Con hambre y desocupación no hay Ni Una Menos

Ni Una Menos
Foto: Ileana Manucci

El movimiento transfeminista se movilizó este 3 de junio contra las violencias machistas. “Más hambre, más muertas” fue la consigna en este contexto de ajuste y recorte de derechos.

Nueve años pasaron desde aquel 3 de junio de 2015 cuando, tras el brutal femicidio de Chiara Páez en Rufino, miles y miles de mujeres salieron a las calles de todo el país a gritar Ni Una Menos. Esa consigna se hizo bandera, se hizo movimiento, se hizo marea y traspasó las propias fronteras de nuestro país. A casi una década de aquella primera marcha, y hoy más que nunca, los feminismos y las diversidades salieron a las calles a defender lo que supimos conseguir.

“Más hambre, más muertas” fue la consigna propuesta por la Asamblea Ni Una Menos Santa Fe para marchar el lunes 3 de junio. “Exigimos presupuestos para frenar la violencia femicida y lesbotransfemicida, y denunciamos las otras: las del ajuste estructural y el recorte de derechos que nos ponen en la primera línea de las y les más vulnerables”, se lee en las primera líneas del documento consensuado para la fecha.

Desde que llegó al poder, Javier Milei arremetió -tal como ya lo había anunciado en campaña- contra todas las áreas del Estado que trabajan temáticas relacionadas a género y diversidad sexual. Para un presidente y un gobierno que niega la existencia del patriarcado y, por ende, sus efectos sobre la vida de millones de personas, “el Inadi pasa a ser innecesario, el cupo laboral travesti trans un despropósito”, indicaron desde la Asamblea NUM, y agregaron: “Sólo así se entiende la disolución de los ministerios específicos y los programas de asistencia y acompañamiento en casos de violencia de género. Las moratorias jubilatorias que reconocen el valor del trabajo de ama de casa también desaparecen. Cuestionan leyes como la de identidad de género, matrimonio igualitario, ESI, aborto legal, cupo laboral por discapacidad y laboral trans. Nunca antes un gobierno nos violentó en forma tan desembozada y brutal como el gobierno de Milei”.

Vivas y sin hambre

En 2015, en la primera movilización, el grito “Ni una menos” buscaba visibilizar eso: el extremo de la violencia machista que se estaba cobrando todos los días la vida de una mujer. Ese “ni una menos” apuntaba a un consenso básico y vital: dejen de matarnos.

A lo largo de estos nueve años el movimiento creció, se expandió y complejizó cada vez más los reclamos para intentar develar y modificar la matriz de una cultura machista y patriarcal que es la causa de esa violencia extrema: el acceso a prácticas de salud que nos permitan decidir sobre nuestros proyectos de vida, como el aborto; la desigual distribución de las tareas de cuidado; el techo de cristal laboral; los inalcanzables estereotipos de belleza; la falta de representación en espacios de poder político y gubernamental; los micromachismos y las violencias cotidianas naturalizadas, entre muchos otros.

Foto: Ileana Manucci

Por eso este año, en un contexto donde el 55,5% de la población es pobre y el 17,5% es indigente, el reclamo urgente es por comida y trabajo, por eso “más hambre, más muertas”. “Esa consigna engloba toda una serie de cuestiones que van en detrimento de los derechos que supimos conquistar”, explica Carina De Paoli, integrante de la Asamblea Ni Una Menos. “La verdad es que nos preocupa y nos asusta tanto a nivel nacional como a nivel provincial y también municipal, que cuando se achican los presupuestos, los cupos de laburo, eso claramente repercute en los derechos de las mujeres y de las disidencias”.

La sensación en la plaza, en el movimiento, es que la lucha hoy es por no perder lo mucho o poco que logramos conquistar en las últimas décadas de militancia activa y en un contexto de gestiones que, de una manera u otra, fueron permeables a esa potencia política y transformadora de millones de mujeres, lesbianas, travas, trans, reclamando en las calles y en todos lados. Lo inédito de esta gestión “libertaria” obliga a repensar estrategias y luchas.

“Tengo la sensación de que estamos perdiendo nuestras conquistas. De que estamos en un momento de intentar agarrar todo lo que nos están queriendo sacar”, dice De Paoli. “Hace poco nos hubiera parecido muy loco esto, pero hoy estamos hablando de cuidar el acceso a la salud pública, a la educación pública; estamos hablando de cuidar los equipos de trabajo que acompañan a las mujeres y a las disidencias de las situaciones de violencia; de no perder programas que eran un apoyo económico mínimo para un montón de mujeres, pero que les alcanzó para salir de situaciones que les comprometían la vida”.

Foto: Gisela Curioni

 

Para la militante, es necesario que el movimiento feminista recupere la potencia política transformadora que supo tener años atrás para poder movilizar hoy en pos de las necesidad básicas que el gobierno de Milei está atacando. “Hoy está esa mirada tan parcial de demonización de la política, se habla de comedores truchos manejados por ‘la política’, pero la política también hizo que se pensara en la gente que no tiene acceso a la comida y en cómo abastecer a los comedores. Si había comedores truchos se debe atacar eso, pero esto no puede implicar cortar programas y desabastecer a los comedores que sí funcionan y que están sin poder darles de comer a cientos de mujeres, disidencias, niñas, niños, a la comunidad en general”.

“Si no creyéramos en nuestra potencia política no estaríamos acá. Nosotras supimos juntarnos más allá de las diferencias partidarias, y creo que hoy esa potencia puede ayudarnos a plantearle a los compañeros de los gremios que nos estamos tardando demasiado en el ‘cuidado’ de algunas cosas. Para eso estamos las mujeres y las disidencias marchando y en la plaza”, finalizó De Paoli.

Sin políticas públicas no hay ni una menos

La marcha de este 3J en Santa Fe iba a desarrollarse íntegra por calle San Jerónimo, uniendo las plazas del Soldado y 25 de Mayo, pero a último momento se definió un pequeño desvío para pasar por la sede de la Secretaría de Mujeres, Género y Diversidad de la provincia, sobre calle Corrientes.

Allí les trabajadores que hoy ven amenazada su permanencia en el ex Ministerio realizaron una intervención. “Sin trabajadorxes en Género no hay ni una menos” y “que la crueldad no sea política pública”, eran algunos de los carteles que se podían leer en la fachada del edificio. Entre las lágrimas y el agite, los cánticos interpelaban directamente al gobernador de la provincia: “Che Pullaro, che Pullaro, no te lo decimos más, si nos dejan en la calle, que quilombo se va a armar”, y el clásico por estos días de avasallamiento de derechos laborales: “Unidad de les trabajadores y al que no le gusta, se jode, se jode”.

Foto: Ileana Manucci

Ya en la plaza, les trabajadores dialogaron con Pausa e indicaron: “Este 3J nos encuentra en un momento de muchísima angustia respecto de las políticas públicas de género en la provincia. Desde hace 10 años se viene agrandando la estructura, pasamos de una Dirección a una Subsecretaría, después a una Secretaría de Estado y finalmente a un Ministerio. Hoy, si estos despidos terminan de consumarse, las pocas personas que quedemos no vamos a poder sostener las políticas públicas”.

Si se efectivizan los 42 despidos previstos en el área, más las 24 personas que ya fueron desvinculadas en enero, en la ciudad solo quedarían 12 trabajadoras en la Secretaría. “Esto va a implicar, por ejemplo, que en La Casita LGBTI no queden trabajadoras de planta permanente y prácticamente se corte la atención psicológica, legal y el acompañamiento a personas del colectivo. En el equipo de protección que acompaña a mujeres víctimas de violencia no van a quedar abogadas; el equipo de capacitación que trabaja con las organizaciones prácticamente queda vaciado. Es un desguace casi total”.

Respecto de la respuesta a esta situación de la ministra de Igualdad y Desarrollo Humano, Victoria Tejeda, las y los trabajadores son tajantes: “No hemos tenido contacto”. La misma situación se da con la secretaria Alicia Tate: “Desde hace unos días tampoco hay comunicación con ella, solo escuchamos lo que dice en los medios de comunicación, ese discurso respecto de que los pases a planta fueron dados en circunstancias ilegales o irregulares, cortando el hilo por lo más delgado que son los trabajadores y no poniendo en discusión cuál es la situación de esos trabajadores, de la precarización en la que estuvieron y en la situación en la que los van a dejar”.

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