Varias claves ofrecerán los guarismos cuando comiencen a revelarse. Aquí algunas recomendaciones para observar las cifras y su impacto en la política y la economía.

La carrera presidencial comienza hoy con unas primarias que sirven casi como un censo de preferencias electorales. Hacia la elección general los votos, seguramente, se correrán en función de su utilidad. En un escenario de polarización, estas primarias funcionan como si fueran una primera vuelta y la elección general de octubre oficiará como una suerte de ballotage.

Sugerimos aquí una serie de puntos a observar en los resultados que se vayan dando.

La tercera fuerza

El supuesto que ha guiado todos los análisis de estas elecciones es el de la polarización. Ese supuesto no está probado aún. En 2015, la suma de los dos partidos mayoritarios alcanzó un 69% aproximado de los votos. Sergio Massa y el Frente Renovador cosecharon un 20% de las preferencias. Dicho más claro: desaparecida una oferta tan consolidada como la del Frente Renovador, resta saber cuántos votos se irán en opciones que no sean Juntos por el Cambio o Frente de Todos. Si ambas fuerzas mayoritarias superan el 75% de los votos, comienza a tallar…

La diferencia

La ventaja entre el primero y el segundo será crucial si la elección está polarizada. Los punto de comparación son las primarias y las generales de 2015. En las primarias, el peronismo ganó con 8.720.146 votos (38%) y Cambiemos quedó con 6.790.982(30%). En las generales, Scioli sacó 9.338.490 votos (37%) y Macri 8.601.131 (34%). Esas cifras marcan pisos y techos en 2019.

Si Mauricio Macri gana estas primarias, no importa la diferencia, se le abre un camino muy favorable hacia las generales y al ballotage. Macri siempre corrió desde atrás y su triunfo sería una excepción inesperada.

De ganar les Fernández, la distancia tallará en su camino a las generales. Una distancia superior a los siete puntos es lapidaria, porque dejará a Juntos por el Cambio con la necesidad casi absoluta de fumarse todos y cada uno de los votos de los mulettos de derecha. Una distancia que vaya de cuatro a siete puntos tendrá mucho valor si superan con tranquilidad el 40% de los votos.

Estos dos escenarios de victoria de la oposición pueden desencadenar una importante agitación de los especuladores financieros, que vienen huyendo en manada durante este año, duplicando su salida en verdes del país respecto del año pasado.

Las claves de una elección polarizada

Los peso pesado

En la provincia de Buenos Aires no hay ballotage: se gana por mayoría simple. Al no haber internas en ninguno de los dos partidos mayoritarios, ni tampoco terceras opciones que puedan hacer mella significativa en el caudal de votos de ambas fuerzas, el resultado de estas primarias será casi un calco del probable resultado final.

La contienda bonaerense es clave, sobre todo por lo que significa en las campañas hacia octubre obtener (o no) una victoria en el distrito más poderoso del país. También las cifras finales servirán como una evaluación más del alcance simbólico de los medios de comunicación en la orientación del voto. María Eugenia Vidal fue mucho más protegida y promovida que el propio Mauricio Macri por los canales gubernamentales. Se verá ahora cuánta eficacia tuvo la continua propaganda vestida de periodismo.

Más que 2015, el proxy más cercano de estas elecciones en Buenos Aires es 2017, ya que allí estaba CFK como candidata y no había potencia en las terceras fuerzas. Cambiemos, en la cresta de su gestión, obtuvo con Esteban Bullrich el 41% de los votos, mientras que CFK perdió con el 37%. La pregunta es adónde irán los votos de Sergio Massa (11%, en su alianza con Margarita Stolbizer) y, sobre todo, Florencio Randazzo (5,29%). Como sea, los puntos de comparación están claros.

Será también significativo comparar la performance del oficialismo y de la principal oposición en la campiña bonaerense o, más bien, en todo lo que no es Conurbano, donde está un tercio de los votos de la provincia. ¿Habrá logrado penetrar allí Kicillof y sus tours en Clío?

Santa Fe y Córdoba

Con sus elecciones provinciales zanjadas, las dos provincias que siguen en poderío a Buenos Aires dirán mucho a través de sus resultados. En primer lugar, se podrá ver el impacto general de las políticas económicas del gobierno. Pero además se podrá ver cómo funciona el justicialismo en ambos distritos.

En Córdoba, el gobernador corre por un lado y la mayoría de sus subordinados por el otro. La provincia, además, le dio un fortísimo espaldarazo a Cambiemos. En las primarias de 2015 el ganador fue Sergio Massa, con más del 38% de los votos (20% en la general), que luego se derramaron luego a Macri, que obtuvo el 35% (53% en la general). Mucho muy detrás estuvo Daniel Scioli, con el 14% de los votos (19% en la general).

Es decir, el piso del Frente de Todos es bajísimo y el techo de Juntos por el Cambio es altísimo. Cualquier resultado de les Fernández superior al 19% es una victoria, por el contrario, cualquier resultado de Juntos por el Cambio que sea inferior al 53% es una pérdida.

En Santa Fe el peronismo recuperó la gobernación después de 12 años. ¿Sacará la fórmula de les Fernández la misma cantidad de sufragios que la de Omar Perotti? ¿Cómo actuará el socialismo, que va con una fórmula presidencial donde no corta ni pincha?

Yendo al antecedente de 2015, en las primarias hubo un virtual empate (32% Macri, 33% Scioli). Massa no está más y, lo que es muuucho más relevante, Cambiemos en las elecciones para la gobernación quedó tercero lejos en todos los departamentos.

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Las localidades puntuales

Hay puntos en el mapa que son cruciales en cualquier elección, que sirven para medir cómo puede variar el panorama general de una elección.

El más conocido es La Matanza, que es una provincia en sí misma con aproximados 800 mil electores efectivos. Pero en La Matanza, como en Berazategui, Florencio Varela o Quilmes la única pregunta es por la diferencia en favor del peronismo que se pueda computar. Lo mismo sucede en provincias como Chacho, Formosa, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja…

La clave está en aquellos lugares donde impactó durísimo la crisis (en algunos casos, con pésimas gestiones distritales detrás) y no tienen una identificación partidaria dura. ¿Qué pasará en la populosa Mar del Plata, con su inútil alcalde neonazi? ¿Y en Bahía Blanca, tierra dominada por la Armada? ¿Y en La Plata, donde también la intendencia amarilla perdió sustento? Después de décadas, Rosario no votó al socialismo en las provinciales de este año… ¿eso indica que allí el peronismo sacará más que el pobre 32% que cosechó en las primarias de 2015? El bastión amarillo de Mendoza, que no le vende un vino a nadie desde que Macri se hizo del poder, ¿seguirá dándole el 40% de sus preferencias a Juntos por el Cambio?

Entre Ríos es la otra provincia donde Cambiemos se hizo fuerte en 2015. Tiene el mismo peso electoral que La Matanza. Allí el gobernador electo, Gustavo Bordet, reventó las urnas, con más de la mitad de lo votos disponibles, y el peronismo le quitó la intendencia a Cambiemos… que también perdió la ciudad de Santa Fe y la de Córdoba.

La concentración ideológica

El Frente Nos y José Luis Espert de un lado, el FIT y Manuela Casteñeira del otro. Son los extremos del espectro partidario, pero su ubicación en el sistema electoral es distinta. Tanto Juan José Gómez Centurión como el periodista anarcocapitalista tienen en claro que su tiro es a la primera vuelta y que el adversario principal es el Frente de Todos. Hasta ahora, la izquierda argentina no se define en el mismo sentido, ubicando en pie de igualdad a Juntos por el Cambio y a les Fernández.

Pero las decisiones partidarias no son las de los votantes. Seguramente seguirá habiendo celestes y neoconservadores que seguirán votando a Nos y a Despertar en octubre, tanto como habrá quienes hoy votan a la izquierda sabiendo perfectamente que a la hora de las definiciones se volcarán por la opciones más marcadamente antimacrista.

Por último, cabe observar cómo será la perfomance específica del FIT para evaluar, entre otras cosas, el funcionamiento de su estrategia política desde la convocatoria al voto en blanco en 2015 a la fecha.

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¿Y la ciudad de Buenos Aires?

El triunfo de Horacio Rodríguez Larreta se da por descontado. La Nación volcó una inmunda cantidad de dinero en el distrito más rico del país, que ahora tiene largas zanjas para que no se vean los molestos camiones y caminos aéreos para que surquen el espacio los trenes.

¿Llegará el gran gestor de PRO a superar el 50%? Más interesante es esta pregunta: ¿cuál será el corte de boleta en su favor? También está la pregunta por Dora Barrancos, ubicada en segundo lugar en la categoría de senadores por el Frente de Todos… ¿se ganará a la gran masa capitalina de voto verde?

Lo cierto es que en 2015 Cambiemos fue partido en dos (en verdad, después Martín Lousteau se integró al team amarillo). Rodríguez Larreta sacó el 47% en la primaria, el ex ministro de Economía de CFK obtuvo un 22% y el peronista Mariano Recalde llegó al 18%. En las generales, esos guarismos fueron de 45%, 25% y casi 22%, respectivamente. Esos son los pisos y techos a considerar para tabular los resultados de hoy.

Un extra: si la ciudad de Buenos Aires se perfila para una definición en ballotage, las elecciones generales presidenciales tomarán otro color. ¿Qué pasarían con la hegemonía PRO en ese distrito si en octubre la Nación cambia de signo?

El escrutinio

Una manipulación en la carga de datos se convertirá, instantáneamente, en un tiro en el pie para el oficialismo. Ya fue montada la desacreditación sobre el trabajo de Smartmatic, la empresa encargada de una fase de la transmisión datos. Cabe decir, el montaje que tiene sólidos fundamentos: el software no se pudo fiscalizar y lo poco que se conoció tenía agujeros informáticos.

Un abuso de viveza electoral para controlar las tapas de los medios gráficos de mañana inmediatamente se convertirá en un exceso y violación de la norma republicana. El antecedente de las primarias de 2017 en Buenos Aires y las denuncias ya realizadas repicarán mucho más que el titular del lunes, desacreditado el martes. Esto nos lleva al último punto…

Los discursos

Si Martín Lousteau hubiera vencido a Horacio Rodríguez Larreta en el ballotage capitalino de 2015, ahora estaríamos viviendo en otra realidad. El 19 de julio Cambiemos ratificó su continuidad en la intendencia de Buenos Aires por un pelito. En ese festejo, Mauricio Macri transformó completamente su línea y, de la nada, habló en favor de la AUH y de la estatización de Aerolíneas Argentinas. Los propios militantes de PRO lo abuchearon.

Los discursos de cierre de jornada electoral son sustanciales y marcan qué va a venir después en la campaña. Trazan horizontes y caminos. Muestran al calmo y al nervioso, al que se pinta la cara para ir a la guerra y al que tiene que cuidarse de cometer errores no forzados.

Las palabras caerán cuando las cifras estén más o menos puestas. Son los momentos en que más expuestos están los protagonistas. Sus caras dirán mucho más que estas palabras.

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