Huellas de lo profundo, a 15 años de la inundación

José Almeida produjo una serie de fotos que se convirtieron en íconos de la inundación de 2003. Tras quince años, volvió a varios de los escenarios que registró para conversar con los protagonistas de las fotos y volver a fotografiarlos.

La fotografía tiene la particularidad de ser la representación de algo que ha sucedido al menos una vez en la realidad. Ese registro es testigo de la existencia de lo que muestra, otra particularidad que acompaña a la fotografía y que la diferencia de otras herramientas de expresión: hay que estar inevitablemente en el lugar de los hechos, en tiempo y espacio, para recién ahí, luego del encuadre y del suspiro, gracias a la técnica y la química, dejar impregnado en el fotón la huella y la prueba de lo que sucedió.

José Almeida en 2003, antes de subirse al helicóptero de la Prefectura para registrar imágenes aéreas del estado de la ciudad.

Jose Almeida se levantó en la mañana del martes 29 de abril, hizo un mate, prendió la radio y comenzó a informarse sobre cómo estaba la ciudad. Todavía recuerda al intendente Marcelo Álvarez en LT10, a las 7.00 am, diciéndole a los vecinos de Centenario, Chalet, San Lorenzo y El Arenal que no iba a haber problemas.

Preparó sus equipos y comenzó a registrar lo que hasta el momento eran algunos lugares por donde había entrado agua. Algo sospechaba de lo que iba a vivir en las siguientes horas por haber estado el 28 en la tarde en cerca del Hipódromo, donde ya había evacuados en la autopista,.

Con un rollo color de 36 fotogramas puesto y otros cinco en un bolso comenzó su recorrido.

2003-2018, 2018-2003

Lo primero que hice fue ir hasta Iturraspe y Perón, a las 10.00, ya había gente con el agua hasta la cintura, gente mayor que salía alzada por sus hijos y vecinos, en esa esquina ya no se podía entrar. De ahi nos fuimos a la Estación Belgrano, donde estaban llegando los primeros evacuados. Saliendo de ahi prendimos la radio y escuchamos que pedían voluntarios para ir a poner bolsas de arena al Hospital de Niños. Eso fue una burla, porque habían levantado un metro de bolsa y después el Hospital llegó a tres metros de agua. En vez de evacuarlo a los otros hospitales lejos de agua pusieron esas bolsas de arena… Lo  evacuaron recién cuando estaban con el agua en la cintura, ahí fuimos y cuando llegamos justo llega Reutemann. Esa es la serie de fotos que tengo de él con el piloto y la gente insultándolo.

Foto: José Almeida.
Foto: José Almeida.
Alberto Hammerly y Carlos Reutemann son insultados en el Hospital de Niños, 29 de abril de 2003. Foto: José Almeida.

Estando sobre Mendoza veo que el agua venía por Lamadrid. Me subo al terraplén para ver qué había del otro lado, veo que  el agua llenaba la calle cada vez más y que la gente salía con el agua en la cintura y luego a la media hora todos ya embarcados o con bidones para flotar. Yo que al terraplén lo pisé seco, en esos minutos ya me encontraba con el agua hasta las rodillas. Se acercó un vecino y me dijo ‘Bajate y andate’, para cuidarme. El agua ya corría muy fuerte, es ahí que tomo muchas de las fotos de las personas evacuándose

Leonardo de Santa Rosa de Lima dice “En esa foto no se me ve la cara… “Mi esposo es el que viene remando”, completa Mirta.

“Esta imagen me trae a la mente y al corazón tristeza, mucha, porque toda la gente acá perdió todo”, dice Mirta entre llantos. “Nosotros tuvimos 20 días agua hasta el techo, no rescatamos nada, quedó encajonada el agua. Y se perdieron muchas vidas, muchas más de las que dicen… Uno ha visto con mucha tristeza la pérdida de animales. Algunos dicen, para referirse al barrio, ‘Esos negros’, pero esos negros salvaron muchas vidas, personas con un corazón grandote, siento un agradecimiento hacia esas personas, arriesgaban su vida para otros. Porque realmente los lanchones estaban en el Hospital de Niños sin hacer nada, esperando órdenes.. y entonces acá la gente se defendió como pudo. Hay gente que me consta que le cortaron la pierna, en ese momento del desastre y la urgencia era más fácil cortarle la pierna que salvársela por la cantidad de gente que había que atender. Esas fotos me remontan a la tristeza”.

“Yo me había enojado con mi hijo, unos meses antes de arreglar su casa compró una lancha nueva… Y pensar que esa lancha nueva salvó tantas vidas”.

Beatriz recuerda en nombre de su familia: “El 29 cuando vimos que las bolsas de arena no iban a aguantar empezamos a aprontar todo para irnos. Mi hija la segunda, que es bajita, me dice ‘Mamá apurate, porque sino yo me voy a ahogar’. Juntamos unas pocas cosas y los documentos. Terminamos saliendo por la ventana de una sodería que teníamos, mi esposo arrimó un bote que teníamos a la ventana”.

“A las 7.00 de ese día había ido a preguntar a Defensa Civil y le dijeron que a lo sumo entrarían 30 centímetros de agua. Será que fuimos confiados que mis hijas ese dia fueron a la escuela y yo cociné. Ellas tuvieron que volver y la comida se echó a perder, a la vuelta recién pudimos limpiar ese desastre”.

“Subimos con mis hijas al bote, cuando llegamos a la vía la gente estaba amontonada y desesperada, cuando nos vieron nos pidieron ‘Por favor llevanos’. Mi marido nos dejó en una parroquia y junto con mi yerno volvieron a ayudar a las personas”.

“Volvimos a los 22 días, las calles parecían que había pasado una guerra. Nosotros recuperamos bastante nuestras cosas, pero hay gente que se quedó sin nada. Nosotras nos pasábamos lavando todo, horas y horas, pero nunca lloramos. Mi esposo, que ahora está muerto, fue el que quedó más dolido, porque todo había sido una construcción del dia a dia y se destruyó en unas horas”.

“Cuando volvimos nos cruzamos con cuatro monjas que estaban sobre la vía, y una de ellas, me dice ‘Mirá Beatriz, no vayas a creer que Dios nos mandó esta agua’, y yo le dije ‘No hermana Roxana, yo no pienso que Dios nos mandó esta inundación’. Y había un grupo de señores de traje que andaban mirando cómo quedó el barrio, entonces le digo: ‘Nos hicieron votar y el domingo nos echaron el agua, esto no es obra de Dios, esto es obra de los políticos’”.

En la tarde noche de ese 29 volvi a mi casa, tenía que revelar y escanear para mandar a Clarín. Todo mojado, lo primero que hice fue vaciar un ropero que tenía, poner los últimos tres rollos en el espiral de revelado, ponerme una frazada encima y empezar a revelar. Era color, era delicado, pero salió lo que salió. Lo sequé con un secador de pelo, llamé a Alejandro Villar -reportero gráfico de El Litoral- que tenía grupo electrógeno, porque no había luz en toda la ciudad, y le pedí un teléfono y un lugar para enchufar el scanner. Prendi nuevamente la radio y ahí me enteré lo de los otros barrios y que había empezado a entrar el agua en el sur de la ciudad.

La dimensión de que lo que estaba sucediendo era un catástrofe tremenda la tomé recién en la mañana del 30, cuando junto con Hugo Pascucci -reportero gráfico- tomamos Circunvalación y vemos que el lago del Parque del Sur estaba desbordado, que pasaba agua para el centro, y conseguimos llegar hasta el Fonavi, ver la villa del Centenario con tres metros de agua, la cancha de Colón bajo agua, eso me hizo dar cuenta de lo grave que era lo que estaba pasando, de la cantidad de personas afectadas. En Centenario había vecinos autoevacuándose en carros tirados a caballos, fueron ellos los que nos llevaron, porque ya no podías pasar con el auto. La imagen cuando llegamos era sorprendente, el Fonavi lleno de agua, algo terrible, ese mar no lo había visto siquiera en una película.

Hugo me hizo el aguante, después revelábamos en la casa de él.. Cuando nos llevaron hasta el Fonavi lo llamé a Hugo y le dije “Hugo subite a lo que puedas y vení”.

Facundo tiene 15 años y hoy va a la escuela Manuel Belgrano. El 29 de abril del 2003 tenía 4 meses y medio. “Yo obviamente no recuerdo nada, pero fui construyendo lo que pasó en esos días por lo que me contaban mis padres, ellos me dijeron que habíamos ido a lo de mi abuelo”. “La foto me impacta por todo lo que vivió la ciudad, y creo que todos. Mi abuelo y mi tío la pasaron muy mal, nadie se esperaba que eso iba a suceder, yo si hubiese estado en ese lugar hubiese estado muy mal y desesperado, bueno estuve pero no recuerdo”.

Jorge es el padre. “Nosotros vivíamos en el norte y nos fuimos hacia el sur, al Fonavi para estar a salvo, en los barrios donde se decía que no se iba a inundar. Al final en mi casa entraron diez centímetros y en lo de mis padres fueron como cinco metros”. “En ese momento de la foto estaba esperando que lleguen los lanchones, después de esa foto le di un beso a mi bebé y se lo pase a los militares, en esa lancha fueron mi esposa y él y yo me quede a cuidar la casa”.

Del 29 recuerdo que era la gente con la gente. Grupos de diez pibes que llegaban con una piragua y sacaban gente, iba y venían… Todo el mundo estaba huyendo y ellos entraban a buscar gente, eso me conmovió mucho. La solidaridad de la gente en el agua. Veían a una mujer que venía flotando con un bidón y entraban a socorrerla, con el agua hasta el cuello, no les importaba nada, ni el frío, unos huevos bárbaros.

Durante esos días me recorrieron muchas sensaciones como fotógrafo, vos ves el desastre que se está armando y vos estás sacando fotos, decis “¿Cómo no puedo hacer algo más, no puedo ayudar?”. Me surgía eso, ganas de dar una mano. Por momentos con una mano tomaba las fotos y con la otra ayudaba a bajar a una señora de la canoa, eran momentos de urgencia, no había tiempo de frenar y pensar. Los retratos de esos días son de segundos donde la gente frenaba y miraba y luego seguía intentando salvar algo de lo que la inundación se estaba llevando.

Melisa es la hija: “Yo traía animales. En mi buzo llevaba los animalitos que encontraba, conejos, loros. Todavía tenemos al loro que salve ese dia”.

Héctor es el padre: “Esto es fuerte, es muy fuerte, los caballos muertos, la gente gritando, fue feo muy feo, el que no pasó no entiende, ni nosotros caiamos en el momento”.

Melisa: “A los meses me fui a España y ahora estoy acá. Fueron 15 años y nos mueve recuerdos, quería hacer lo posible por estar con mi familia”.

Hector: “Yo me crié en el Salado, no entendía que el agua hubiera roto el terraplén, después me enteré que habían dejado abierta la obra que inauguraron. Cuando nos dimos cuenta de lo que se venía empezamos a sacar los animales y algunas pocas cosas. Gracias a Dios que mi yerno tenía un bote”.

Melisa: “Será de confiados que estábamos que ese día mi papá tenía abierto el negocio y había amasado panes para vender. Ese pan que lleva mi hermana en el brazo lo habíamos cocinado ese día. Fue lo único que sacamos. Nos quedamos los tres hasta lo último, mi papá, mi hermana y yo. De ahí nos fuimos hasta la casa de mi hermana, que vive en Mayoraz. Era muy fuerte porque la gente de la desesperación por momentos se prendía de la canoa pidiéndote que la lleves al punto de casi que dimos vuelta.

La inundación fue algo que se podría haber prevenido. Después se hicieron modificaciones que podrían haber estado desde antes. Inauguraron una obra que estaba inconclusa porque tenian elecciones, había informes de la UNL diciendo que había lluvias en el norte y esa agua venía para acá. Se podría haber evacuado antes. El agua podría haber entrado a la ciudad pero no se hubiese pagado el costo humano, que se haya muerto la gente… Imaginate si se le informaba a la gente cinco días antes. La gente podía salvar sus cosas, sus fotos, su cámara, lo que considere importante, las cosas que vos más queres…

Lo que pasó con las fotos fue tremendo, antes no había celular, el recuerdo era material, tu foto de nacimiento, de casamiento, vos veías todas esas fotos tiradas. Cuando volvía la gente ponía las fotos más importantes al sol antes de ver si andaba el motor de la heladera.

Cuando la hija cumplio 15 años, la foto del padre que ya no estaba vivo, primero salvaban eso…

Es terrible, 15 años conviviendo con ese miedo. Son 150.000, pero no son números, son personas, son historias, cosas perdidas, más allá de lo material, desde todo punto de vista.

29 y 30 fueron los días más fuertes, pero despues siguió el trabajo. Los días que bajó el agua, volver a entrar en sus casas y ver que no servía nada, que todo era para tirar.

Jesusa tiene 80 años “Esa foto me recuerda que perdí todas mis cosas, que antes de la inundación tenía un negocio y lo perdí todo. Ahora estoy enferma y no puedo trabajar de otra cosa, no tengo los medios, mi casa todavía sigue rota, no la puedo arreglar, eso es lo que siento, eso me dejo la inundación”.

Jesusa lo mira a José y le dice “Sos vos el que sacaste la foto, ¡me acuerdo todavía, viste! Ese dia vos me viste y yo vi que venias tras mio y me pediste hacer un retrato, hicimos la foto en el fondo de casa, había sillones, sifones. Qué duro esos días. Espero que algun dia vuelvan otra vez, a mirarme, acérquense nomás”.

Antonio es un carpintero de Centenario. “El 30 se acerca un vecino, nos dice que venía entrando el agua. Nosotros no podíamos creerle, si en la radio habían dicho que no. Después de unas horas nos fuimos hasta la cancha de Colón y vimos cómo el agua había roto el portón y empezó a entrar con todo, la fuerza del agua es gigante. Volví a mi casa, y empezamos a subir con mi familia al segundo piso, lo único que salvamos fue un colchon de dos plazas”.

“Perdimos mucho de lo que teníamos en la carpintería, siete motores se fundieron. Teníamos una camioneta que ya estaba vendida y la buscaban en tres días y también se inundó. Fueron meses de trabajo para sobreponernos. Nosotros durante los meses siguientes a ese 29 haciamos 20 puertas por día. Incluso al día de hoy, después de 15 años, todavía hay personas que en ese momento no pudieron cambiar la puerta por tener otras necesidades y recién ahora la cambian”. Fue quizás la experiencia más grande que tuve. La otra vez que estábamos mirando las fotos vos me decias que era un tremendo documento y yo caía en que sí lo era. En ese momento uno no dimensiona, pero cuando lo hace se da cuenta que pasó algo grosso. Con el paso del tiempo y la información que recolectás… Hubo 150.000 personas afectadas, no fue algo de lo que te puedas reponer fácilmente, más cuando hay impunidad.

Ahora que volvimos a reencontrarnos con los protagonistas involuntarios, me pasa que me llama la atención la huella que dejo esto, la marca perdurable que le dejó a la gente que ahora habla con vos dos palabras y quiebra en llanto mirando la imagen. Pasaron 15 años y te dicen «Pasa el helicóptero de la Policía y me hace acordar a esos días, me despierto sobresaltado», o «Hay una lluvia fuerte y salgo afuera a ver si no nos estamos inundando de nuevo»… Esa huella es fuerte.

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