El desempleo femenino en América Latina está a niveles de 2002

Trabajadora esencial viaja en colectivo durante la cuarentena total en Santa Fe. Foto: Mauricio Centurión.

El dato surge de un informe presentado esta semana por la CEPAL. Con la pandemia la participación femenina en el mercado laboral llegó en 2020 al 46,9%, lo que representa un retroceso a los niveles de 2002. En 2021 se espera una recuperación de este indicador, que llegaría a 49,1%, niveles serían similares a los de 2008.

En 2020 la pandemia desencadenó la mayor crisis que han experimentado los mercados laborales de América Latina y el Caribe desde 1950, pero no afectó a todas y todos de la misma forma, señala la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en la nueva versión de uno de sus más importantes informes anuales.

Según se describe en el documento, los mercados del trabajo de la región fueron los más afectados a nivel mundial por la crisis generada por el Covid-19 -el número de ocupados cayó 9,0% en 2020- y la recuperación esperada para 2021 no permitirá alcanzar los niveles pre-crisis.

La pandemia provocó una fuerte caída en la participación laboral, en particular de las mujeres. Con la crisis la participación femenina llegó en 2020 a 46,9%, lo que representa un retroceso a los niveles de 2002. En 2021 se espera una recuperación de este indicador, que llegaría a 49,1%, pese a lo cual los niveles serían similares a los de 2008.

«En el caso de las mujeres, si bien su participación laboral en la región había crecido
constantemente hasta 2019, esta era significativamente inferior a la de los hombres y
aún persistían brechas significativas en lo referente a la calidad de su inserción laboral,
pues presentaban mayores niveles de desempleo e informalidad, percibían salarios
menores por ejercer las mismas labores y su acceso a puestos jerárquicos era escaso.
La crisis ha exacerbado muchas de las desigualdades de género preexistentes, no solo debido al aumento de la precariedad, sino también por la necesidad de servicios de cuidado que trajo aparejada. Las trabajadoras más afectadas han sido aquellas con bajos niveles educativos, con hijos pequeños y en ocupaciones más precarias, asociadas al trabajo informal o a sectores en los que el impacto de la crisis ha sido más fuerte», indica el informe.

En el análisis, la CEPAL explica que en los últimos 30 años la cantidad de personas en la fuerza laboral aumentó en la mayoría de los países de América Latina, la tasa de participación laboral promedio se incrementó aproximadamente 5 puntos porcentuales (de un 59,8% a un 64,8%) y que este aumento ha sido el resultado de una significativa incorporación de las mujeres al mercado laboral. La tasa de participación laboral de las mujeres de 15 años o más aumentó casi 12 puntos porcentuales, pasando del 41,0% a principios de los años noventa a un promedio de cerca del 52,8% en 2019 en 18 países de la región.

A través de diversos indicadores, el organismo también afirma que «además de presentar tasas de participación laboral mucho más bajas que los hombres, cuando las mujeres participan en el mercado laboral, en promedio, perciben menores ingresos y tienen menos posibilidades de desarrollo en su carrera, trabajan menos horas y experimentan más inestabilidad laboral».

En 2020, con las restricciones a causa de la pandemia, se contrajo -en términos generales- la población ocupada, aunque esta contracción fue más fuerte en el caso de las mujeres (−10,1%) que en el de los hombres (−7,4%). «Esta situación tuvo su origen en la elevada participación de las mujeres en sectores que se vieron fuertemente afectados por la contracción mencionada, como el trabajo remunerado en hogares, el trabajo no
remunerado y las actividades relacionadas con el comercio. Debido a la disminución
de las oportunidades de empleo y las restricciones de movilidad, un gran número de
trabajadores se retiró del mercado laboral, y esta cifra también fue mayor entre las
mujeres. En total, la población activa de mujeres cayó un 7,6% en los once países
sobre los cuales se dispone de información, en comparación con el 5,3% en el
caso de los hombres», señala el informe.

Al analizar las causas, se indica que las principales fueron el cierre de los establecimientos escolares y de los servicios de cuidado tanto formales como informales (de amistades, familiares o comunitarios) que obligaron a los padres y, especialmente, a las madres a asumir responsabilidades adicionales en sus hogares. «Esto impidió que, como sí ha ocurrido en otras crisis, las mujeres aumentaran su participación laboral como proveedoras de ingresos secundarios», explican desde la CEPAL.

Al tomar los datos por país, sin embargo, la situación de las mujeres argentinas parece privilegiada sobre las de sus pares del resto de la región: según el informe, en casi todos los países se registró un mayor impacto en el empleo femenino, con la excepción de Uruguay y Argentina, donde la ocupación disminuyó en mayor medida en el caso de los hombres.

Foto: Priscila Pereyra

Se desacelera el crecimiento

La CEPAL indica que si bien la participación laboral femenina ha crecido constantemente
en todos los países de América Latina en los últimos 30 años, ese ritmo de crecimiento se está desacelerando y aún existen brechas significativas —como mayores niveles de desempleo e informalidad entre las mujeres, así como salarios más reducidos y un menor acceso a puestos jerárquicos—, que no solo limitan la inclusión en condiciones de igualdad, sino que también influyen negativamente en la promoción del aumento de la participación laboral femenina. «Estas barreras que dificultan una inclusión laboral igualitaria son más evidentes entre las mujeres de menor nivel educativo y de hogares más pobres o con mayor cantidad de personas dependientes», agregan.

En este contexto, la crisis provocada por la pandemia exacerbó muchas desigualdades de género preexistentes. «En el segundo trimestre de 2020, además de producirse una importante pérdida de empleos, una gran cantidad de trabajadores se retiraron del mercado laboral, especialmente mujeres. A medida que las restricciones se
fueron levantando, las mujeres se fueron reincorporando al mercado laboral, aunque
—probablemente debido a las obligaciones persistentes relacionadas con el trabajo de
cuidado no remunerado— con mayor lentitud que en el caso de los hombres, por lo
que, a fin de año, su niveles de participación y empleo continuaban siendo inferiores a los de antes de la pandemia y su tasa de desocupación, superior».

Para concluir, desde la CEPAL indican que para superar la crisis causada -o profundizada- por la pandemia, «la generación de oportunidades de empleo debe estar en el centro de la estrategia de desarrollo» y que en este sentido «es preciso que en la región se hagan esfuerzos considerables para diseñar políticas orientadas no solo a evitar el incremento de las desigualdades, sino también a promover la reinserción de las mujeres en el mercado laboral».

Entre las recomendaciones, el organismo señala que «a corto plazo, es importante apoyar a las trabajadoras que salieron temporalmente del mercado laboral, fortaleciendo los servicios de formación y capacitación para evitar la pérdida de capital humano y reforzando los servicios de intermediación laboral destinados a mejorar las posibilidades de reinserción laboral».

En el mismo sentido, comentan que «una visión más estratégica sobre los aspectos en los cuales es preciso seguir avanzando para reducir las diferentes brechas de género está vinculada a las políticas activas de apoyo a la igualdad de oportunidades y la incorporación de la perspectiva de género en el diseño de las reformas previsionales, de protección social, financieras y fiscales. Las políticas que pueden promover la participación femenina en el ámbito laboral, incluyen, entre muchas otras posibilidades, las orientadas a conciliar el trabajo y la familia (por ejemplo, flexibilidad horaria o de modalidad laboral, o acceso a licencias parentales), la igualdad salarial para tareas similares, las políticas contra la discriminación, la violencia y el acoso en el lugar de trabajo, y las políticas relacionadas con la promoción del aprendizaje permanente y el desarrollo profesional».

Foto: Gabriela Carvalho

Proyecciones sobre la región

«América Latina y el Caribe crecerá en 2021, aunque la pandemia continúa presente y la crisis agudizó los problemas estructurales de larga data en la región: baja inversión y productividad, informalidad, desocupación, desigualdad y pobreza. Por ello recuperar la inversión y el empleo especialmente en sectores ambientalmente sostenibles es clave para una recuperación transformadora e inclusiva», señala en otra sección el informe.

Allí el organismo actualizó su proyección de crecimiento regional para este año a 5,9% y advirtió que la región tendrá una desaceleración en 2022, con una expansión estimada de 2,9%. El crecimiento de 2021 se explica principalmente por una baja base de comparación -luego de la contracción de 6,8% anotada en 2020- además de los efectos positivos derivados de la demanda externa y el alza en los precios de los productos básicos (commodities) que exporta la región, así como por aumentos en la demanda agregada.

«Existen importantes asimetrías entre los países desarrollados y las naciones de ingreso medio -entre las que se encuentran la mayoría de los países de América Latina y el Caribe- tanto en la dinámica de la vacunación, como en la capacidad de implementar políticas para la recuperación económica», indicó Alicia Bárcena, secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

El documento muestra que los problemas estructurales que por décadas han limitado el crecimiento económico de la región se agudizaron producto de la pandemia y limitarán la recuperación de la actividad económica. Antes del Covid-19 la región venía con una trayectoria hacia el estancamiento: en el sexenio entre 2014 y 2019 creció a una tasa promedio de 0,3%, menor al promedio del sexenio que incluye la Primera Guerra Mundial (0,9%) y el de la Gran Depresión (1,3%). Además muestra una caída progresiva en la inversión, alcanzando en 2020 uno de sus niveles más bajos en las últimas tres décadas (17,9% del PIB). De igual forma, la productividad laboral cae significativamente.

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