El repunte del consumo de carne no recupera lo perdido desde 2015

Del peor al menos peor: 2011, 2016, 2010 y 2017. Esos fueron los cuatro años con menor consumo de carne en la Argentina, desde que hay registro. Todavía estamos lejos de los kilos de carne per cápita consumidos en 2015.

La suba de los precios de la carne de vaca alteró las costumbres alimentarias, tal como se puede apreciar en su mesa, en los olores que emanan (o no) de las obras en construcción o de las casas de sus vecinos cuando es fin de semana. El alza se moderó durante el año electoral y eso impactó en una levísima suba del consumo: 2017 cerró un 2,51% arriba de 2016, pero no pudo compensar la fuerte caída de 2016 respecto de 2015 (4,81%). Todavía el consumo de carne de 2017 (57,17 kilos per cápita) está 2,42% debajo de 2015 (57,17 kilos per cápita), y ya comenzó el año par, donde el ajuste y la inflación pierden el bozal propio de los años de campaña.

El Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina es el organismo oficial que provee los datos de consumo de carne per cápita. Pese que a comienzos de 2017 retocó todas sus cifras desde 2010 a la fecha (hecho que se repitió en junio de 2017), sigue siendo el único dato público legítimo sobre cuánto asado, milanga, riñoncito y lengua para la vinagreta disfrutamos los argentinos.

Las razones de esas modificaciones nunca fueron expuestas, su efecto fue evidente y preciso. Hasta comienzos de 2017, 2016 y 2011 habían sido los peores años en consumo de carne de la historia, según la estadística del IPCVA. Tras la revisión de cifras, ese año pasó a ser sólo 2011. Y además, se bajó bien fuerte la cantidad de kilos que supuestamente se comieron en 2015: de 59,9 a 58,8.

Generalmente, las revisiones estadísticas son continuas, no superan los doce meses hacia el pasado y cuentan con una justificación. No fue este el caso. Como sea, hoy el ránking negativo lo lidera 2011, con 55,2 kilos de carne per cápita consumida en el año. Luego viene 2016, con 55,77 kilos, 2010 con 57,08 kilos y 2017 con 57,17 kilos. Los dos últimos años ocupan el segundo y cuarto puesto en la penuria histórica de las panzas de los carnívoros.

 

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