beyoncé, BTS, Lady Gaga y Taylor Swift comenzaron a compartir publicaciones de la campaña petista.

Para muchos de quienes salieron a las calles o se involucraron en distintas iniciativas, una eventual victoria de Flávio Bolsonaro representa la posibilidad de profundizar una orientación política con consecuencias perjudiciales sobre los derechos sociales, las políticas públicas y la convivencia democrática. La participación de la comunidad universitaria es una de las principales protagonistas de esta movilización, tanto por su capacidad de organización territorial como por las motivaciones políticas que impulsan a involucrarse. Esto se observa en el testimonio de Solaris, estudiante de posgrado de la Universidade Federal de Santa Catarina (UFSC), que actualmente integra el Comité Popular Luiz Carlos Prestes y desarrolla actividades de campaña mediante la distribución de materiales, recorridas casa por casa y la participación en actos conjuntos con otras organizaciones. El Comité funciona con una planificación diaria, con distribución de tareas y horarios entre los participantes para cubrir actividades todos los días en la previa a esta segunda vuelta. Al mismo tiempo, este espacio conserva autonomía organizativa y produce sus propios folletos, mientras participa en espacios de coordinación con el PT, el PSOL, otras fuerzas de izquierda y personas independientes.

En el caso de Mariana, también estudiante de posgrado de la UFSC, la participación responde a una preocupación amplia por las consecuencias políticas, sociales y económicas de una eventual victoria de Flávio Bolsonaro. Su rechazo no se limita a la continuidad del legado de Jair Bolsonaro, incluye la defensa de la universidad pública, la investigación científica, las políticas sociales y ambientales, los derechos de las minorías y la autonomía de Brasil frente a Estados Unidos. Como investigadora vinculada a la universidad pública, le preocupa especialmente la posibilidad de que la educación y la ciencia queden subordinadas a una lógica orientada prioritariamente por las necesidades del mercado. Aunque no mantiene una relación orgánica con el PT, participa en las movilizaciones a través de vínculos personales con integrantes de la organización de campaña y se involucra en actividades de calle y en las redes sociales.

La percepción de que en estas elecciones está en juego algo más que la continuidad de un gobierno contribuyó a acelerar las iniciativas y a reunir a actores que no necesariamente comparten una misma identidad partidaria ni coinciden en todas las posiciones del Partido de los Trabajadores (PT). Un funcionario del gobierno federal consultado para esta nota nos relató que participó en manifestaciones y acciones convocadas por personas independientes, motivado por el interés en observar y acompañar “la espontaneidad de las personas para movilizarse”. Junto con compañeros y compañeras de trabajo, se sumó a los actos de apoyo a Lula, sin asumir tareas específicas de militancia ni mantener una articulación directa con la coordinación electoral, pero sumando su presencia y su voz en las manifestaciones públicas de la capital brasileña.

Todo parece indicar que la campaña para la segunda vuelta se juega en más de un terreno. Mientras el comando de Lula busca reorganizar la estrategia y ampliar su llegada a distintos sectores del electorado, una parte de la sociedad brasileña tomó la campaña en sus manos. Algunas a través de organizaciones con experiencia militante y una estructura de trabajo territorial; otras, mediante iniciativas más puntuales, convocatorias independientes o grupos de amigos, compañeros de trabajo y de universidad. Lejos de ser una movilización homogénea y coordinada, parece más una reacción genuina frente a la amenaza que implicaría un segundo mandato de la familia Bolsonaro, esta vez con un Senado y una Cámara de Diputados mucho más colonizada por la derecha.

El desafío inmediato es convertir esa energía en votos. La elección sigue abierta y el desenlace es incierto. Estas últimas semanas muestran un candidato y una campaña que están lejos de resignarse al resultado del 4 de octubre, buscando recuperar terreno hasta el último momento. El domingo se verá si ese esfuerzo alcanza para dar vuelta la elección.

(*) Politólogo y Doctor en Estudios Sociales (UNL)

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