Messi se cuenta solo

Un arquero sin club con la confianza ciega y un par de goles indescifrables nos arrastran a la prórroga. Aparece Messi, como siempre, y los héroes inesperados: Lisandro Martínez y Cuti Romero.

El Mundial después del Mundial tiene el camino allanado. Nadie lo quiere decir, pero todos lo sentimos. Evitamos a Uruguay o España en este inédito dieciseisavos y todo el cuadro está pintado para un julio inolvidable. Nos ponemos rápido en ventaja y los argumentos del rival deberían desmoronarse…Nada. Nada de eso ocurre y el viernes por la tarde se oscurece lento en el frío polar que nos recorre. El espacio entre un mundial y otro nos hace olvidar del golpazo contra Arabia Saudita, de la angustia Aimar frente a México o el final agónico contra Australia abrazando al Dibu luego de una atajada memorable. Nada nos queda, entre tanto resultado absurdo. Un arquero sin club con la confianza ciega y un par de goles indescifrables nos arrastran a la prórroga. Nadie quiere llegar a los penales. Que sean ajenos, todos. Que podamos mirar, juzgar largas series y divertirnos sin que nos importe el resultado.

Lisandro Martínez y su forma de confiar. En sus condiciones y su sueño, en su familia y en su estilo de juego. Un pequeño marcador central para anticiparse a todos. Para comenzar los ataques en cada puntazo. Sacrificio de carnicero para recuperar, y luego ese pie izquierdo para surcar el campo, atravesarlo con sus pases milimétricos y encontrar compañeros libres por todo el campo. Mariscal en cada palabra: su voz paciente, profunda, llena de conciencia de clases y el corazón abierto a las causas justas. Nunca tibio, siempre comprometido. “Es tuyo” le señalan el pase fantástico en el primer gol y también el segundo, encontrando un resquicio desde un ángulo complejo. Su nombre se grita en cualquier bar de Manchester, en el calor de Miami, y desde Entre Ríos para todo el país.

El jugador número 12 se llama Nicolás González. Talento y potencia para llegar en cada pelota aérea. Una mezcla exacta entre timing y brutalidad para saltar como ninguno. Su esfuerzo se desdobla de lado a lado por esa banda izquierda y contagia esa ferocidad con la que todos los suplentes deben entrar y que los titulares necesitan sostener. Otro esperado debut, luego de la lesión en Qatar 2022. Una historia de resiliencia para escribir otra página de esta inolvidable Scaloneta conformada por personas que juegan muy bien a este deporte.

Yo pensaba que frente a mis hijos, sería el responsable de relatar a Messi para que lo recuerden en plenitud. Creí que llegaría el día en que tendría que contar sus historias y relatar sus jugadas épicas. Y exagerar el tiempo pasado: arrancando unos metros más atrás en el gol ante Getafe, gambeteando a seis, siete o toda la defensa; convirtiendo goles imposibles a Madrid y Brasil en los minutos de descuento; sumando más hat tricks que nadie y marcando en las finales inolvidables de Champions League. Más balones y botas, más asistencias y duelos ganados. Creí que sería el guardián de sus recuerdos. Pensé que tendría que explicarlo todo. Nada, tampoco. No hace falta aquella nostalgia. Cualquier hijo podrá tener el regalo de este nuevo Mundial, de este otro Messi que lleva siete goles en cuatro partidos. Y verán, chicos y grandes, que el juego en su mente no para de evolucionar. Su cuerpo levita, equilibrándose entre rivales, se sostiene para aguantar y generar faltas. Engaña y pica al vacío para matar el bochazo y define de forma ilógica, nuevamente, con su pequeño pie izquierdo. Pincel de este universo absurdo que sigue pintando. Otra vez Messi. Para que mis hijos y los tuyos se asombren en cada abrazo. Para que nadie se quede sin hacer la reverencia. Para que todos tengamos ese momento Messi en la retina. Aquí y allá. En la cancha o en el televisor más pequeño de este gran país que lo vio nacer.

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