Encontrar el lugar, excavar, hallar los restos, identificar y comunicar. En el Equipo Argentino de Antropología Forense, Juan Nóbile lleva más de dos décadas de un trabajo casi artesanal que es fundamental para el sostenimiento de la memoria, la verdad y la justicia por el genocidio de la última dictadura.
Por Lucía Lucero
Juan Nóbile es antropólogo, docente e investigador y hace 22 años que integra el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). En dos décadas, vivió desde adentro los cambios políticos y sociales en las formas de mirar el pasado reciente, las innovaciones científicas que impactaron en su labor y las verdades que salieron a la luz sobre los crímenes del terrorismo de Estado.
En diálogo con Pausa, habló sobre el detrás de escena de los hallazgos e identificaciones: los obstáculos y desafíos, la relación con los familiares de las víctimas y el armado lento, minucioso, casi artesanal, del trabajo científico por la verdad y la justicia.
Nóbile se sumó al Equipo en 2004, después de la derogación de las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final, en pleno auge de la creación de secretarías de Derechos Humanos en varias provincias y ciudades y una alta demanda de profesionales para la búsqueda de las víctimas de desaparición forzada durante la última dictadura en nuestro país.
Antes se dedicó a la arqueología tradicional, vinculada a los pueblos originarios y prehispánicos de la región y de América. Cuando le tocó estar a cargo de su primera excavación para el EAAF en un cementerio de Santa Fe y logró dar con los hallazgos e identificaciones, no pudo dejar la antropología forense. “Al principio seguí los pasos de la arqueología tradicional: excavé un cuerpo, lo exhumé, lo analicé en el laboratorio. Dije: es un varón de entre 20 a 22 años de edad, tiene tales características. Después viene la familia y te trae su historia de vida, desde la libreta de la primaria hasta la foto de la primera comunión y lo que veías hasta ahí como un esqueleto, comienza a tomar identidad. Eso la primera vez fue muy fuerte”, expresó.
Nóbile es oriundo de la ciudad de San Lorenzo y en 2020 fue nominado al premio Nóbel de la Paz por su labor científica y humanitaria en el Equipo. Actualmente es profesor de la Escuela de Antropología de la Facultad de Humanidades y Artes de Rosario (UNR) y es uno de los 50 integrantes del EAAF en Argentina. Se especializó en búsquedas complejas, en terrenos de grandes dimensiones.
El EAAF surgió en 1984 por una necesidad histórica de arrojar luz sobre los crímenes y las desapariciones forzadas cometidas por el terrorismo de Estado en nuestro país, fundamentalmente a pedido de los familiares, la Conadep y Abuelas de Plaza de Mayo. Es una organización científica pionera en el mundo, que trabaja de manera multidisciplinaria, alineada con los intereses de las víctimas y abarcando desde el contacto inicial con las familias hasta la restitución de los restos, pasando por el trabajo de búsqueda, recuperación y análisis de laboratorio. En estos 42 años extendieron su trabajo humanitario en más de 65 países, incorporaron múltiples disciplinas científicas y nuevas tecnologías de búsqueda y crearon su propio laboratorio de genética forense.
“Trabajamos en una oficina en Buenos Aires, en un laboratorio con muchas potencialidades, pero también con grandes limitaciones”, comentó el antropólogo. “El detrás de escena es un trabajo cotidiano arduo. El análisis de documentos, de mapas, de sitios, de testimonios, son intimidades de mucha discusión, de distintas perspectivas”, indicó.
“En La Perla, para dar con los hallazgos, trabajamos durante 20 años. Es un campo enorme y necesitábamos una fotografía aérea que la obtuvimos recién el año pasado, que daba cuenta de un espacio de tierra removido en 1979. Esto permitió generar una alta sensibilidad para excavar ese sitio. Pero antes recopilamos cientos de testimonios, realizamos cientos de excavaciones y exploraciones y todas dieron negativo. En Campo San Pedro tardamos 7 meses, 12 horas por día, en hallar la fosa. Era agobiante, en un campo de más de 2000 hectáreas, ir día tras día y no encontrar nada. Empezamos el 2 de febrero con 40°C y terminamos con -5°C. Excavamos cientos de rasgos y alteraciones, hasta que una dio positivo”, manifestó Nóbile.

“Es un trabajo que requiere paciencia y compromiso, porque si no te darían ganas de aflojar enseguida. Muchas veces los familiares nos acompañan, nos ceban un mate, nos traen tortas fritas, eso también es importante. Lo que sale en la prensa es el hallazgo, el éxito, la identificación, pero detrás de eso hay un gran trabajo previo. Tiene mucho de artesanal, de estar buceando en documentos, entrevistas, fotografías, que generan un armado muy lento, minucioso”, explicó.
El Pozo de Arana
“Ver una fosa común es impactante. Porque no sólo mirás los restos dispuestos en una situación caótica, que fueron arrojados allí, sino que en ese momento también dimensionás el proceso que llevó a eso. Pensás: esta gente estuvo detenida, fue ejecutada, fue traída desde el lugar donde la ejecutaron hasta acá. Te pones a calcular lo que implica hacer la excavación, enterrar los cuerpos. Te preguntás quién manejó el camión que los trajo, quiénes venían en ese vehículo, quiénes fueron los soldados que tiraron los cuerpos ahí. Toda una dimensionalidad de la muerte que es difícil que no te impacte”, indicó Nóbile.
En 2006 Jorge Julio López denunció que en el Pozo de Arana en La Plata, el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio donde estuvo secuestrado, se ejecutaron personas y se quemaron los cuerpos en el patio del destacamento. Nóbile participó de la excavación. “Ver los restos, las cubiertas, los neumáticos en la fosa, impacta. A su vez, también hallamos una gran cantidad de restos de botellas de alcohol, de vino, de whisky y se notaba que los restos fueron removidos”, señaló el antropólogo.
Cuando le tocó declarar como perito forense en el juicio al genocida Miguel Etchecolatz, le preguntaron: “¿Cómo hacían para quemarlos?” Juan respondió: “Lo que se observa en el registro arqueológico es que cavaron la fosa, prepararon los neumáticos y la leña y después tiraron los cuerpos ahí. Los ejecutaron y los quemaron”. Luego le consultaron por qué había tanta fragmentación en los restos óseos. El integrante del EAAF contestó: "Mire, la imagen que se me viene es cuando se revuelve la basura en el campo, que se quema. Que se trata de revolver todo, para que vaya al centro de la llama y se rebaje más”. Todos quedaron en silencio.
Nóbile recuerda que tiempo después el escritor y periodista Eric Domergue, lo entrevistó por los hallazgos en el Pozo de Arana. Juan había participado de la exhumación del cuerpo de su hermano, Yves Domergue, en Melincué. Eric le preguntó “¿Cómo hacés para estar entre los huesos y los neumáticos, salir todo negro por el hollín?” Juan le respondió: “Cuando te quedás un rato quieto, te ponés a dimensionar, es también parte del entrenamiento arqueológico. Decís: tengo este instrumento, tengo este hueso, evidentemente este instrumento sirvió para procesar este hueso. Hacés inferencias a partir de lo que vas viendo. Ahí las inferencias eran esas, que los tipos se pasaban el día buscando neumáticos, preparando la leña, el combustible, cavando las fosas y después se quedaban toda la noche tomando alcohol y revolviendo los huesos”, relató.
“Tenés que imaginarte esa escena, pensar que hubo gente que hizo esas cosas”, sostuvo y añadió “otro dato impactante es la juventud de esos cuerpos: el 80% de los desaparecidos en Argentina tiene entre 18 y 30 años de edad, eran muy jóvenes”.
Nóbile explicó que en los primeros años del Equipo, intentaron desandar las estrategias de desaparición forzada que utilizó la dictadura: los simulacros de enfrentamiento y las inhumaciones de los cuerpos como NN en los cementerios, los enterramientos en los mismos centros clandestinos de detención y los vuelos de la muerte.
A partir del siglo XXI, con la incorporación de tecnologías remotas de LiDAR y georadar, pudieron reducir los terrenos de búsqueda e intervenir en lugares de miles de hectáreas. Por otro lado, contó que los avances en la genética permitieron obtener identificaciones a partir de fragmentos y no de la totalidad del esqueleto, como requerían antes, que es lo que hicieron en La Perla.
Según el investigador, en muchos lugares de inhumación clandestina detectaron que en 1979 hubo “remoción con quita de cuerpos”, por la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA para investigar las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos. “Por eso no podemos encontrar los restos en relación anatómica o el mayor porcentaje de los restos esqueletales” explicó Nóbile y añadió “con estas innovaciones, a partir de pequeños fragmentos pudimos extraer ADN y cotejar con nuestro Banco Genético, hasta 2008 teníamos 300 identificaciones y hoy son alrededor de 1600. Nos pasa en algunos casos, que encontramos los restos, pero no podemos entregarle nada de vuelta a los familiares, porque el hueso se deshace. Pero sí le podemos decir una verdad, ante tanta duda que genera la desaparición. Son certezas”, afirmó.
Los cambios en las coyunturas políticas, también impactaron dentro del organismo, más que nada en cómo se observó cada periodo. “Desde 1985 a 1989, fue la Teoría de los Dos Demonios y las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final. En ese momento trabajamos bajo la figura de averiguación de la verdad histórica”, recordó. “En 2004 hubo una gran demanda de trabajo porque se derogaron estas leyes. Eso impulsó la creación de secretarías de Derechos Humanos en varias provincias y municipios y se generó una enorme cantidad de hallazgos en cementerios de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe y Avellaneda. Exploramos centros clandestinos de detención como La Perla, Tucumán, Córdoba, Campo de Mayo y Campo San Pedro”, comentó Nóbile.
En cuanto a los obstáculos con los que se encuentran, mencionó el recorte presupuestario, si bien son una ONG y reciben fondos internacionales, el Estado provee recursos para acelerar las búsquedas. Por otro lado comentó sobre la falta de muestras genéticas de posibles familiares. En relación a esto, indicó: “En nuestro país, los familiares no son un bloque homogéneo, hubo distintas miradas. Muchos quisieron cerrar la historia ni bien desapareció su ser querido y juraron no volver a hablar del tema, ni dejar muestras, ni buscarlos. Otros cambiaron de parecer con el paso del tiempo. Algunos se negaron rotundamente, pero sus sobrinos o sus nietos quisieron saber y comenzaron a dejar su sangre, son generaciones que no tienen miedo. En la década del 80 no era seguro que no hubiera otro golpe de Estado. Quién deja una muestra, y cuándo, es parte de un proceso dinámico y cambiante, familiar, intrafamiliar y personal. En Campo San Pedro aún tenemos dos personas que siguen sin ser identificadas por falta de muestras. En los laboratorios del equipo hay 450 cuerpos en la misma situación. Es decir, pudimos extraer el ADN de esos restos óseos, pero no tenemos con qué cotejarlos”.
El vínculo con los familiares
Nóbile cuenta que lo primero que tuvieron que hacer fue obtener el universo de personas desaparecidas. “Miles y miles de identidades a las que le faltaba el cuerpo”, expuso. "Al principio vinculamos dos grupos de datos, por un lado lo que denominamos las identidades que no tienen cuerpo, que son los datos que nos brindaron los familiares sobre la desaparición de su ser querido. Con muchos familiares, esas entrevistas y recopilación de información se mantuvieron en una especie de colaboración permanente. A su vez muchos integran organizaciones como el Foro Contra la Impunidad y por la Justicia, por ejemplo. Nuestra labor es, en definitiva, la parte técnica, pero los que están en el territorio conociendo y entrevistando personas, son los organismos y familiares”.
“Las identidades que no tienen cuerpo son las que después vinculamos cuando hallamos los cuerpos. Una identidad que no tiene cuerpo coincide con un cuerpo que no tiene identidad y tenemos una identificación. En estos trabajos obviamente no podemos hablar de alegría, porque es un itinerario de tristezas, de enigmas, de mucho dolor de las familias, pero cuando logramos una identificación, produce una gran satisfacción”, declaró.
“Para los familiares significa cerrar un ciclo de enigmas y de búsqueda para comenzar un ciclo de duelos, que tiene que ver con las verdades. Nuestra labor es científica, por eso guardamos determinada distancia. Hay una construcción de memoria en los familiares que es significativa y válida, pero que tiene otra dimensionalidad de la que requiere nuestro trabajo. La mirada que tiene un familiar o un organismo de Derechos Humanos sobre el terreno y los testimonios es distinta. Nuestra mirada es más objetiva y se combina con la experiencia de 40 años de búsqueda que tiene el Equipo”, sostuvo.
“Si bien nuestra tarea se nutre fundamentalmente por lo que generan los organismos, los familiares y la Justicia, también sabemos dimensionar grandes testimonios y posibles lugares. Ya calibramos la dimensión científica y la de familiares. Para ellos todo testimonio es muy importante y válido, pero desde el Equipo evaluamos esto de una manera que tenga el justo impacto para la labor científica. Hay que pensar que en la mayoría de los centros clandestinos no tenemos testigos directos, a veces hay algún que otro sobreviviente, en algún momento nos tocó un testigo directo que fue represor y que decidió hablar. Después sobre los hechos se van construyendo dimensionalidades de historias que adquieren vuelo propio y está bien. Son sitios de dolor, que se sabe que pasó algo y a medida que transcurre el tiempo, hay aspectos que tratamos de ajustar”, comentó Nóbile.
Juan Nóbile, el EAAF, la memoria, la verdad y la justicia
“Son muchas las verdades que salieron a la luz. Es fuerte como verdad sobre el terrorismo de Estado, que a veces se pone en dudas. Las fosas clandestinas que hallamos en lugares oficiales, en instituciones y en los cuerpos del Ejército son una una evidencia rotunda del terrorismo de Estado. Eso quiere decir que en los mismos lugares donde había soldados haciendo el Servicio Militar Obligatorio, había centros clandestinos de detención y fosas de inhumación clandestina en todo el país. Evidenciar eso limita cualquier tipo de relativización. También el hecho de que la mayor cantidad de cuerpos hallados fueron víctimas de ejecuciones y no de enfrentamientos, como se pretendió instalar. Esos dos elementos aportados científicamente neutralizan la idea de que fue una guerra. Las evidencias son científicas y están a la vista, no tienen ningún sesgo de politicidad o de interpretación, acompañan las denuncias de los organismos”, señaló.
En cuanto a las misiones que realizan en otros países el antropólogo comentó: “trabajamos en El Salvador, en África y mucho en México, donde tenemos una oficina y varios viajamos a realizar misiones. En ese país hay más de 100.000 desapariciones en la última década, vinculadas al delito del narcotráfico. Pero no logramos dar con una sistematicidad, con ciertos lugares o tipos. Hay más dispersión y existe un silencio total sobre estas prácticas. También lo vemos en Argentina, cuando trabajamos con delitos de lesa humanidad vinculados a las masacres de los pueblos originarios. Nos pasó en Napalpí y en una matanza en la comunidad Mocoví en San Antonio de Obligado, cerca de Las Toscas, en la que el ejército argentino fusiló a 20 personas en 1887”.
Por último, Nóbile comentó que uno de los grandes desafíos que tienen desde el EAAF es la búsqueda de las personas desaparecidas en democracia. “Tenemos que crear un banco genético de familiares y generar protocolos específicos de búsqueda. En estos casos, tampoco existe un grado de sistematicidad y la información es escasa, que es lógico por el tipo de estructuración. Nadie desaparece, no te puede desaparecer absolutamente nadie, una sola persona no puede hacer desaparecer a otra. Cuando se sostiene en el tiempo el Estado de desaparecido de una persona, es porque hay determinado tipo de estructura que lo genera, porque existen vinculaciones con determinadas instituciones o violencias institucionales, ya sea por inacción o por complicidad. En Santa Fe hay casos de hace 10 o 15 años de personas que están denunciadas como desaparecidas y no tenemos posibilidades de buscarlas”, finalizó.










