El pueblo brasileño sabe y gusta de ser performático. Dale una fantasía y hace la fiesta más grande del mundo. Eso es lo que está intentando conseguir una de las mitades del país: que el lunes, en plena primavera, sea carnaval. Para eso tiene la misión de virar la elección. Cambiar y ganar votos a favor de Lula (PT) para que no vuelva a gobernar la ultraderecha, representada por Flávio Bolsonaro (PL), el hijo mayor del expresidente Jair, hoy preso por intentar un golpe de Estado. democracia
La mitad de Brasil salió a las calles y a las redes con todo lo que tiene para lograr frenar la revancha del bolsonarismo. “Esto lo hablamos después de las elecciones”, dicen sobre cualquier otro asunto después de la primera vuelta que tuvo como ganador a Flávio, por menos de dos puntos. La ola de movilizaciones empezó con las y los estudiantes de la Universidad Federal Fluminense (UFF), en Niterói, la noche del 5 de octubre. Le siguieron estudiantes, trabajadores, organizaciones sociales y políticas y una gran variedad de sectores, entre autoconvocados, blocos de carnaval, escuelas de samba, indígenas, quilombolas, capoeiristas, candomblecistas, católicos y la enorme mayoría de referentes del arte y la cultura. “Les pido que nuestra insatisfacción no le gane a nuestra lucidez”, pidió la cantante Ivete Sangalo. También lo piden muchos migrantes, muchos de Argentina, hablando del gobierno de Milei con cuanta persona se pueda.
Mientras tanto, la otra mitad del país juega con la fantasía de la salvación divina. La palabra usada para describir el momento es psicosis: son semanas de “psicosis política”. Se sabía que iba a ser una campaña muy fuerte en las redes sociales, con mucha circulación de mensajes y fake news como estrategia del PL, además de restricciones impuestas por Meta y Google. Frente a eso, la campaña de Lula reaccionó recién después de la primera vuelta. André Janones, diputado federal por Minas Gerais, se convirtió en general del Ejército de Lula, un canal de Whatsapp que ayer llegó a los diez millones y medio de seguidores. Retomando un rol que ya había tenido en las elecciones de 2022 y sin miedo al cringe, Janones centralizó la estrategia digital de la campaña en el canal, compartiendo publicaciones, flyers, memes, hashtags y manuales de viralización al grito de “exploten este video”. Así la campaña digital de Lula intentó organizar a sus votantes para torcer los algoritmos, a fuerza de interacciones e intensidad frente a las fake news.
Se apuntó a los indecisos, a quienes no fueron a votar por abstenerse o por ser mayores de la edad obligatoria y también a votantes de los otros candidatos. Para ellos, la consigna fue “derecha e izquierda contra la ultraderecha”, evidenciando la frontera que Bolsonaro representa para la democracia brasileña. Seguidores y no seguidores del canal se comprometieron a aportar lo suyo a la campaña, y aparecieron testimonios, canciones, stickers, bailes, series animadas y cientos de ediciones de Lula en escenas pop.
La frescura y la síntesis que necesitan los dirigentes apareció y se multiplicó en miles de videos caseros. Un trabajador rural se grabó, casi a oscuras en el campo, contando un recuerdo. Cuando él era un niño, había hablado con sus amigos de qué querían ser de grandes: chofer de camión, mototaxi. Ahora, había escuchado a su hija y a sus amigos hablar de lo mismo: médica, abogado, juez. “Lula cambió los sueños de las infancias de este país”, afirma.
En otro video un hombre empieza diciendo que va a contar por qué dejó de ser bolsonarista. Tiene atrás una montaña de material y explica que es de una obra de contención, el río se estaba comiendo las casas de su barrio hasta que el gobierno Lula empezó la defensa. “¿Cuántas obras hizo Bolsonaro en tu barrio?” pregunta, y dice que él era bolsonarista hasta que se dio cuenta de la respuesta. Llama a dejar de “pelear con fantasmas como la ideología de género” y hacerse esa pregunta.
Muchos otros videos que circularon son sobre los seres queridos que murieron en la pandemia, por no recibir la vacuna a tiempo. En el debate televisivo de la Globo, anoche, Flávio Bolsonaro quiso responder con una nueva fake news. Le pidió a su equipo, durante la transmisión, que publique en su cuenta el supuesto video original de Jair Messias en Manaus, durante la pandemia, en un intento de desmentir que el hecho de que el entonces presidente se burló de las pacientes de coronavirus que se quedaban sin aire. La misma Globo lo desmintió con la verificación de datos de Fato o Fake después del debate.
Por favor, gugleen
Flávio Bolsonaro se pasó el debate del viernes a la noche anunciando propuestas de inversión en todo, contrariando su propia plataforma política, sus conversaciones con empresarios y las políticas que efectivamente tuvo el gobierno de su padre. Entre las iniciativas que mencionó para hacer crecer la economía estuvieron la instalación de data centers en la selva amazónica y el fomento del turismo internacional en el nordeste, para que deje propina en dólares y euros. También prometió luchar por la libertad.
Tuvo un discurso un poco más prolijo, ensayado, sobre todo hacia el cierre. Pero no pudo disimular su agresividad e insensibilidad, lo que podría espantar a los indecisos. Varias veces cayó en una enumeración de datos y medidas inconexas. Se refirió a Lula como un anciano y le dijo nueve dedos, un insulto que al bolsonarismo le gusta usar para el líder del PT, que perdió un dedo por un torno mecánico cuando tenía 17 años.
“No voy a permitir que un miliciano me llame nueve dedos”, le respondió el actual presidente, en uno de los recortes de la noche. Flávio tuvo que disculparse, aunque no negó la acusación de miliciano. Tampoco negó defender, como abogado, al policía militar acusado de asesinar a Ana Clara, una niña de 5 años que fue alcanzada por un fusil mientras jugaba en la puerta de su casa, en Niterói. Cuando le quiso hablar a la madre de Ana Clara, que estaba presente en la platea del debate, nunca dejó de mirar a la cámara y se equivocó de nombre, la llamó con el de su hija.
Cuando Lula preguntó por qué votó en contra de la ampliación de la licencia por maternidad para trabajadoras públicas en Río de Janeiro (en 2009), Flávio no tuvo otra opción que responder que si fuera hoy, votaría diferente, porque ahora está casado. “Yo sinceramente me cansé de hacerle preguntas a este rapaz y que él mienta descaradamente”, terminó diciendo Lula en el último bloque del debate.
El formato le permitió a Flávio no responder muchas de las preguntas de su adversario y sí levantar acusaciones, relacionadas sobre todo a la caída del poder adquisitivo de los salarios, el endeudamiento de las familias (que confundió con cuestiones deuda pública) y hechos de corrupción. Lula, que no pudo responderlas a todas una por una, lo calificó como “fantásticamente mentiroso” e insistió en pedir que la gente dé um google, que los ciudadanos googlen para saber los datos verdaderos sobre la economía y las inversiones públicas en los gobiernos del PT y del PL.
La campaña desde abajo
Camila Guimarães es periodista y publicista de Maceió, la capital del estado de Alagoas. De allí es oriundo Alfredo Gaspar, actual diputado federal y el candidato a vicepresidente que acompaña a Flávio Bolsonaro. “Nuestra capital es la única del Nordeste donde gana Bolsonaro. Hay una élite muy conservadora que influencia mucho a los trabajadores, tanto que la cantidad de votos para Flávio en los barrios periféricos es absurda”, explica por mensaje de audio. “Trato de pensar que el hecho de que el resultado de la primera vuelta no fuera lo que esperábamos hizo que gran parte de la sociedad, que estaba más ‘tranquila’, creyendo que el juego estaba ganado, reaccionara. Y vemos el resultado de eso en las calles en estas últimas semanas: un gran movimiento en defensa de la democracia y de los derechos de la clase trabajadora”, celebra. Con esperanza por la mayor cantidad de gente que salió a las calles, no deja de alertar: “Es un escenario muy nebuloso y estamos lidiando con personas que ya intentaron dar un golpe en 2023, cuando perdieron la elección. Entonces, siempre queda ese recelo de pensar que puede estar pasando por debajo de la mesa”.
Nicolás Calabrese es paranaense y vive hace más de 10 años en Río de Janeiro, donde milita en el PSOL y es activista de la red de educación popular Rede Emancipa. También dice que después de la primera vuelta la discusión cambió, con movilizaciones espontáneas en muchos barrios cariocas y municipios de Río. En muchas de ellas destaca la presencia, junto a actividades del PSOL y otros partidos, de personas autoconvocadas, no solo para movilizar, si no para buscar votos uno a uno. “La diferencia con la primera vuelta es que en vez de presentar todos los candidatos, ahora buscamos poder caminar con el folleto en la mano y ponernos a disposición para dialogar, más preguntar y escuchar que empezar a hablar. Claro que, también, con información para poder dar respuestas a los cuestionamientos. Entonces, yo lo veo como un proceso muy rico del punto de vista de la politización y la conciencia popular”, comparte. “Me parece que el tamaño del movimiento en todo el país, en las periferias, la cantidad de gente autoorganizada que intenta dar vuelta los votos, convencer a los indecisos uno a uno o en pequeños grupos, es una movilización con una fuerza impresionante, de las más grandes que participamos en los últimos años. Las calles están de un lado ahora, y es con Lula, de una forma muy autoorganizada y capilarizada. Vamos a ver cómo se traduce en las urnas”, dice, a la espera del domingo.
Mariana Ferreira Garcia Falcão, trabajadora social e investigadora, vive en Guaratuba, una ciudad de 45000 habitantes en el litoral del estado de Paraná. Allí ya fue electo gobernador Sérgio Moro, el juez del caso Lava Jato. “Nos encontramos en un escenario con muchos políticos de extrema derecha. Incluso si Lula gana, será difícil que tenga libertad para gobernar”, explica. En ciudades más chicas como Guaratuba también hubo movilizaciones organizadas por distintos partidos de izquierda y personas que se sumaron a la causam inspiradas por los actos de las grandes capitales. “Organizamos distintos actos, entre ellos uno en la playa, algo inédito en la ciudad, que fue hermoso y ayudó a levantar el ánimo de la gente. Y nos coordinamos con las ciudades vecinas de la costa paranaense para organizar actos conjuntos. Y además, estamos trabajando el doble, haciendo campaña a través de las redes”, enumera Mariana. Habla también de la producción nacional de memes: “Los brasileños ya tenemos mucha destreza en esto, en estas elecciones no han faltado memes para generar mayor interacción, riendo por pura desesperación”.
Felipe Azevedo e Souza es profesor universitario e investigador en Historia Social del Trabajo. Nació en Pernambuco y vive en Río. Cree que “estamos en un momento inédito de la historia reciente porque, por primera vez, la izquierda está teniendo una actuación mejor en las redes que la extrema derecha”. Pero también advierte el peso de la elección sobre la salud mental: “toda esa ansiedad normal de las elecciones está agravada porque estamos 24 horas con la pantalla del teléfono”. “Estamos haciendo fuerza porque Lula gane, pero lo que también importa es que la campaña de la segunda vuelta fue muy capilarizada, muy fuerte, con el compromiso de varios sectores sociales, tanto las organizaciones como los que se organizaron en las redes. Una militancia no necesariamente partidaria, en defensa de los derechos de los trabajadores, de las mujeres, de las minorías. La expectativa es que ganemos, pero, si perdemos, vamos a estar en las calles”, resume Felipe los últimos momentos antes del domingo.
La tendencia de los últimos diez días es de que la intención de voto por Lula creció y hay expectativa de que pueda ganar por uno o dos puntos. La campaña sigue hoy, con actos de Lula en Copacabana y en la Avenida Paulista y de Flávio Bolsonaro en Belo Horizonte y Barra da Tijuca, donde está la casa de Jair Messias. El resultado de la elección también va a dar una respuesta sobre qué hacer frente al avance de las plataformas en los territorios de la vida y de las corporaciones en las instituciones democráticas. ¿Hay espacio para usar las plataformas de abajo para arriba, incluso contra los intereses de sus dueños? ¿Más como ciudadanos y menos como usuarios? ¿Alcanza?









