Rivalidad con sororidad, el desafío

Tatengas, sabaleras, feministas, avanzan unidas en sus respectivos clubes. A los tipos "se les queman los papeles cuando nos ven juntas". Foto: Mauricio Centurión.

Hinchas de Colón y Unión comienzan a pensar la pasión por los colores desde el feminismo.

El fútbol vive un año de revolución en los pies de las jugadoras, lo venimos viendo desde enero cuando Macarena Sánchez denunció al club UAI Urquiza por despedirla a mitad de la temporada. La santafesina reclamó el reconocimiento de su relación laboral y esa denuncia tocó las estructuras de AFA. Dos meses después, Chiqui Tapia anunciaba el comienzo de la profesionalización del fútbol femenino en el país.

En junio, la participación de Argentina en el Mundial de Francia marcó otro paso importante: no sólo fue el mejor rendimiento de la Selección en una Copa del Mundo sino que por primera vez el país se enteró que tenía una Selección femenina de fútbol en un Mundial. Récord de rating, visibilidad e identificación con un equipo de fútbol de mujeres. Muchísimo.

Pero esta revolución, la del fútbol femenino y el feminismo, saltó de las canchas y las calles para instalarse, también, en las tribunas. Las Sabaleras Feministas y Unión Feminista desafían la clásica rivalidad de la ciudad para pensar otras formas posibles de vivir el fútbol, el deporte y habitar los clubes.

Foto: Mauricio Centurión.

Cambiarlo todo

Empezar a ver y entender el mundo desde una óptica feminista es un viaje de ida. El feminismo te caga la vida y te la salva en el mismo momento. Te hace tomar conciencia de todas las desigualdades a las cuales esta sociedad machista y patriarcal condena a cualquier identidad que se salga del trinomio varón-cis-heterosexual. Es el replanteo de todo, sí, y las ganas de cambiarlo todo, también.

“Al tate puto siempre lo cojemos, soy del negro porque tengo huevos”, decía una placa que el 15 de mayo, en sus redes sociales, publicaron las Sabaleras Feministas. El fragmento de una popular canción de cancha de Colón fue acompañado con el remate “no es un cantito, es homofobia”. En Instagram la publicación tiene hoy 56 comentarios, pero las repercusiones se extendieron al resto de las redes, con comentarios públicos y privados.

“Son unas ridículas”, “exageradas”, “tengo un amigo gay de Unión y a él no le molesta”, “Si no les gusta no vayan, es simple, nadie las obliga a ir. El fútbol se vive así en este país”. Son algunas de las respuestas al posteo, aunque el tono de los mensajes fue escalando en violencia. Algunos días después, la cuenta de las sabaleras fue suspendida temporalmente. 

“Intentamos hacer que la gente piense un poco en las cosas que está cantando. Creo que quienes se enojaron fue porque en algún punto les hizo ruido eso que les hicimos ver”, dice Magalí Ponce, una de las integrantes de Sabaleras Feministas. 

No se trata sólo de hacerles ver la misoginia, la homofobia y la violencia que con tanta naturalidad, y delante de niños y niñas, se agita en nombre de la pasión. Las mujeres disputando lugares, pero también sentidos en el fútbol, ponen en riesgo ese espacio donde la identidad nacional y la masculinidad se construyen y refuerzan. Esto justamente lo apunta Gabriela Garton, socióloga y arquera de la Selección Argentina, en su libro Guerreras. Fútbol, mujeres y poder.   

Garton retoma algunos conceptos del sociólogo Pablo Alabarces para indicar que “el obstáculo principal para la elaboración de una narrativa patriótica “femenina” surge de la noción de que los valores que representan a la Argentina son características esencialmente masculinas: la virilidad, el machismo, la bravura, la perseverancia frente al dolor y la resistencia a la derrota, entre otras”. Sin dudas todas estas características son puestas en juego a la hora de valorar el desempeño futbolístico y toda crítica que pueda hacerse a ese orden es visto como una intromisión a lo que sería propio e identitario de ese mundo.

“A nosotras nos llegaron amenazas, hasta nos dijeron que nos iban a robar la bandera si la llevábamos a la cancha. Todas vamos a la popular y los vagos están ahí…no podemos arriesgarnos a más hoy”, cuenta Leila Gaitán, otra raza. Y su compañera Magalí agrega: “cuando aparecen canciones violentas no las cantamos, o no cantamos alguna parte, nos callamos. Pero no podemos ponernos a cantar otra cosa ahí, no sabemos cómo van a reaccionar”.

Por ahora el ámbito de intervención desde las tribunas sólo puede darse en el fútbol femenino. Ambos grupos estuvieron en el último clásico que los equipos jugaron por la Liga Santafesina y fueron las que comandaron los cambios en el repertorio. “En una canción le metimos ‘este equipo tiene ovarios’ y el resto de la gente acompañó, eso fue muy loco. Son pequeñas cositas que hacen la diferencia”, dice Paula Musolino, de Unión Feminista.

Foto: Mauricio Centurión.

Salir a la cancha

Las Sabaleras Feministas nacieron en marzo de este año, al calor de un mes plagado de actividades, marchas y encuentros. Hoy son unas 60 hinchas formando parte de ese espacio. Unión Feminista surgió tres meses después, un poco motivadas por la pica sana con sus clásicas rivales. “Cuando las vimos a ellas nos preguntamos ¿por qué nosotras todavía no? Es genial que un grupo de mujeres, en clubes bastante reconocidos a nivel nacional como Colón y Unión, ocupen estos espacios y busquen combatir los micromachismos y todo lo patriarcal que lleva el deporte en sí”, explica Musolino.

“Se vió esa necesidad de repensar el rol de la mujer en el club, pensar que podíamos hacer nosotras, las que estábamos en el movimiento feminista, y encararlo por ahí”, agrega Andrea Gutiérrez, otra tatenga. Las hinchas del club de la avenida son unas 25 participando activamente y más de 80 en otro grupo, donde hay mujeres de diferentes ciudades.

—¿Cómo es la relación de cada grupo con las instituciones, con la dirigencia?

—Leila: En Colón es totalmente nula. Cuando lanzamos el grupo hubo bastante ruido en el club, pero nadie nos llamó ni nada. La dirigencia actual del club es anti todo esto, de hecho nuestro vicepresidente José Alonso dijo unas cosas tremendas sobre el fútbol femenino, que nosotras repudiamos desde nuestras redes. 

—Paula: Nosotras en Unión por suerte tenemos buena llegada con el club, desde el primer momento. Nos recibieron bien, nos han prestado el espacio del club para reunirnos. Hay una de las chicas del grupo que es dirigenta y es un poco el nexo que tenemos con el resto de la dirigencia. En teoría lo recibieron bien. 

—¿En qué espacios dentro de los clubes creen que podrían accionar?

—Leila: Nuestro mayor logro sería poder generar una Subsecretaría de Género dentro de Colón, más que nada para poder incluir ahí no sólo a las mujeres sino a todas las disidencias que sabemos que pasan un montón de situaciones horrendas dentro del club, que las podemos ver nosotras yendo un día cualquiera a la cancha. Estamos de a poco generando espacios de información y de ayuda porque, lamentablemente, dentro del grupo hay chicas que están pasando por situaciones de violencia de género y se acercan buscando contención; de hecho una de las primeras situaciones fue una compañera que nos cuenta que se tuvo que ir de la cancha porque en la tribuna estaba el tipo que tiene 10 denuncias, la perimetral, y la que se tuvo que ir es ella, ¿por qué? Creemos que el club tendría que poder aportar, ayudar en una situación así.

—Paula: Nosotras queremos hacer un relevamiento para ver qué espacios ocupan hoy las mujeres en Unión, en qué áreas, qué cargos, visibilizar eso y buscar un cambio; que pueda haber una mujer dirigiendo una categoría infantil, como lo tiene Colón, y no sólo en gimnasia deportiva, en roles tan estereotipados. 

—Andrea: Nosotras también apuntamos a una Subsecretaría de Género. En las asambleas debatimos además esta idea de hincha, que todas crecimos con eso y que podemos cambiarlo. Empezando desde nosotras y llevarlo después a algo más amplio. 

—¿Cómo viven la sororidad entre rivales?

—Magalí: Hay cosas que se llaman folclore que son horribles, eso de “morite porque sos de Unión”, ni a palos… tenemos familia y amigos en el otro club. 

—Andrea: En el clásico femenino teníamos un grupo de vagos que cantaban ciertas canciones y nosotras los frenamos, no daba. La que va a la cancha creció con eso también, el fútbol es machista, y cada una va haciendo su proceso, a algunas les cuesta más y por eso tratamos de hablarlo, si somos Unión Feminista hay que repensar un montón de cosas.

—Paula: Es muy difícil… tratar de ver a las compañeras y no pensar solo en el escudo que tienen en la remera, a mi esa deconstrucción todavía me cuesta bastante porque soy hincha de Unión desde que nací y es lo único que conozco, que Colón es malo, Colón es feo. Encontrarme ahora, en una agrupación feminista y que surja la posibilidad de hacer algo con las chicas me hace pensar en las cosas tengo que rever, todo el tiempo se da lugar a replantearse las cosas y pensar ¿por qué no?

—Leila: La sororidad es una hermandad entre mujeres, independientemente del equipo del cual una es hincha o de las creencias. Cuando nos enteramos que en Unión también se estaba empezando a formar un grupo, pensamos qué copado sería generar algo juntas y que a los tipos les explote la cabeza, se les queman los papeles cuando nos ven juntas. Si queremos generar otro fútbol, ver el fútbol de otra manera, hay situaciones que tenemos que cambiar.

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