Gráfica: Manuel Manso.

La deuda con el FMI es lo único que sostiene las reservas, que caen verticalmente por tercera vez en el año. El 2018 es el año récord en fuga de capitales. Las tasas vuelan y el dólar no da respiro. 

Por tercera vez en el año, Argentina se embarca en un proceso acelerado de fuga de capitales y caída de las reservas, simultáneamente. No se generan dólares, el déficit comercial no cede y encima hay que pagar la deuda externa que, en su mayor parte, contrajo este mismo gobierno. Si se repiten las tendencias ocurridas en las dos calcadas situaciones anteriores de 2018, las tasas de interés tendrían que subir y el peso se tendría que devaluar, al mismo tiempo y contra toda la teoría clásica, en un escenario que sería más que explosivo.

La primera vuelta

El Banco Central arrancó el año con una fuerte suba de las reservas, que llegaron a más de 63 mil millones de dólares. Pero la tasa de interés en pesos comenzó a perder atractivo, a medida que la bola de deuda en pesos se volvía cada vez más gigantesca, y los especuladores que habían entrado masivamente al país en 2016 y 2017 comenzaron a retirar sus pesos y convertirlos en dólares. En su afán por contener el tipo de cambio, erráticamente, el Central dilapidó 15.428 millones de dólares, hasta que ingresó parte del dinero del préstamo del FMI y, entonces, pudo recomponer su volumen de reservas.

La corrida de los especuladores contra el peso se desató con toda su furia en abril. Pese a la caída vertical de reservas, a finales de ese mes el dólar saltó de $20 a $24 de un saque, una devaluación dura de nuestra moneda mientras el gobierno seguía machacando con las metas de inflación para ponerle techos de 15% a los aumentos salariales. Cuando ingresaron los primeros 14.796 millones del FMI, el dólar estaba a $27. Era el 22 de junio de 2018 y las reservas subieron de 48 mil millones a 63 mil millones, de nuevo. Estábamos como al comienzo del año, pero con el dólar mucho más alto y las tasas de interés en pesos también más altas.

¿Sirvió de algo el acuerdo con el FMI, el encarecimiento del dólar y haber fijado una tasa más atractiva para la especulación en pesos, del 40% de referencia, ya usuraria para el sector productivo? No.

La segunda vuelta

El proceso se repitió, calcado, mientras el Banco Central pasaba de las manos de Federico Sturzenegger y el twittero Lucas Llach a las manos de Nicolás Messi Caputo. El tirifilo mesadinerista se quemó las reservas como ninguno, mientras el dólar voló a los niveles actuales. La tasa de interés la mantuvo en los niveles delirantes que dejó la gestión anterior, apenas la subió al 45%.

Para cuando llegó la mosca del segundo desembolso del FMI, después de que Caputo fue sustituido por Guido Sandleris –el patiño del patiño de Carlos Pagni, Nicolás Dujovne–, el Central había perdido 15.407 millones de dólares más. Es decir: todo lo que había puesto el FMI antes y 611 millones de dólares arriba. La mayor parte de ese dinero se esfumó en la gestión Caputo. Sin embargo, el tipo de cambio no se pudo contener, los grandes especuladores siguieron comprando verdes y su valor saltó de los $27 a los $40,8 a finales de septiembre.

Sandleris eligió otra estrategia: la tasa de interés más alta del mundo. Las Leliqs llegaron a pagar un 73% y con ese nivel los especuladores se calmaron un poquito, vendieron sus dólares y volvieron a la bicicleta financiera. Porque al fin y al cabo lo único que puede ofrecer el modelo Cambiemos es esto, renta. Renta agropecuaria, renta minera, ganancias para los servicios públicos monopólicos y, sobre todo, renta financiera.

Todo tu trabajo y tu pérdida de poder adquisitivo es la guita que se lleva esta gente bien.

El segundo desembolsó llegó cuando las reservas estaban en 47.867 millones. El aporte de poco más de 6 mil millones las llevó a 54.040 millones de dólares. Ya es mucho menos que los 63 mil millones de comienzo de año. Pero eso no es lo más preocupante. Tampoco sirvió para nada.

La tercera vuelta

El ingreso de la plata fue el 30 de octubre. Al 23 noviembre –ni un mes pasó– ya se esfumaron 2.305 millones, más de la tercera parte de ese desembolso. La sangría de las reservas no para. ¿Qué se va a hacer para que pare?

En todo el año, el Banco Central lleva vendidos la friolera de 54.109 millones de dólares. Sin los préstamos del FMI, ahora tendría menos de nueve mil millones de dólares. Es decir: el Banco Central está quebrado. Desde enero hasta la llegada del primer desembolso, vendió un promedio de 144 millones de dólares por jornada financiera. Entre el primer desembolso y el segundo desembolso, ese promedio subió a 173 millones. Después del tercer desembolso, ese promedio está en 135 millones. La sangría no para.

Mientras tanto, el dólar vuelve a rozar los $40 para el minorista. Sandleris promete no vender para sostener el tipo de cambio, en los hechos vende para la fuga, el déficit comercial, el pago de deuda. La baja de la tasa de interés desde el 73% al 61% actual impactó rápidamente en el encarecimiento de la divisa.

Cómo va a terminar este delirio

Un uno-dos boxístico dejó a la economía real en el estado actual, groggy. Primero fue el saque devaluatorio y su corrida a precios, reventando el poder adquisitivo de la población. Después fue el aumento exorbitante de las tasas de interés, destruyendo al sector productivo que necesita financiamientos constantes. Los efectos de la tercera vuelta –que todavía no han llegado– no se pueden mensurar, sobre todo porque además se darán en el contexto del ajuste feroz que dibuja el presupuesto 2019.

En el camino no se logró nada, excepto endeudamiento. Nada. Ni siquiera la mentada confianza.

No alcanzó con la devaluación bomba de este año para frenar la fuga de capitales, ni mucho menos: 2018 pasará a la historia por un nuevo récord negativo de la gestión Cambiemos, con 25.959 millones de dólares que sacaron afuera personas o empresas que no se dedican a las finanzas. Ya es un 17% más que todo lo que se fugó en 2017 y un 12% más que en 2008. Hasta este año, 2008 había sido el año con mayor fuga de capitales, le seguía 2017. Cambiemos logró poner dos años en el podio, el primero, 2018, y el tercero, 2017. Son ellos mismos, que no paran de llevársela toda para afuera.

 

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