El informe del FMI sobre lo actuado por el organismo y por el gobierno argentino posee detalles precisos sobre el descalabro económico que legó el macrismo. ¿Qué dice de la timba financiera, el ajuste, la inflación? ¿Cuántas veces menciona la fuga de capitales? ¿Habla en favor del cepo cambiario? ¿Tuvimos coronita?

Sin contar los anexos y la presentación que hace el representante argentino, Sergio Chodos, la Evaluación Ex-Post –o evaluación posterior– de los resultados del préstamo pautado con el FMI representa 65 páginas de las 135 totales del reporte. En esas 65 páginas, la expresión «fuga de capitales» –capital flight– aparece 15 veces. De forma técnica, el Banco Central contabiliza esas pérdidas como “Formación de activos del sector privado no financiero”. En la evaluación del FMI, ya en la parte donde se responde la pregunta «¿Por qué el programa no funcionó?», el propio organismo dice que «Más allá de la clara comprensión de las experiencias previas y en ausencia de políticas alternativas (como una reestructuración de la deuda o un cepo cambiario), el programa terminó retroalimentando la política económica y empeorando la fuga de capitales antes que impulsando la confianza».

La expresión está en las conclusiones en (página 62) del reporte y es un mazazo. Muestra que el acuerdo con el FMI sólo sirvió para financiar el vaciamiento del país, dejando un muerto impagable hacia el futuro, y nada más. No es la única vez que lo dicen en el texto. En el Sumario Ejecutivo –el resumen donde se ponen los extractos que van a leer primero los periodistas– reza: «una reestructuración de la deuda temprana, combinada con un cepo cambiario, podría haber robustecido el programa». Pero no es solamente eso lo que aparece en la evaluación.

Además de reconocer que el cepo al dólar debió volver antes, para frenar la fuga de capitales, y que una reestructuración de la deuda externa debió hacerse apenas después de los primeros desembolsos (tarea que quedó como fardo para el gobierno entrante), afirman que la restricción de la emisión monetaria no frena la inflación, que se incrementó considerablemente. Y que los programas deberían empezar a mirar más específicamente las características de cada país, en lugar de repetir siempre las mismas medidas. Incluso se ponen en cuestión los motivos por los que el organismo tuvo tantos miramientos con una gestión tan desastrosa y se preguntan si no hubo favoritismos.

El ajuste y la inflación

¿Ha cambiado el FMI sus lineamientos habituales? A toda costa, defienden como base de cualquier economía la eliminación del déficit fiscal, todo un signo de cara a la negociación en curso, que es a esta altura lo que verdaderamente importa. El informe recrimina que durante el macrismo todo el ajuste se hizo sobre el salario y las tarifas, no tomando las recomendaciones de subir impuestos. Nobleza obliga, cabe destacar que hubiera sido todavía peor: el organismo pedía todavía más impuesto a las ganancias –el macrismo había ensanchado ya ese gravamen, en contra de su campaña electoral– y mayor cobro del IVA.

El FMI está en la casa: nada, nada de esto, nada de esto fue un error

«Los objetivos fiscales primarios se consiguieron, sobre todo a través de la baja del gasto, aunque a lo largo del programa las medidas fueron generalmente de baja –y cada vez peor– calidad. A pesar de los esfuerzos tempranos para reducir la cuenta de salarios y de subsidios a la energía, la mayoría de las medidas sobre el gasto tomadas durante el programa fueron temporarias y fáciles de revertir…», señala el organismo en la página 29.

Inmediatamente después, continúan: «el ajuste fiscal cayó en la reducción a través de la inflación de los salarios y pensiones del sector público, en el recorte de los subsidios para llevar las tarifas más cerca de niveles de recuperación de los costos y en el estrujamiento [esto es literal] del gasto en capital y la cuenta corriente».

Mucho más interesante que esta didáctica explicación de cómo el macrismo pulverizó el salario real es cómo el FMI apunta al fracaso de la política de restricción monetaria extrema como camino para controlar la inflación. El propio FMI defenestra eso de «la maquinita». En el apartado específico sobre los resultados económicos del gobierno, dice sobre la inflación: «Más allá de un apriete general de la política monetaria, la inflación no se pudo controlar. Para cuando el programa estaba terminado, los precios al consumidor crecían a un 54%, tres veces la inflación prevista al comienzo del programa y el doble de lo previsto durante la Primera Revisión. El incremento acumulado de los precios al consumidor excedió el 80% durante el programa, erosionando los ingresos reales».

Luego el FMI reconoce lo que se negó durante toda la gestión del macrismo, desde los tiempos en que Alfonso Prat Gay negó el salto del dólar de $9 a $16, cuando liberó el cepo cambiario en 2015: «La inesperada e importante depreciación del tipo de cambio tuvo un rol central, dado que la devaluación pasó a los precios domésticos«. Aquí «pasó» es una mala traducción de «passthrough», el término técnico que denomina específicamente cómo una devaluación deviene en un alza de precios.

Peor todavía, el FMI criticó duramente la política de suba de tasas de interés para quitar el circulante en pesos de la economía (habilitando así la bicicleta financiera).

Sí, el FMI habla de bicicleta financiera

Sólo dos veces aparece mencionado el término inglés para nuestra telúrica bicicleta financiera: carry trade. Las pocas apariciones no son menos relevantes, sobre todo por las 22 veces –incluido un capítulo destacado propio– en que aparecen las las Lebacs, estrellas del carry trade del macrismo.

Vale destacar, el FMI se dice ignorante a sí mismo: «Las vulnerabilidades provenientes de las Lebacs no eran del todo comprendidas al momento en que se pidió el préstamo«, reza en la página 14. Patéticos.

Después describen la bicicleta financiera, largamente explicada durante los últimos años en Pausa. «Un punto de quiebre parece haber sido la implementación de un impuesto a los activos financieros en abril de 2018, que causó la venta masiva sobre todo de las Lebacs, que fueron objeto de una gananciosa bicicleta finaciera (carry trade), y que luego se extendió a una corrida general a los activos de Argentina. Enfrentando una rápida depreciación del tipo de cambio [eso significa devaluación] y un rápido deterioro del acceso al financiamiento externo, el gobierno anunció en mayo de 2018 que Argentina buscaría un acuerdo con el FMI».

Amor, ¿y si hablamos del colonialismo?

Imposible mayor claridad. Volvimos al FMI cuando ya no había más verdes para continuar con la bicicleta financiera. Una medida menor de política económica nos exponía a esa volatilidad, sobre todo porque no había cepo cambiario y había libre flujo de capitales. El propio FMI recrimina esto «De forma inusual, quizá por la pequeñez del mercado inversor doméstico, la compra de Lebacs estaba abierta a inversores extranjeros, incluso los no institucionales». Y luego explica, en la página 36, esos angustiantes momentos en los que se renovaban Lebacs, tal como lo hacíamos en este medio: el gobierno, incapaz de retener el dinero en pesos y evitar que se convierta en dólar, cedía a la presión de los especuladores y calzaba intereses estratosféricos que realimentaban la bola de Lebacs. «Dada la volatilidad inherente de los flujos de capitales, las Lebacs se convirtieron así en un detonante para los sudden stops«. Sudden stop es la interrupción repentina de la llegada de capitales especulativos, interrupción que tiene un solo motivo: convertir la ganancia financiera en moneda dura.

El FMI reconoce 13 veces en su reporte que el Capital Flow Management Measure, o medidas de control de cambios, o cepo cambiario, debía estar vigente durante el acuerdo. Y también repite, una y otra vez, que el gobierno local había trazado una «redline», o línea roja, o negativa tajante, a que volviera tanto el cepo cambiario como a que se hiciera una reestructuración de deuda.

¿Pero por qué aceptaban estos condicionamientos?

Nada, nada de esto, nada de esto fue un error

En la página 63, entre las primeras «lecciones» que el FMI dice haber aprendido de esta catástrofe en la que nos hundieron, se dice: «El Fondo debe cuestionar las ‘redlines’ que pueden comprometer los objetivos del programa –fortalecer la responsabilidad y autoridad  de los países [ownership dice el texto, y refiere a cómo las instituciones de un país se hacen cargo de implementar las medidas como propias] no debe ser entendido como una voluntad de diferir en favor de cómo las autoridades de un país toman decisiones no óptimas, que en última instancia pueden no ser consistentes con los principios de uniformidad en el tratamiento».

Este es el tramo más relevante tanto en la negociación en curso para reestructurar la deuda como en lo que refiere a la relación del organismo con todos sus países miembro. El FMI admite que Argentina tuvo coronita sobre otros países. Aquí hubo miramientos que no se tuvieron con otros países.

Otro tramo donde se apunta al trato preferencial que recibió Argentina, en la página 11, señala que «El FMI se movió velozmente para proporcionar financiamiento rápido y sustancial, sin las misiones preliminares usuales para resolver cuestiones técnicas».

En el Sumario Ejecutivo se menciona que «El FMI aceptó las proyecciones macroeconómicas de las autoridades, que probaron ser demasiado optimistas». Y plantean el tema central: «las autoridades excluyeron una reestructuración de deuda y la reintroducción de controles de capitales, y no había un ‘Plan B’ acordado«.

En el resultado final, «el tipo de cambio continuó depreciándose, incrementando la inflación y el peso de la deuda pública y debilitando los ingresos reales, especialmente el de los pobres». Parece un texto de Eduardo Basualdo explicando el ciclo de deuda, fuga y empobrecimiento de la dictadura y el menemismo. Todo esto ya lo sabíamos desde antes.

Eso no quiere decir que no cumpliera Argentina en lo principal del programa. De entrada, el informe explica que «Esta Evaluación Ex-Post concluye que las políticas y procedimientos relevantes del Fondo, incluso aquellas relativas a financiamiento, salvaguardas y diseño del programa, se cumplieron». Cumplimos. «El reporte también encuentra que el programa no cumplió con sus objetivos, más allá de los cambios significativos realizados en las políticas económicas». Cambiamos. «Los pagos de deuda cada vez mayores, junto con la fuga de capitales, pusieron una presión considerable sobre el tipo de cambio». Esas son las redlines. El FMI le recrimina al macrismo no haber reintroducido el cepo y no haber reestructurado la deuda a tiempo, dos «redlines» de ese gobierno, y se recrimina a sí mismo haber aceptado esos condicionamientos. 

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