Messi entra por todos lados

messi mundial
Foto: @Argentina

Messi hizo tres goles, Argentina ganó sin necesitar la pelota y el Mundial ya prendió. Una crónica sobre el debut de la Selección, el tiempo que pasa y la emoción que —todavía— no tiene palabras.

¿Cómo se hace para ir despacio, para no inflar el pecho, para mirar un partido tranquilo, con la madurez de haber transitado tanto y la tranquilidad de haber ganado en Catar?
El clima del Mundial se enciende con la chispa de Messi. En el día donde jugaron los goleados, Kylian Mbappé y Erling Haaland marcaron dos goles para resolver el debut de sus selecciones. Messi por encima de todo. Para iniciar y para terminar el pleito. Con la sonrisa y los goles de toda la vida. Llora como si fuera mortal. Como si su gesta y sus proezas fueran lógicas. Como si nunca hubiese convertido tres goles en un partido. Todo lo escrito será poco. Lo dicho nunca llegará a describir la obra. Las palabras nunca alcanzarán esta emoción que se sostiene. No es nostalgia por lo que fue y ya no será, aunque resultaría más lógica, pero no. Messi celebrará 39 años y sentimos que el mejor partido es el que está por venir.

16 de junio. Los amigos de mi adolescente viven lejos de casa. Sus madres y padres no pueden traerlos o retirarlos a esta hora un martes invernal. El sillón es sólo familiar.

Ganar sin la posesión. Nuevo superpoder desbloqueado. La Selección de los toques y la paciencia le compartió la tenencia al rival y aún así generó muchas situaciones a partir del espacio y la movilidad. Juntó pequeños pases, por aquí y por allá, porque la esencia no se negocia, pero también lastimó con transiciones rápidas y elaboración más directa. Partidazo de Rodrigo De Paul en todas las funciones posibles para un mediocampista derecho. Y gran debut de Medina con marca, concepto y buenos despliegues. Emiliano Martínez marcando el inicio y el tiempo de los ataques, metiendo esos nuevos pelotazos largos para saltear líneas y salir a campo abierto. Cada uno en su rol. Valiente Selección con estilo y variables. Si el equipo está bien, tiene la capacidad de competir.

Pará, pará, pará… hacé una pausa. Esta sensación la quiero disfrutar. No me la quiero quitar de encima. Me aferro a la emoción por un rato. Que las palabras vayan brotando, despacio.

¿Cuántas historias se escriben en nuestro cuerpo cada cuatro años? Las personas que despedimos, los amores que encontramos, las separaciones, las discusiones con hijos, los reencuentros, las mudanzas, los logros y las frustraciones. ¿Dónde toca ver este Mundial? ¿Cómo te encuentra? ¿Estás más solo o estás con los de siempre? Una deuda, un sueño, una decepción… y de pronto se enciende Messi. Se convierte en un aliciente, pequeño, absurdo y mágico. Después, el mundo seguirá siendo un poco más oscuro, desigual y vergonzoso. Hoy, seguiremos siendo lo que nos queda por ser. Sabiendo que Messi nos sigue sorprendiendo. Nos pone de pie. Nos deja sin palabras, nos abruma con el clima de Mundial que aún descreías. Nos quiebra la voz un martes por la noche. Messi entra por todos lados, más tarde o más temprano. El único deportista de la historia que puede sostener su nivel durante más de 20 años. El Messi de ayer, nos queda para siempre.

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