¿Cuándo Argentina perdió el control de la pandemia?

Nuestro país se convirtió en el segundo de Sudamérica en cantidad de casos activos. Está en el grupo que tiene más muertes por millón de habitantes. Si bien está logrando bajar la cantidad diaria de contagios, todavía sigue estando entre los países que más víctimas tiene cada 24 horas. Datos de un desastre que ocurrió en apenas tres meses.

El 1º de julio el Área Metropolitana de Buenos Aires volvió a Fase 1. El país registraba ese día 2667 casos.  Esa fue la última oportunidad de controlar la pandemia. La Fase 1 nunca se cumplió ni en la Capital Federal ni en las provincia de Buenos Aires (ver aquí). Al 1º de julio el 94% de los contagios, 2513, se daba en Buenos Aires ciudad y provincia.

El 18 de julio el AMBA salió de la Fase 1 e ingresó en una apertura escalonada. En los hechos, siempre se fueron flexibilizando cada vez más actividades. El resultado final fue obvio. Cerca de un mes después, exactamente para la tercera semana de agosto, ya se registraban 5352 casos en el día. En Buenos Aires, ciudad y provincia, como nunca se cumplió la Fase 1 los casos ya estaban en 3849 por día. Sin embargo, esa cifra representa el 72% de los contagios totales del día: el virus empezaba a dispersarse por el resto del país.

Los casos escalaron a partir del 23 de agosto y, como consecuencia, el 18 de septiembre ya se registra la subida fuerte en la cantidad de muertes. En el mismo proceso, Argentina se convirtió en el segundo país de Sudamérica en cantidad de casos activos (casos totales, menos los recuperados y los muertos).

Con el coronavirus diseminado por todo el país, sin una regulación unificada respecto de la circulación interprovincial, el brote se extendió como un reguero. Y así se perdió el control. Argentina estaba lejos de ser un país con una alta tasa de muertos por millón de habitantes a principios de agosto. Tenía 79 muertos por millón de habitantes y el país sudamericano comparable más próximo era Colombia, con 207 muertos por millón de habitantes. En Norteamérica era Canadá, con 242 muertos por millón de habitantes. El 1º de agosto todavía Rusia tenía más muertos por millón de habitantes, 95. El 1º de agosto, Argentina tenía todavía menos muertes por millón de habitantes que Alemania y buena parte de los países Europeos.

En tres meses terribles, apenas Perú, Brasil, México, Bélgica y España quedaron como los países que tienen más muertos por millón de habitantes que Argentina. Después del retorno inexistente a la Fase 1 en Buenos Aires, la flexibilización nunca paró, la expansión provincial del coronavirus jamás tuvo la atención que recibió cuando estaba focalizada en el AMBA, los casos no pararon de crecer y la muertes se dispararon. Todo obvio, todo previsible, todo lógico si lo que termina imperando es el modelo Larreta de manejo de la pandemia.

Argentina tiene hoy 778 muertos por millón de habitantes, la Capital Federal tiene 1642. Es por lejos el distrito con mayor cantidad de muertos por millón de habitantes del país y, al mismo tiempo, cada una de sus medidas de apertura –desde los runners nocturnos, que ya se agotaron, a las aglomeraciones en los bares o las clases inútiles bajo el sol– fueron aplaudidas por la TV. Si en Argentina toda se hubiera aplicado el modelo Larreta, en lugar de los 35 mil muertos actuales tendríamos hoy 74 mil.

Todavía queda mucho camino por recorrer. La cantidad de muertes diarias se ha estabilizado y de a poco comienza a bajar, lo mismo que los contagios. Sin embargo, todavía se está muy, muy lejos de lograr el logro que lograron los países que supieron manejar el virus. Es cierto, en todos los casos –todos– sus medidas de control social acaso serían inaplicables en Argentina, tanto por razones de miseria política como de necesidad económica. La famosa carta de la «Infectadura» se publicó el 1º de junio, cuando la flexibilización de las medidas de restricción ya estaba bastante avanzada, había 556 muertos totales y morían 13 personas por Covid 19 por día. Por infraestructura, desarrollo y cantidad de personal disponible, siempre estuvimos lejos del hipercontrol continuo digital de algunos países asiáticos –acá se sospecha hasta de la SUBE– pero pudimos pasar por una cuarentena inicial rígida y exitosa. Otros países, ante los brotes, supieron volver a aplicarlas. Y no se trata de países nervados por la autoridad policíaca en el sentido extenso. Nosotros optamos por fagocitarnos a nosotros mismos y convertir las medidas de cuidado en una caricatura. Primero la oposición demolió sin descanso las medidas de restricción de la circulación, después hasta el oficialismo mismo se aflojó en las medidas de cuidado, generando irritación.

Vale observar qué está pasando con la segunda ola de contagios y muertes en Europa, donde se vivía con libertad y responsabilidad de la pandemia: se está llevando más víctimas que la primera. Lo mismo sucede con la tercera ola de Estados Unidos, peor que la segunda. Estamos obligados a mirar a esos países para pensar cómo nos va a agarrar la vuelta del frío, porque recién estamos a mitad de camino en esta pandemia.

 

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